Capítulo 4

Como era viernes, mis padres se fueron a la sierra y Dianita y yo hicimos de las nuestras, cenamos, bebimos y follamos de todas las formas posibles.

El domingo por la tarde llegaron mis padres y mientras cenábamos, mi madre me miró repetidamente esperando algún gesto mío, pero evité hablar con ella y me fui al cuarto nada más terminar la cena.

Tumbado en la cama pensaba en la suerte que tenía, me follaba a mi hermana cada fin de semana y tenía a mi madre con sus enormes tetazas buscándome a cada momento.

Tenía la mano bajo el pijama acariciándome el miembro cuando vi como se abría la puerta.

  • Hola hijo. ¿Estás enfadado conmigo? – oí que decía mi progenitora desde la puerta –

Se sentó en el borde de la cama y parecía pedirme perdón. ¿Perdón por qué? Era yo quien había empezado aquello y su única culpa era no haberlo parado a tiempo.

Miré su ajustada camiseta y vi como se transparentaban sus grandes pezones.

Ufff. No, por Dios. Me había pillado tocándome y tenía un calentón de mil pares de cojones. Eché otro vistazo a esos dos pitones que apuntaban hacia mí, y ya no pude resistirme, metí la mano bajo la camiseta y cogí con determinación una de sus tetas.

Ella se sonrojó pero no hizo nada por apartarla, al contrario, miró hacia la puerta y se giró ligeramente dándole la espalda para que nadie lo viera si entraba en el cuarto.

Mis manos jugaban con sus pechos y mi madre actuaba como si no ocurriese nada, mirando a un lado y a otro intentado no cruzar su mirada con la mía y sonrojándose.

Retorcí sus pezones y dio un respingo en la cama, miró nerviosa a la puerta y subió la camiseta liberando sus tetas. Eran majestuosas, con las areolas oscuras resaltando sobre su piel blanca, me las ofrecía para que las acariciase cuanto quisiese.

Me aproximé para besarlas y ella se inclinó acercándolas a mi boca, las chupé con ansiedad pasando de una a otra y por fin me enganché a una de ellas mordiendo el pezón con rabia. Mi madre cerró los ojos y yo cogí una de sus manos y la metí bajo mi pijama.

Con los ojos aún cerrados, agarró mi verga tímidamente, su respiración se aceleró y comenzó a deslizar los dedos a lo largo del tronco venoso sacudiéndolo suavemente.

A cada instante abría los ojos y se giraba mirando la puerta, después los cerraba y continuaba meneándomela con verdadera maestría, era como si al tener los ojos cerrados, lo que hacíamos no sucediese.

Pellizqué los pezones y emitió un sonoro gemido, un gemido muy fuerte.

  • Aaaahhhh. – sonó mientras ella apretaba los labios para acallarlo –

Ya sabía cuál era su debilidad, era igualita que Diana. Repetí la operación retorciéndolos suavemente y eso la volvió loca, gimió con tal intensidad que temí que la oyesen desde otro cuarto.

De repente vi como con la otra mano levantaba el borde de mi pijama dejando mi miembro al aire, miró a la puerta nerviosa y rápidamente se inclinó metiéndoselo en la boca.

No me lo podía creer, mi madre estaba haciéndome una mamada arriesgándose a ser pillada. Con una fogosidad indescriptible, pasaba la lengua por el tronco, se metía el glande en la boca, lo chupaba y volvía a sacarla para recorrer toda su longitud lamiéndola alocadamente, con una mano masajeaba mis huevos y con la otra me pajeaba sin descanso. Estaba fuera de control. Tuve miedo y aparté su cabeza con mi mano.

  • ¿Qué ocurre hijo mío? ¿Lo hago mal? – preguntó asustada –
  • No mamá, es que nos van a pillar. – respondí nervioso –

Se giró para mirar la puerta y continuó pajeándome.

  • Vale, cariño. – dijo sofocada – Pero déjame que te relaje.

Era insaciable y no sabía parar, pero por otro lado, yo estaba cachondísimo y necesitaba descargar mi leche. Hice un gesto afirmativo y mi madre continuó masturbándome sin dejar de mirar a la puerta. Yo amasaba sus tetas y ella entre jadeos sacudía mi verga con una habilidad pasmosa, al verla tuve claro que habían sido muchas las veces que había pajeado a otros hombres. De vez en cuando se detenía y pasaba el pulgar desde el frenillo hasta la punta del capullo esperando la reacción de mi verga.

  • ¿Te gusta? Mi vida. –preguntó mirándome lujuriosamente –

Sin esperar mi respuesta siguió machacándomela mientras disfrutaba observando como yo apretaba sus tetazas con fuerza.

  • Tócamelas, cariño. – exclamo jadeando – Ummm. Me gusta como lo haces.

Al ver que me arqueaba se inclinó aproximando su boca a mi verga.

  • Córrete ya, córrete ya. – rogó rozando mi capullo con la lengua –

Solté una descarga que rozó sus labios y cayó sobre su mano llenándola de leche.

Me miró provocativamente, y cuando acabé de eyacular, sonriendo llevó los dedos a sus labios chupando los restos de semen, después se bajó la camiseta para taparse las tetas y levantándose se fue hacia la puerta.

  • ¿Ya no estás enfadado conmigo? – preguntó mirándome tiernamente –

No me dio tiempo de responder. Además. ¿Por qué iba a estar enfadado? Sería ella quien podía estarlo conmigo.

  • Mañana te espero para el desayuno. ¿Vale hijo?

Respondí afirmativamente y se iluminó su cara, salió cerrando la puerta y tuve claro que el desayuno iba a ser muy completo.

Esa noche dormí a pierna suelta, y cuando sonó el despertador salté de la cama como un resorte, a esa hora mi padre y mi hermana ya se habían ido al trabajo y sabía lo que me esperaba perfectamente.

Fui directo a la cocina y nada más entrar me quedé fascinado, mi madre estaba de espaldas con un salto de cama transparente que no dejaba lugar a la imaginación y era tan corto que los cachetes del culo asomaban tímidamente por el borde.

Se giró para acercarse y la transparencia de su camisón me permitió ver los pitones de sus tetas apuntándome como lanzas. ¡Vaya par de peras! Me abrazó con fuerza y me besó en la mejilla. Después, como si de un juego se tratara, se giró dándome la espalda como hacía cada mañana desde hace tiempo.

Me quedé admirando su culo y ella giró la cara para mirarme, sonrió y me hizo un gesto para que me acercase. Me pegué a su espalda y me apoderé de sus tetas, a través de la finísima tela mis dedos las palpaban y apretaban y ella echaba la cabeza hacia atrás ofreciéndomelas para que las acariciase sin límites.

Desabrochó el lacito que cerraba el escote y lo abrió entregándomelas para que las poseyera a mi antojo. Con su piel suave y tersa y su agradable firmeza, daba gusto tocarlas.

Me pegué más a ella y empecé a frotar mi pene contra su trasero, nada más notarlo empujó sus caderas hacia atrás presionando mi polla con sus nalgas. Solté una de las tetas y liberé mi verga del pijama, la metí por debajo del camisón y la puse en contacto con su piel desnuda.

Mi madre suspiró, echó el culo hacía atrás y comenzó a balancearlo suavemente.

Sujeté uno de sus cachetes con la mano intentando acoplar la verga entre ellos, pero me resultó imposible. Su respiración acelerada demostraba lo excitada que estaba, y sin dejar de moverse, separó las nalgas con sus propias manos para que yo colocase mi polla entre ellas.

Mi verga se deslizaba arriba y abajo en el surco que formaban sus cachetes y mis manos amasaban sin descanso sus enormes tetazas, pero esta vez no había ningún disimulo, era muy consciente de sus actos y así me lo hacía saber.

Entre jadeos se inclinó hacia delante apoyando los codos en la encimera.

Al levantar el culo, mi verga se deslizó entre sus piernas metiéndose en el surco de su vulva. Al notarlo, mi madre dejó de balancear el trasero y se quedó inmóvil, me pareció una mala señal y me eché hacia atrás colocándola de nuevo entre sus glúteos.

Entonces ella retomó el vaivén frotando el culo contra el miembro erecto que la embestía reiteradamente.

En esta postura, sus tetas colgaban y mis manos tenían libertad para apretarlas y pellizcarlas, y cada vez que lo hacía, notaba como ella daba un respingo impulsando el culo con fuerza buscando mi verga.

Me incliné sobre su espalda para besarla en el cuello y su cuerpo se estremeció al sentir el contacto de mis labios en su suave piel, acto seguido, metió la mano entre sus piernas, cogió mi verga y la llevó a su sexo acomodándola entre sus cálidos y húmedos gajos.

Con mi polla perfectamente acoplada, inició un lento movimiento deslizando mi glande por su empapada raja. Me excité de tal modo que apreté con furia sus tetas, como un verdadero salvaje.

  • Uffff. Mi amor, no tan fuerte. – rogó ella dolorida y excitada a la vez –

Las solté asustado pero ella tomó mis manos y volvió a ponerlas sobre sus pechos.

  • Aaahhh. No pares, mi vida. – rogó gimiendo muy fuerte – Me gusta que las toques.

Volví a apretarlas y ella bajó la mirada para observar como lo hacía.

  • Ummm…Asíiii mi amor, asíii, tócamelas, son tuyas.

Los dos habíamos perdido cualquier atisbo de sensatez y se reflejaba en nuestros actos, no sé si por el morbo o por simple deseo sexual, mi madre se había resignado a aceptar el incesto y jadeaba excitada moviendo las caderas con mi pene deslizándose peligrosamente por su húmedo coño.

Podía sentir sus jugos empapando mi glande mientras éste iba en un no parar de atrás adelante recorriendo su acogedora y placentera vulva. Estábamos disfrutando el momento y ninguno quería detenerse, yo empujaba simulando que la follaba y ella se dejaba hacer sin parar ni un momento de mover la caderas y jadear muy fuerte.

Me vino la imagen de Rafa cogiéndola por detrás y pensé. ¡Es el momento!

Total, si había dejado que Rafa y Sergio la follasen. ¿Por qué iba a decirme a mí que no lo hiciese?

Me agaché un poquito de forma que mi pene cogiera suficiente ángulo y subí empujando mis caderas hacia delante. La tremenda humedad de su sexo permitió que mi verga se colara entre sus labios penetrando en su coño en decimas de segundo.

¡Dios! Que placer sentir la estrechez de su vagina apretando mi verga por todas partes.

Vi a mi madre encogerse y suspirar profundamente al notar que mi polla llenaba por completo su vagina. Yo esperaba que eso le gustase y comenzase a moverse con ella dentro, pero en contra de mis deseos, se quedó inmóvil y tapó su cara con las manos.

  • No, hijo, eso no. – protestó de repente –

¿Cómo que no? ¿A qué estábamos jugando?

Metió la mano entre sus piernas y sacó mi verga colocándola de nuevo en contacto con sus gajos, volvió a balancearse pero está vez acompañando el miembro con los dedos, evitando que volviese a meterse dentro.

  • Aaahhh….Sigue, Marco, no pares. – rogó excitada –

Me cabreé y me di la vuelta, había permitido que la follasen aquellos dos cabrones a los que apenas conocía y a mí me rechazaba como si fuese un puto apestado. Oí como me hablaba y rogaba que no me fuera, incluso me pedía disculpas, pero me fui al baño y cerré el pestillo para que no entrase.

Estuvo un rato en la puerta pidiéndome que abriese para hablar, pero me senté en el retrete y puse música en el móvil para no escucharla, solo podía pensar en Rafa y Sergio follando su coño y ella en cuatro rogándoles que lo hicieran más fuerte.

¿Por qué ellos sí y yo no?

Cuando vi que ya dejaba de insistir, fui a mi cuarto y me vestí apresuradamente para irme a la oficina, intentó acercarse para darme un beso de despedida pero giré mi cara para evitarlo.

Ese día se me hizo eterno, en la oficina no dejaba de pensar en lo sucedido y me daba cuenta de mi error, me había portado como un niñato mal criado, mi madre me había ofrecido algo que nunca hubiese imaginado, y en vez de agradéceselo, la había despreciado.

Mi hermana notó mi tensión y me preguntó qué me ocurría, a punto estuve de contárselo, pero sabía que su respuesta hubiese sido que me dejase de tonterías y la enseñase el audio de su conversación con papá, así no tendría ninguna excusa para rechazarme.

Esa tarde esperé en el portal hasta que llegó mi hermana, no quería entrar en casa solo, sentía tanta vergüenza que intentaba evitar a mi madre a toda costa. La cena fue tensa, tanto para ella como para mi, de vez en cuando me miraba y yo giraba la cara ruborizado. Al acabar me fui a la cama excusándome con que tenía que estudiar un examen.

Por la mañana me levanté y salí temprano con Diana, ésta me miró sorprendida por ser tan madrugador, más aún cuando sabía que no tenía nada que hacer en la oficina. Mi madre esperaba para prepararnos el desayuno pero yo dije que íbamos a tomar el café en un bar cerca del trabajo.

El día siguiente fue más de lo mismo, me fui al trabajo con Diana y regresé tarde para no estar a solas con mi madre, era incapaz de enfrentarme a ella.

El miércoles, cuando nos íbamos, dio un beso a Diana y otro a mí, pero en un susurro me dijo al oído.

  • No podemos seguir así.

Sus palabras fueron como una losa para mi, seguro que se había arrepentido de todo lo sucedido y ponía fin a cualquier esperanza por mi parte.

A pesar de las muestras de cariño de mi hermana, que intuía que a mí me pasaba algo malo, el día fue horrible y solo pensaba en regresar a casa para pedir disculpas a mi madre por mi comportamiento y poner fin a nuestros escarceos sexuales, lo mejor para todos era volver a la rutina familiar de antes.

Salí pronto del trabajo y al llegar a casa iba casi temblando, mi comportamiento había sido nefasto y no sabía que podía esperarme, si mi madre me abofeteaba lo tenía bien merecido.

Entré al salón y la vi sentada en el sofá viendo la tele, antes de poder excusarme, se incorporó y se aproximó a mí con cara apenada.

  • ¿Me perdonas? – rogó de repente – Siento mucho lo que hice ayer.

Era ella quien me pedía perdón, me estaba dejando alucinado. Se comportaba como con los amigos de mi hermana cuando ellos la ignoraban o amenazaban con dejarla, en vez de imponerse, se plegaba a sus deseos y hacia todo cuanto la pidiesen.

Me miraba compungida, esperando mi respuesta al tiempo que estiraba la camiseta marcando los pechos en la tela. ¿Me estaba provocando?

Me dio un arrebato y tiré de la camiseta hasta subírsela por encima de las tetas.

Bajó la mirada y observó como sus pechos desnudos eran sometidos por mis manos de una forma irracional, apretándolas con fuerza como si fueran mi juguete. A pesar de ello, los pezones erectos eran una muestra visible de la excitación que tenía.

Mientras seguía exprimiendo sus grandiosas tetas con las manos, mis labios se apoderaron de uno de los pezones y comenzaron a chuparlo y morderlo con una obscenidad impropia de un hijo con su madre.

  • Aaahhhhh. – la oí gemir muy fuerte –

Entre jadeos, sus manos desabrocharon torpemente mi pantalón y se apropiaron de mi polla manoseándola con desesperación. Con los ojos cerrados y la respiración alocada, cogió mis testículos y los sujetó entre sus dedos, con una mano masajeaba mis huevos y con la otra sacudía mi verga apresuradamente.

Yo castigaba sus enormes tetazas, y ella, exaltada, sacudía precipitadamente mi verga pidiendo perdón por lo sucedido.

  • ¿Te gusta? Mi vida ¿Te gusta como lo hago? – preguntó de forma implorante – Perdóname, perdóname por lo de ayer, no volveré a hacerlo. Te lo juro.

De buena gana hubiese cogido su cabeza y la hubiese obligado a chupármela como hizo con Sergio, pero no era lo correcto, yo no era como él.

La pedí que se sentase en el sofá y me subí a horcajadas sobre sus piernas, deseaba tenerla frente a mí para poder devorar sus tetas. Así lo hizo, y mientras ella cogía mi polla y continuaba haciéndome la paja, yo me lancé sobre sus peras para saborearlas como un salvaje.

Cuando notó que ya estaba a punto, orientó mi polla hacia su pecho pidiéndome que me corriera.

  • Córrete hijo mío, córrete en mis tetas. – pidió con un sofoco enorme –

Aquello fue como una orden, me incorporé ligeramente, y sacudiendo mi verga con celeridad, lancé sucesivas andanadas de semen sobre su pecho mientras ella lo esparcía excitada por sus tetas, cubriéndolas de blanco por completo.

Me dejé caer en el sofá y vi como ella, con mi leche aún resbalando por sus senos, cogía la camiseta y sonriendo se iba al baño a limpiarse.

Ahora no había marcha atrás, si se había disculpado por su comportamiento era porque aceptaba lo que yo quería implícitamente. Ya no era un inocente juego de tócame las tetas o rózame el coño pero no me la metas, el paso que había dado significaba que mi madre estaba dispuesta a dejarme que la follase.

Cada vez que cruzábamos las miradas me sonreía con picardía, después de cenar llevé los platos a la cocina y se abrazó a mí besándome con pasión mientras acariciaba mi verga por encima del pijama. Al ver que se abría la puerta se separó rápidamente.

  • Estoy deseando verte a solas. – susurró en mi oido sin que la escuchasen –

¡Joder! Mi madre estaba cachondísima y no podía disimularlo. Desde ese instante solo pensé en el desayuno del día siguiente, estaba deseando que llegase ese momento para meterla mi verga y empotrarla contra la mesa, follarla como habían hecho Rafa y Sergio, metérsela en el coño hasta correrme.

Cuando estaba en la cama a punto de dormir entró Diana en mi cuarto, se sentó junto a mí y me preguntó qué pasaba.

  • ¿No te la habrás follado ya? – preguntó inquisitiva –
  • ¿Yo? ¿A quién? – respondí nervioso –
  • Venga, no me vaciles. – contestó muy seria – Entre mamá y tu hay algo raro y me temó que quieres follártela sin que yo lo sepa.
  • No, de verdad, si algún día hago algo te avisaré.
  • No te creo, solo hay que ver como os miráis, estoy segura que si no te la has follado estás a punto de hacerlo.

La muy jodida tenía un sexto sentido y sabía que algo raro sucedía.

  • Bueno, es igual, espero que cumplas tu palabra y me dejes verlo cuando lo hagas.
  • Joder Dianita, ya te dije que te avisaría.
  • Más te vale, porque si no lo haces tienes mucho que perder, y ya sabes que yo no perdono.

Joder con mi hermana. Y lo malo es que tenía razón, le había prometido estar presente cuando me follase a mi madre. Y sabía que si no lo cumplía se acababan nuestros fines de semana llenos de sexo, solo de pensarlo me ponía malo, quedarme sin sus mamadas, sin follar su culo y sin todas las guarradas que hacíamos, era un castigo demasiado fuerte.

  • Bueno, hermanito. Mañana te vienes conmigo a desayunar. – dijo tajante – Quiero contarte como acaba la historia de mamá con mis amigos.

¡Noooo! Mi hermana estaba jodiéndome sin saberlo, si me iba con ella no podría follarme a mi madre. Pero no había otra, tendría que retrasarlo para otro momento.

  • Ok Dianita, mañana desayunamos juntos, estoy deseando saber qué pasó.

Por la mañana, cuando mi madre vio que me iba, me miró sorprendida y me preguntó si pasaba algo, le hice un gesto de disculpa y dije que ya se lo explicaría. Se encogió de hombros y movió negativamente la cabeza lanzando un suspiro.

Llegamos a la cafetería y mi hermana comenzó a contarme lo que yo tanto deseaba escuchar desde el otro día.

  • Te acuerdas que le dijeron a mamá que volviera le sábado siguiente. ¿Verdad?
  • Sí, me acuerdo de eso.
  • Bien, pues mamá volvió el sábado y la escondieron en la habitación de Sergio hasta que llegué yo. Rafa me llevó a su habitación y empezamos a enrollarnos como siempre, poco después entró Sergio y me dijo que me subiera sobre Rafa.

Cuando decía eso ya sabía lo que me esperaba, iban a follarme los dos a la vez, así que Rafa se sentó en el borde de la cama y yo me subí sobré él metiéndome la verga en el coño. Por esa época ya era una experta, no había fin de semana que no hiciese una doble penetración con ambos.

  • ¿Y a ti te gustaba?
  • Vaya, no es lo que más placer me daba, pero me ponía muy cachonda verlos competir para ver quién me la metía más adentro.
  • ¿Y no te dolía?
  • A veces. Los cabrones se esforzaban tanto que en más de una ocasión me rompieron el culo, y entonces lo pasaba francamente mal porque escocía muchísimo.
  • Que hijos de puta.
  • Si, ya. ¿Pero a que te gustaría hacerlo? – preguntó Dianita mirándome pícaramente –

Metió la mano bajo la mesa y acarició mi paquete.

  • ¡Ves! Se te ha puesto dura solo de pensarlo. Ayyyy, sois todos iguales. ¡Guarrete!

En fin, sigo. Rafa follaba mi coño y Sergio me la metió por el culo, pero yo notaba como lo hacían muy coordinados, no en plan salvaje como en otras ocasiones, se alternaban para meterla y sacarla de forma que yo podía moverme bien y saltar sobre Rafa clavándome su polla, eso me producía un placer inmenso y hacia que de mi boca saliesen las mayores barbaridades que te puedes imaginar.

  • ¿Qué tipo de barbaridades?
  • ¡Joder Marco! Pareces tonto. ¿Qué barbaridades van a ser? “Me encantan vuestras pollas” “Rómpeme el culo, Cabrón” “Soy vuestra puta, folladme cuanto queráis”. ¡¡¡Yo que se!!! Las tonterías que se dicen en esos casos.

Miré a Dianita con ojos como platos.

  • Bueno, deja de interrumpirme con preguntas tontas. – dijo antes de continuar contándome – Cuando Sergio me contó lo de mamá, recordé que la semana anterior me habían follado muy acompasados, como ya te he dicho, pero también que me habían pedido al oído que dijese que me encantaba que me follasen los dos a la vez, querían oírmelo decir bien alto.

Así que mientras me follaban, yo repetía una y otra vez “Metedme vuestras pollas, me encanta que me folléis los dos a la vez” o “Rompedme el culo, me encanta”. Después supe que era para que mamá lo oyese.

  • Que hijos de puta. – solté cabreado –
  • Sí, pero la culpa no es de ellos. – respondió mi hermana – Es de las gilipollas como mamá y yo que caemos en su trampa.

Sergio me contó que mientras follábamos, mamá estaba en la puerta mirándonos por una rendija. Cuando terminaron conmigo, éste salió, la cogió de la mano y la llevo a su cuarto. Por lo visto, mamá le desabrochó el pantalón y se lanzó sobre su polla para chupársela como una posesa.

Según él, metió la mano bajo la falda y al tocar la braga se sorprendió de lo empapada que estaba, dio un tirón para romperla y se sentó al borde de la cama. No hizo falta decir nada, mamá se subió sobre él y encajó la verga en su coño dejándose caer hasta tenerla entera dentro.

Cuando Sergio me contaba esta parte se reía con ganas, mamá saltaba sobre su polla y miraba excitada en dirección a la puerta.

  • Claro, tendría miedo de que entrases tú y la pillases en plena faena. – respondí yo como un tonto –
  • ¡¡Pero que iluso eres!! – contestó mi hermana – Miraba a la puerta esperando que llegara Rafa.
  • No me lo puedo creer.
  • Pues sí. Cuando me lo contó Sergio até todos los cabos, ese sábado Rafa me dijo que tenía que terminar un trabajo y no podía estar más tiempo conmigo, así que después de follarme los dos me volví a casa enseguida.
  • ¡Que cabrón!
  • Lo tenían todo planeado, menudos sinvergüenzas.

Sergio me enseñó el vídeo, porque también lo grabaron, en el se ve como Rafa entra en la habitación, y mamá, al verle, se sube la falda por detrás ofreciéndole el culo desnudo y mirándole impaciente.

Un malestar en el pecho me impedía respirar, saber que mi madre se había ofrecido con tanta facilidad a aquellos dos degenerados, me producía un dolor insoportable. No podía creerlo, tenía que ser una invención de mi hermana, eso era demasiado fuerte.

  • No me lo creo, es imposible que mamá hiciera eso, te lo estás inventando. – contesté lleno de ira –

Diana me miró sorprendida y cabreada, si en ese momento hubiese podido me hubiese abofeteado sin dudarlo.

  • Te creíste todo cuando te dije como perdí la virginidad con ellos, también cuando te conté como me follaban los dos a la vez y cuando te dije que me obligaban a acostarme con otros hombres que pagaban por hacerlo, pero cuando te digo que tu mami también tiene defectos y se comporta como yo lo hice, me echas en cara que miento. Eres un grandísimo hijo de puta, y nunca mejor dicho.

Una vez más había metido la pata con mis comentarios y había ofendido a mi hermana, pero esta vez era grave, la había acusado de mentir y no sabía cómo arreglarlo.

Sin querer, aparecieron en mis ojos unas lágrimas que no pude contener. Diana, al verlo, me abrazó rápidamente y secó mis mejillas.

  • No llores por Dios, ya sé que te duele saber cómo es nuestra madre, pero tienes que saberlo.

Sin dejar de abrazarme cogió el móvil y puso un vídeo para que yo lo viese.

  • Compruébalo con tus propios ojos, Marco.

El vídeo era bastante elocuente, Rafa se ponía detrás de mi madre cogiéndola de las caderas y acariciando su culo desnudo. Ella resoplaba como una perra y rogaba que la enculase. Pero el cabrón de Rafa se reía y exigía que lo dijese en alto, quería oírla pedir que la follase el culo.

No, por favor. Que no se lo pida. – pensé aunque sabía que al final iba a hacerlo – Pero mi querida mamá, que no dejaba de saltar sobre la verga de Sergio, se giró mendigando la polla de Rafa, con unas palabras que me rompieron por dentro: “Métemela por detrás, por lo que más quieras, rómpeme el culo”.

Se veía como Rafa la cogía del cuello empujándola contra el pecho de Sergio y le clavaba la polla en el culo sin esperar un segundo. La cámara del móvil enfoca en ese instante la cara de mi madre y se veía como se encogía y chillaba de dolor, pero eso no evitaba que los dos la follasen de una forma salvaje.

El vídeo seguía con imágenes en las que se ve como los dos se la meten sin descanso y como ella cierra los ojos y se deja hacer, después hay un primer plano de sus tetas rebotando de una forma hipnótica y como ellos comienzan a morderlas y apretarlas sin piedad.

Para mi sorpresa, mi madre, a pesar del dolor inicial, jadea sin parar y les pide que no paren de follarla. Ellos graban primeros planos de sus vergas penetrando simultáneamente su coño y su culo mientras ella no deja de saltar sobre el miembro de Sergio. Al final hay una toma de su cara en la que se la ve sofocada y despeinada corriéndose con las dos pollas aún dentro.

Paré el vídeo y pedí perdón a Diana.

  • No te pongas triste Marco, es lo que hay. Mamá era una víctima fácil, se ennovió con papá con 14 años y no ha salido con otro hombre, ahora se pasa el día sola porque papá trabaja mucho y nosotros estamos en la Universidad o trabajando, así que cuando llegó allí, estos dos cabrones la manipularon y no supo gestionarlo, disfrutó del sexo como no lo había hecho nunca y se convirtió en su puta sin darse cuenta.

Y este vídeo acaba ahí, pero esa tarde grabaron otro en el que se ve como se la follaron otras dos veces más y mamá no dejaba de pedir que la diesen duro. Sergio, que es el más hijo de puta, la grabó desnuda con la boca y el pecho lleno de semen mientras decía “Soy vuestra puta, podéis follarme cuanto os de la gana”. Y el cabrón de Rafa se rió y respondió que la iban a llenar de de leche todos los agujeros.

Hay que ser cabrón para decirle eso. ¿Verdad? Pues tu madre miró a la cámara sonriendo y dijo “Eso espero”. ¡Manda huevos! La muy zorra quería que la llenasen de leche la boca, el culo y el coño.

  • No sé qué pensar, esto es muy fuerte.
  • No pienses, vive la vida y disfruta. – respondió Diana – Y lo primero que tienes que hacer es follarte a mamá, ella seguro que te lo agradecerá. Mira, yo tengo todos los videos que me dio Sergio, te voy a dar éste para que lo guardes, pero ten cuidado que no lo vea nadie.
  • Y Sergio te los dio así, sin más.
  • No, cariño. ¿Te acuerdas cuando te conté que yo me follaba a sus amigos y él cobraba sin que yo lo supiera?
  • Si.
  • Pues no era cierto, yo sabía lo que hacía, me acostaba con sus amigos y él les cobraba por follarme, pero esa era la condición para que estos videos no se publicasen en internet o le llegasen a papá por correo.
  • Que hijo de puta.
  • Efectivamente, Sergio era un grandísimo hijo de puta. Pero por tapar las mierdas de nuestra madre tuve que llegar a eso. Hasta que conocí a don Francisco, el que ahora es mi jefe, cuando él se enteró le obligó a darme todos los videos y entonces fue cuando dejé de salir con ellos. Por eso le estoy tan agradecida y hago todo cuanto me pide, es el único hombre por el que haría cualquier cosa ahora mismo, lo que fuera y sin dudarlo.
  • Joder, ahora entiendo que hagas las guarradas que haces con él.
  • Jajaja. No son guarradas, tonto. Es solo sexo, y además disfruto mucho haciéndolo. ¿No has visto como me hago las pajas hasta correrme cuando te meas en mi cara y en mi pecho? Me encanta que lo hagas, me pone a cien. Y cuando lo hace Fran, más, no sabes el placer que siento al verle disfrutar con su polla orientada a mi cara y a mis tetas.
  • Vaya, ahora es Fran.
  • Si, tonto. Le gusta que le llame Fran, y si vamos por ahí de copas o a un club de encuentros no voy a llamarle don Francisco, quedaría muy mal.
  • ¿Vais a un club de encuentros?
  • Jajaja, tu quieres saber mucho, pillín.
  • Jo. Diana. Cuéntame donde vais.
  • Ahora no, tenemos que ir a la ofi, pero otro día te contaré donde vamos, y si te portas bien te llevaré conmigo.

¡Joder! Acababa de escucharlo y ya estaba deseando acompañarla, seguro que ese sitio era una pasada. Intenté sonsacarle más información pero fue imposible, solo me prometió que si hacía todo lo que me pidiera, algún día me llevaría con ella.

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