Asunto pendiente Habíamos trabajado juntos previamente en la misma empresa, recuerdo haber sentido atracción por ella desde que la vi, ella una mujer mayor que yo, en sus 38 años y yo en mis 29. A mí siempre me han gustado las mujeres mayores, suelo conectar mejor con ellas en general. Ella aparentaba ser considerablemente menor de su edad, se dedicaba bastante al gimnasio y tenía una rutina de autocuidado a la cuál era muy dedicada.
Es una mujer sumamente amable y con gran plática lo cual es un plus. En la misma oficina en ocasiones nos tocaba estar solos y de vez en cuando nos coqueteábamos y reíamos, también hablábamos de intimidades, a lo que yo me atreví a invitarla a salir, y ella hizo el comentario de que no habría de salir con alguien menor y mucho menos que sea del mismo trabajo y sin embargo aceptó, sin embargo, por fortunas de la vida no se concretó dicha salida.
Pasó el tiempo y decidí salirme de aquella empresa, perdimos contacto y cada uno siguió con su vida sin contactar al otro. Comencé a cuidarme mucho más en el gimnasio y en la alimentación, dejé de beber y me concentré en otras cosas.
Un día cualquiera, decidí animarme a enviarle un mensaje.
– – Hola, ¿cómo estás?
¡hola! Que milagro, super bien y ¿tu?
Hubo un poquito de pequeña plática de lo que habíamos estado haciendo, pero fui directo al grano:
– Oye ahora que ya no estamos en el mismo trabajo ¿Ahora sí ya se puede que salgamos? |||
Me respondió con un audio: – Jaja, así ahora ya se puede
Quedamos en una fecha en particular, de ahí en dos semanas, iríamos a un restaurante japonés. No volvimos a cruzar ningún otro mensaje en esas dos semanas salvo un día antes para confirmar. Se entendió que era con un único motivo la salida, y yo nervioso ya que llevaba más de cuatro años sin sexo.
Llegó el día, me aseguré de cuidarme aún más esas semanas. Yo iba todo de negro, una camisa sencilla y pantalón de mezclilla negro, una chamarra negra igual, llegué antes al restaurante y procuré apartar una mesa luego caminé hacia un parque cercano por los nervios del tiempo que tenía sin tener intimidad y no saber si iba a pasar. Me avisó cuando llegó y la vi, perfectamente arreglada como siempre, una falda larga y una blusa negra con esos escotes que tienen un círculo al centro, haciendo resaltar sus senos de manera discreta pero encantadora. Nos saludamos de beso en la mejilla.
– – – Que guapa, hueles riquísimo
Gracias, tu igual te vez bien y hueles rico ¿Que perfume usas?
Uso un Lacoste, jaja ven, ya me encargué de pedir mesa
Entramos al restaurante y nos pusimos a leer el menú, yo llevaba ya un rato sin beber alcohol y ella intentó convencerme de tomar un trago, a lo cual educadamente me negué. La cena transcurrió con una gran plática de ponernos al día y de otros diversos temas. Llegó el momento de pedir la cuenta a la cual me ofrecí a pagarla en su totalidad, es un gesto que me gusta y siento que representa caballerosidad.
Al salir del restaurante estábamos decidiendo qué hacer, si ir a tomar unos tragos a pesar de que yo no estaba tomando alcohol, a lo que me atreví a sugerirle que podríamos comprar unos tragos e ir a mi departamento.
A lo que me dijo: – Tú me quieres poner borracha ¿Verdad?
Me aseguré de no reír, pero con una pequeña sonrisa y con un tono serio pero coqueto le respondí: – No es como te quiero poner
Pude ver cómo se sonrojó, río un poco e hizo un ademán con sus cuatro dedos. No respondí más. Ya cerca del departamento fuimos por unas bebidas, la acompañé comprando unas cervezas sin alcohol. Llegamos al departamento, nos sentamos a platicar en el sofá de la sala y puse música de fondo, algo tranquilo, nada sugerente. La plática y la noche fueron avanzando y salieron diversos temas, pero sin llegar a lo sexual, conforme iba a avanzando la plática yo también me acercaba a ella. Llegado a un punto le pregunté
– ¿Te puedo besar?
Ella me replicó: – No jaja es que estoy nerviosa necesito tomar un poquito más para soltarme.
De acuerdo jaja discúlpame por si te incomodé.
– Para nada jaja solo estoy nerviosa.
Seguimos platicando y yo seguía acercándome a ella, en un punto me levanté del sofá y le pregunté si le parecía bien que cerrara las cortinas y apagara la luz. Me dijo que sí. La plática fue escalando poco a poco, llegamos a lo sexual y lo que nos gustaba, lo que nos atraía, conforme esto avanzaba yo me aseguraba de ir acariciando su pierna, retirando su falda levemente y acariciando su piel con la yema de mis dedos. Sentía la suavidad de su piel, pero la firmeza de sus piernas.
Ella de repente me tocaba el hombro como pidiéndome que mi mano avance más en sus piernas. Había llegado casi a su muslo y en un momento de silencio simplemente le dije: – A ver, ven aquí. La tomé del rostro y la cintura, y la acerqué a mí, y finalmente nos besamos.
Fue un beso intenso, prolongado desde hace ya tiempo, dos personas que se deseaban. La puse encima de mí y la comencé a besar en el cuello, tocarle por encima de la ropa con un poco de frenesí, ella soltaba gemidos ahogados, moviéndose en círculos, aumentando la fuerza de mi erección. Luché por quitarle la blusa y soltó una risa coqueta con un. “Me lo tienes que quitar” a lo que respondí, si lo hago lo voy a romper, te deseo con muchas ganas. Se quitó su blusa y yo le quité su brassier negro, dejó ver un par de senos perfectos unos pezones cafés pequeños. Me abalancé sobre ellos besándolos, succionando y mordiéndolos tímidamente.
Caí en cuenta que estábamos aún en el sofá y le propuse movernos a mi habitación. Fuimos tomados de la mano, puse las luces adecuadas para el ambiente mientras se quitaba los zapatos La coloqué en la cama para ir desvistiéndola poco a poco más, desabroché su falda dejándola únicamente con su tanga negra. Primero me aseguré de besarle los muslos mientras acariciaba aún sus senos, con otra mano la ahorcaba levemente y en ocasiones le introducía el dedo pulgar en la boca. Comencé a estimular su sexo y sentí la humedad en su ropa. Finalmente, se la quité. Subí a besarla, a pasar mis manos por su cuerpo e ir bajando lentamente hasta su vientre, sentí su calor y su humedad, besé su sexo, me deslicé en él con lengua y levemente introduje un dedo, luego dos haciendo un gesto de “ven aquí”, arqueó la espalda y emitió un gemido fuerte acompañado de una sonrisa. Intentó reincorporarse para tomarme del miembro, a lo que la detuve y le dije “aún no, me vas a tener que rogar”. Continué recorriendo su cuerpo, mordiendo y apretando sus pezones mientras frotaba su sexo. Su rostro se dividía entre placer y desesperación. Me dijo “ya métemela”. Aún no, falta un poco más, esperé hasta sentir la humedad completa, que se sienta sumamente caliente, me fui bajando el bóxer poco a poco para liberar mí ya desesperado miembro. Pero sin que ella se dé cuenta, finalmente en un momento me incorporé para cercarme a su boca y antes de besarla, en la cercanía de nuestros alientos y sus gemidos, me introduje en ella con facilidad. Emitió un gemido sonoro y arqueó la espalda. Sentí su interior palpitando y pidiendo por más. No la dejé hacer más y comencé a moverme lentamente, asegurándome de sentir cada parte de ella y de su calor, y finalmente la besé. Fui aumentando el ritmo, el sonido de nuestras pieles y gemidos llenaron la habitación y el olor de nuestro sudor y fluidos inundaba nuestro olfato. Me reincorporé para poder tomarla de la cintura y embestirla con más firmeza, sus gemidos aumentaron, podía ver que le encantaba, sentía sus jugos deslizándose en mis muslos. Aprovechaba para ahorcarla y apretarle sus senos, a cada acción mía ella correspondía con una contracción y un gemido. Tomé una de sus piernas y la puse sobre la otra de manera que podía ver sus nalgas y como la penetraba. Veía sus senos rebotar por cada estocada, veía su cuello estirarse con cada gemido. Cuanto más intensos eran sus gemidos me aseguraba de penetrarla más profundo. La tomé por su cabeza y la acerqué a mí conectando nuestras frentes y con un ritmo frenético sentí su inmenso calor y convulsión, soltó un gemido sonoro y me pegó a ella apretándome por la espalda y enterrando sus uñas en mi espalda. Acababa de tener un orgasmo. No la dejé descansar, la volví a abrir de piernas e hice que me abrace y la levanté. La mantuve estática y yo la embestía en esta posición sentía como la penetraba profundamente, aproveché a morderla tiernamente y a besarla, conforme la penetraba y me iba cansando ella se pegaba más a mí, hasta que en un punto sin aguantar más exploté y ella lo hizo igual. Me di la vuelta para sentarme en la cama y dejarla encima mío, solo con nuestras respiraciones y mi miembro aún dentro de ella. Nos reímos. Había sido una sesión de sexo increíble, le dije “Ya nos lo debíamos” Ella solo río y me dijo sí y me besó. Continuamos teniendo sexo toda la noche.