Mi cuñado me había hecho la propuesta un día que nos pudimos dar una escapada en días que tuve vacaciones, acerca de hacer un trío, por supuesto que no iba a acceder, su mente es muy perversa pero tiene cierto encanto que no puedo pasar por alto, por ejemplo él tenía la fantasía de ver cómo me cogía alguien más mientras él y yo estábamos juntos, y cuando nos veíamos para mí no dejaba de ser una fantasía con la que me calentaba mientras me cogía, así es que le dije —Qué rico sería que fueran dos o tres dentro de mí ¿no?—

Bueno, yo estaba segura que eso sería suficiente para calentarlo y que se prendiera, y así fue. Se corrió dentro de mi en cuanto lo comenté… Ahora bien, que lo pensara y de ahí a qué se convirtiera en realidad podrían pasar mil cosas. Cuando me dijo que me iba a cobrar lo que mi lengua larga había propuesto, el corazón latía con tanta fuerza, que hasta pensé que Ky podía oírlo.

Bueno, un par de meses después nos dimos una escapada como era lo usual, pasó por mí me llevo a hacer unas compras y nos fuimos directo a un hotel… Ahí estaba yo parada frente al espejo de la habitación, ajustándome el atuendo que él me había pedido que usara: un vestido de verano, muy comodo, blanco con naranja y de tirantes anchos, eso sí, sin nada debajo. —“Hoy vas a ser mía y de quien yo quiera”—, me había susurrado por teléfono cuando hablamos, lo tomé como parte de sus fantasías con las que atizamos la pasión entre nosotros, aunque su voz grave ya me había mojado las bragas antes siquiera de salir de casa. Ahora, aquí estaba, la mujer bien portada, que se conformaba con fantasear, incluso un poco tímida en la cama de un motel con mi ex cuñado/amante, sin saberlo, ese día iba a cruzar una línea que nunca imaginé cruzar.

Ky, prácticamente desnudo ya, desde la cama me preguntó con esa sonrisa que me corrompía —Mi Caro…! ¿Estás lista para una sorpresa? Ya tengo todo planeado, solo esperaba que llegáramos a la habitación

¡Por supuesto! — dije— Yo siempre estoy lista para ti y tus ideas locas… (porque sé que nunca pasan de la fantasía) Tomó su teléfono para enviar unos mensajes

Que haces? Pregunté… —Es mi regalo! Bueno, el regalo es para ambos— Dijo con una mueca pervertida…

No pasaron ni 5 minutos cuando tocaron a la puerta, era un hombre muy varonil, Ky lo invitó a pasar sin consultarme, se sentó a su lado en el sillón, ahí estaba él. El profesional. El juguete. No tenía nombre, no lo necesitaba.

Solo era un cuerpo alto, musculoso, de piel morena y una verga que… Dios mío. Ni siquiera se había quitado la ropa y ya se le veía enorme, gruesa… Cuando se quitó el pantalón y el boxer la ví en su esplendor, era realmente grande, más gruesa de lo que había visto en mi vida. Me intimidaba. Me aterrorizaba. Y, al mismo tiempo, algo dentro de mí empezaba a arder.

Tragué saliva y caminé hacia ellos. Ky extendió la mano y me jaló suavemente hasta que quedé entre sus piernas. Me besó despacio, con esa ternura que siempre me hacía sentir amada, mientras sus dedos subían por mis muslos y descubrían que ya estaba empapada.

—Mírala —le dijo al hombre sin nombre, como si yo no estuviera allí—. Mi Caro ya está lista. Pero va a tomarlo con calma, ¿verdad amor?

Asentí, mordiéndome el labio. Él invitado se puso de pie. Su verga se balanceó pesada, casi rozándome la cadera. Era tan gruesa que mi mano no la rodearía completa. La punta brillaba ya un poco. Me quedé mirándola, hipnotizada. El miedo se mezclaba con una curiosidad perversa que nunca había sentido. Imaginé cómo se sentiría esa cosa abriéndome, estirándome, llenándome como nadie jamás. Mis pezones se endurecieron contra la tela del vestido.

—Quiero verte mamarla primero —susurró Ky contra mi oído—. Despacio, tú sabes cómo mi Caro. Muéstrame lo puta que puedes ser para mí.

Me arrodillé. Las rodillas me temblaban. Tomé esa verga extraña con ambas manos. Estaba caliente, y palpitante, era pesada, olía a hombre, a deseo limpio. La acerqué a mi boca y la besé en la punta, tímida. Un gemido bajo salió de la garganta de ese hombre. Eso me dio valor. Saqué la lengua y lamí despacio la cabeza, rodeándola, probando su sabor salado. Era diferente. Más grande. Más dominante. Empecé a meterla entre mis labios, poco a poco. No me cabía toda, era imposible, pero lo intenté. La sentía pulsar contra mi lengua, mientras estiraba las comisuras de mi boca.

—Así, me gusta mi Caro… mírate —murmuró Ky, acariciándome el cabello—. Qué hermosa te ves con esa verga extraña en la boca.

Me excitaba su voz. Me excitaba saber que él estaba disfrutando esto tanto como yo. Empecé a mover la cabeza con más ritmo, chupando más fuerte, dejando que la saliva me corriera por la barbilla. Ya no era tímida. Era una necesidad. Quería sentirla hasta el fondo de mi garganta. La saqué un momento para respirar y la miré, brillante de mi saliva, más gruesa aún. Una idea sucia me cruzó la mente: quería tener las dos al mismo tiempo.

—Caye… —jadeé, mirándolo con ojos vidriosos—. Quiero las dos. En mi boca. Ahora.

Me sonrió, orgulloso. Se acercó y puso su verga junto a la del otro a mi disposición. Eran tan diferentes: la de Memo más familiar, más manejable; la del profesional, un monstruo que me hacía sentir pequeña y puta al mismo tiempo. Abrí la boca todo lo que pude y trataba de meter las dos. Era incómodo, casi imposible, pero la sensación de tener dos vergas calientes rozándose contra mi lengua me volvió loca. Chupaba una, luego la otra, luego intentaba meter las dos cabezas a la vez. Gemía alrededor de ellas, babeando, perdida en el placer más sucio que había probado.

Ky me levantó de pronto y me tiró sobre la cama. Me abrió las piernas sin piedad.

—Ahora te voy a comer mientras se la sigues mamando —dijo.

Se tumbó entre mis muslos y hundió su boca en mi coño empapado. Su lengua era experta, conocía cada pliegue, cada punto que me hacía temblar. Al mismo tiempo, el profesional abrió las piernas, puso mi cara entre sus rodillas y me metió su verga gruesa hasta donde pudo. Sus nalgas se posaban en mi pecho, sobre mis tetas que ocasionalmente manoseaba con sus ásperas manos, yo mamaba con desesperación mientras Ky me chupaba el clítoris y metía los dedos dentro de mí. El placer era demasiado. Sentía que me ahogaba en sensaciones: la boca llena de verga extraña, la lengua de mi cuñado devorándome, los dedos curvándose justo donde necesitaba.

—Voy a correrme, me estoy vinie… —gemí con la boca llena de verga, pero no pude terminar la frase.

El orgasmo me golpeó como un rayo. Mis caderas se sacudieron contra la cara de Ky, mis muslos atraparon su cabeza y mis uñas se enterraban en la piel del invitado que no paraba de cogerme la cara, mis paredes vaginales se contrajeron alrededor de sus dedos y un chorro caliente me salió sin control. Seguí chupando, más fuerte, más desesperada, mientras las olas eléctricas me recorrían el cuerpo entero. El profesional gruñó y me folló la boca con más fuerza, pero no se corrió. Todavía no.

Me incorporé jadeando, con el cabello pegado a la cara, los labios hinchados. Miré a Ky con los ojos llenos de lujuria pura.

—Metánmela —dije sin vergüenza alguna—. Quiero las dos dentro de mí Una en el culo y una en el coño. Y después… quiero las dos en el mismo agujero.

Kye me besó con fuerza, saboreando en mi boca la mezcla de mi saliva con el lubricante preseminal del juguete.

—Mi Caro… no sabes cuánto amo verte así de puta—susurró orgulloso.

Me pusieron a cuatro patas. El profesional se colocó detrás y empezó a frotar esa verga enorme entre mis nalgas, contra mi ano. Ky le pasó lubricante y mientras descansaba mis tetas en el pecho de mi cuñado, me abrí el culo con las manos, temblando de anticipación. Sentí la presión brutal cuando la cabeza apuntóa mi esfínter, al final, entró la cabeza. Grité. Era demasiado grande, me estaba partiendo en dos… y era delicioso. Poco a poco, centímetro a centímetro, me fue llenando el culo hasta que sus huevos tocaron mi coño. Nunca me había sentido tan llena.

Ky, acostado debajo de mí, me penetró el coño de un solo empujón. Las dos vergas dentro de mí, separadas solo por una fina pared, rozándose entre sí. Empezaron a moverse. Al principio despacio, luego más fuerte. Yo para ese entonces era un trapo, un agujero para su placer. Gemía como una loca, diciendo cosas que nunca había dicho:

—Fóllenme… rómpanme… soy su puta… métanmela más profundo…

El placer era indescriptible. Cada embestida me hacía ver estrellas. Sentía que me corrían por dentro, que me estiraban hasta el límite. Me corrí otra vez, más fuerte que la primera, apretando ambas vergas con mis músculos internos.

Cuando bajé del orgasmo, todavía temblando, les pedí lo que más deseaba:

—¿Me pueden poner las dos en mi coño? Ahora quiero sentirlas adentro de mí, pero juntas.

Me pusieron de espaldas, con las piernas abiertas al máximo. Ky entró primero, luego el profesional empujó al lado. Era casi imposible… pero lo logramos. Las dos vergas gruesas abriéndome el coño al mismo tiempo, estirándome como nunca. Grité, de placer y dolor mezclado. Empezaron a cogerme así, sincronizados, sus vergas rozándose dentro de mí, llenándome más allá de lo que creía posible. Me corrí una tercera vez, chorreada, mojando todo, suplicando que no pararan.

Finalmente, los dos se corrieron casi al mismo tiempo. Primero el vergudo, inundándome el coño con su leche caliente, cuando Caye sintió, sigui batiendo la mezcla de fluidos dentro de mí y se corrió un montón añadiendo su carga espesa. Sentí cómo me desbordaba, cómo me llenaban por dentro, la corrida de ambos me escurría por los muslos. Me quedé tirada, temblando, con una sonrisa idiota en la cara.

Ky me abrazó fuerte, besándome la frente sudorosa.

—¿Estás bien mi Caro?

—Más que bien —susurré, ronca—. Nunca me había sentido tan… completa. Tan puta. Tan tuya.

El profesional se vistió en silencio y se fue. Ya no lo necesitábamos. Solo había sido el juguete perfecto.

Me acurruqué contra el pecho de Ky, todavía sintiendo los latidos de ambas vergas dentro de mí como un eco. Estaba saciada, agotada, feliz. Mi cuerpo dolía de la manera más deliciosa posible. Besé el cuello de mi cuñado y murmuré contra su piel:

—Gracias… por regalarme esto. Quiero repetirlo. Pronto. Pero la próxima vez… ¿podríamos quizá invitar a una mujer? Quiero saber cómo se siente tener una lengua suave comiéndome mientras ustedes me follan.

Caye sonrió bajito y me apretó más fuerte.

—Sí mi Caro, lo que tú quieras amor. Siempre.

Cerré los ojos, sonriendo. Por primera vez en mi vida me sentía completamente libre. Un poco puta,

pero completamente mía. Y completamente de él.