Hola amigos. Les traigo un relato que para mi es increíble.
Ahora que soy un hombre maduro y divorciado, pensé que tendría menos mujeres en mi vida.
Cuando se tiene 20 o 30 años, la cantidad de mujeres jóvenes que conoces y llevas a la cama, es muy diferente a cuando tienes 60 años.
Para mi sorpresa, siguen llegando a mi cama después de muchos años. Pero, ya no son mujeres jóvenes.
Ahora, estoy en la etapa de salir con mis novias pasadas.
Algunas, ya maduras y divorciadas se me acercan para que salgamos y las pasemos bien. Lo mejor, es que no les interesa entablar una relación de pareja o familia. A estas alturas, ya han tenido todo eso. Solo quieren divertirse.
Mi historia de hoy, es para contarles mi experiencia con una ex novia que tuve en mi juventud, se llama Doris.
Cuando yo la conocí, ella era madre soltera y tenía una niña de 8 años (Kathya). Pasó el tiempo y no seguimos la relación. Pero nos mantuvimos siendo amigos. Ella se casó con otro hombre y se mudó del país.
Después de 30 años, me la encontré caminando por la ciudad y me dijo que había regresado al país ya que su esposo tenía un año de fallecido.
Ella se conserva bien, aunque tenga 60 años igual que yo. Así que, empezamos a conocernos nuevamente después de tantos años.
Un día salimos a divertirnos ya pensando seriamente que queríamos disfrutar el uno del otro, y cuando regresamos de bailar, ella me invita a quedarme esa noche.
Entramos besándonos con pasión a su casa, y poco a poco fuimos dejando un camino de ropa hasta su recámara. Estando ya desnudos ambos, yo la acosté en la cama y me acosté a un costado de ella con mi cabeza hacia su vagina.
Empecé a jugar con su clítoris y sus labios con mi lengua y nariz. A los 5 minutos ella se acomoda sobre mi cuerpo y quedamos en un 69. Ella encima me chupaba y lamía mi pene y mis testículo. En ocasiones ella bajaba sus dedos más abajo de mis testículos y trataba de meterlos entre mis nalgas tratando de llegar a mi culo.
En un momento, cuando sentí sus dedos húmedos de saliva tratando de meterse entre mis nalgas, yo subí un poco mis piernas para darle paso a sus dedos y dejé expuesto mi culo. Llegó un momento que ella le puso bastante saliva a mi culo y metió un dedo poquito a poco, luego otro y al rato un tercer dedo. Me sentía aprisionado con su boca en mi pene y sus dedos dentro de mi culo.
Yo por mi lado, no me quedaba atrás y seguía metiéndole mi lengua, mi rostro y mis dedos en su vagina.
Fue un 69 fantástico. Nos vinimos casi al mismo tiempo y se tragó todo mi semen.
Al terminar, estuvimos conversando sobre los años que no nos vimos y el tiempo perdido sin vernos desde que regresó al país. Luego, empezamos a besarnos nuevamente, mi pene tomó fuerza otra vez y me monté encima de ella y nos unimos con pasión. Éramos animales con lujuria reprimida. Luego, ella se voltea y se pone en cuatro, sobre sus rodilla y sus codos. La vista de ese culo me puso más caliente. Se lo metí hasta el fondo en la vagina y cabalgamos juntos hasta cansarnos.
Mi mayor sorpresa, fue cuando me levanté en la mañana y fui al baño desnudo. Me encontré a su hija en el pasillo, ya hecha una mujer, graduada y con profesión. Muy guapa. No es delgada, tiene sus carnes. Pero, no es obesa. Tiene una bella forma. Además, a través del suéter que usaba de pijama, se le notaban los pezones de dos grandes tetas. Se me queda mirando con una sonrisa y luego baja la mirada con pena, me mira el pene y se va rápido a su habitación. De ver lo guapa que era, se me empezó a poner duro el pene y me fui rápidamente a la habitación.
Cuando regresé a la habitación de Doris, le dije que me retiraba por hoy. Había encontrado a su hija en el pasillo desnudo y me sentí incómodo.
Ella me dijo, que no me preocupara, que ella conversaba con su hija. No sabía que ella estaba en casa.
Pasaron los días y volvimos a salir el siguiente fin de semana. Esta vez, fue algo más tranquilo. Fuimos a comer, vimos una película en el cine. Conversamos y reímos.
Cuando regresamos a su casa me dijo que me tenía una sorpresa. Solo debía seguir sus indicaciones sin discutir.
Al entrar, cerró la puerta, me dio un beso de lengua bien apasionado. Dio un paso hacia atrás y empezó a quitarse la ropa poco a poco. Me miraba con picardía y una sonrisa. Quise ayudar y me dijo que me quedara de pie observando. Luego, empezó a quitarme la ropa hasta quedar desnudo. Yo estaba caliente y con ganas de cogerla y meterle mi pene .
Pero, ella me indicó que me recostara en la cama. Ella se sentó encima mío sin meterse mi pene solo lo zurraba con sus nalgas y su vagina. En un momento, me pregunta, “te gusta lo que ves?”. Yo le dije, «Siiii», “No seas mala y siéntate ya, quiero sentirme dentro de ti”.
Ooooo, cuál es la prisa?, recuerda que tienes que seguir mis indicaciones sin discutir – me contestó ella-.
Al lado de la almohada, tenía algo. Ella se inclinó sobre mi y tomo una pañoleta grande y un antifaz. Me vendó los ojos y me colocó el antifaz. Así que no podía ver nada.
Le quise preguntar algo y solo pude balbucear una palabra “Pero,..”, cuando me dijo., “sin peros, tu haces hoy todo lo que yo diga”. Y siguió su juego.
Tomó una de mis manos y le puso una cinta. Sentí un ruido de velcro ajustandose en mi muñeca. Y luego la otra mano. Me amarró a la cabecera de la cama. Después, bajó a mis pies. También los ajustó con velcro y me dobló las rodilla, así que no tenía las piernas extendidas, las ajustó a los lados de la cama.
“Ahora podemos empezar…” – dijo-
Como no podía ver nada. Solo sentí sus manos alrededor de mi pene y luego su boca. Dio unos lametazos arriba y abajo lentamente y luego fue recorriendo mi vientre con su lengua. Llegó y chupo mis pezones. Subió por mi cuello y empezó a besarme.
En un momento, dejo de besarme y bajó de la cama. Sentí que puso un líquido sobre mi pene. Se sentía como lubricante y lo esparcía por todo mi miembro.
Luego, sentí que se colocó encima mío y se metió mi pene en su vagina y empezó a cabalgarme. Algunos movimientos hacia adelante y hacia atrás, otros hacia arriba y hacia abajo. Estaba como loca. A veces rápidos, a veces lentos. Se sentía el ruido de nuestros jadeos y el ruido de la cama. Solo oía que decía “Siii.. Que rico…, Estas rico”.
En un momento de euforia, sentí que ella se inclinó hacia adelante y puso sus tetas sobre mi rostro. Sentí el golpe de las tetas y empecé a lamer, chupar y mordisquear. Ella ponía sus pezones en mi boca y yo jugaba con ellos.
Noté que, cuando hablaba tenía un tono de voz un poco diferente al de costumbre. Pero, no le hice caso, ya que estábamos gimiendo y disfrutando el momento.
Pero, cuando se vino.. Dio un largo “aaaaahh…siii” y se recostó un momento. Luego, se paró de la cama.
Todo lo razoné mientras estaba acostado y amarrado a la cama. Esas tetas espectaculares no eran de Doris. Sus tetas son más proporcionadas a su cuerpo. La que tiene las tetas enormes es su hija.
En un momento escuché, “te gustó?”.
Solo atiné a decirle en la oscuridad de mis ojos, “claro que me gustó.. Tu hija tiene un cuerpo espectacular. Tanto como el de su madre”.
Si?, cómo te diste cuenta? – me dijo.
Bueno, tu tienes unos senos muy especiales. Pero los de tu hija son increíbles. Y tienen un sabor diferente.
Y ya terminamos? – pregunté -.
Noooo.. Es temprano todavía. Tu te quedas ahí como un buen chico. – dijo-.
Pasaron unos minutos mientras nos reíamos y ellas disfrutaban verme amarrado a la cama.
Entonces, sentí que una se sentó encima de mi rostro y me puso su vagina en mi boca.
Seguido, sentí que la otra se sentó encima de mi pene y se lo metió poco a poco.
Ambas empezaron a moverse encima mío mientras yo le lamía todo el clítoris, los labios y metía mi lengua en lo más profundo de ella. No estaba seguro, pero creo que oí besos y ruidos de caricias. Tal vez fue el morbo de mi imaginación que me hizo pensar en madre e hija besándose, chupándose y acariciándose, pero esa imagen en mi mente me tenía a mil.
Juraría qué Doris era la que montaba mi pene y Kathya estaba en mi boca.
Pasado un rato, la que estaba montando mi pene, se levanta y se voltea y vuelve a meterse mi pene. Pero, con su rostro mirando hacia mis pies. Ella se mueve hacia arriba y hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás. Es una máquina de placer en movimiento. La otra, estaba más quieta y sus movimientos más lentos sobre mi rostro.
Lentamente hacia adelante y hacia atrás.. Yo le dejaba mi lengua lista para que la sintiera al moverse.
Que lástima, no podía ver. Quería saber cuál era cual.
En un momento, la que estaba sobre mi pene empezó a agarrarme los testículos y a jugar con ellos. Era una sensación eléctrica e intensa. Luego, bajó una mano y me movió una pierna a un lado y con la otra metió un dedo. “uuuuummm está apretadito..” – dijo-
Por el tono de su voz, asumí que era Doris la que cabalgaba mi pene y me metía un dedo.
Estuvimos así un buen rato. Hasta que Doris y yo nos vinimos. Kathya, todavía con la resistencia de su juventud, no terminaba. Así que, hice mi mejor esfuerzo con mi rostro y la hice venir diez minutos después.
Les pedí que me soltaran para poder ir al baño. El resplandor de la luz en el cuarto me incomodó unos segundos. Pero, cuando regresé, las veo a ambas madre e hijas recostadas en la cama riéndose y tocándose. Doris acariciaba un seno de Kathya y cuando me vieron se dieron un beso y volvieron a mirarme con una sonrisa de complicidad. “Vienes?” me preguntó Doris.
Me acerqué a la cama y me quedé de pie. Ellas se arrodillaron y empezaron a lamerme y chuparme el pene y mis testículos. Una chupaba la cabeza de mi pene, la otra bajaba lamiendo hasta mis testículos, luego subía y se daban un beso con la cabeza de mi pene en medio. Doris hizo a un lado a Kathya y empezó a chupar y meterse mi pene hasta el fondo de su boca. Entra y sale, mueve su cabeza hacia adelante y hacia atrás, como si le estuviera enseñando a su hija, Se le veía un rostro mojado de saliva y mis fluidos. Mientras me agarra las nalgas y las aprieta con sus manos y las aparta y las cierra nuevamente.
Creí que se había cansado cuando se hizo a un lado y Kathya tomó su lugar chupando y mamando mi pene. Pero, Doris no había terminado.
Se colocó arrodillada detrás mío y con las manos me abrió las nalgas, metió su rostro y empezó a lamerme el culo y a puntear con su lengua mi ano como si quisiera meterla. Lamió y le puso bastante saliva, le metió un dedo, lo sacó, volvió a meter su lengua. Era una sinfonía de ruidos de Kathya chupando y mamando mi pene y su madre detrás mío escupiendo en mi culo y metiendo su lengua. Yo era el juguete de ambas.
Hasta que por fin me vine, Kathya se bebió todo el semen que salió, luego ambas se abrazaron y se besaron con pasión. Esa imagen de las dos abrazadas con sus senos apretándose los unos a los otros y sus brazos alrededor de sus cuerpos hacia que la cabeza me quisiera explotar. Pero, mi cuerpo no daba más. Tuve que esperar como media hora para reponerme y aguantar otra ronda de placer.
Esa noche no dormí. Vinimos a dormir como a las 5:00 am y me sentí como un Dios abrazado por dos mujeres hermosas, madre e hija.
Espero, que hayan disfrutado mi relato.
Consejo, hagan ejercicio y coman sano. Cuando lleguen a los 60 años, tendrán un nuevo comienzo. Los 60 son los nuevos 20.
Nota: Los nombres han sido cambiados para respetar la privacidad de ambas.