. ¿crees que eso te motivaría lo suficiente para ser el mejor de tu clase?
Mateo sintió que el aire le faltaba. La sola idea de que su madre, la mujer más imponente y hermosa que conocía, fuera su guía, hizo que su pulso se disparara.
—Sí, mamá... te juro que haría lo que fuera
Sin pedir permiso, Isabel se acercó y, en lugar de sentarse en la silla de al lado, se acomodó directamente sobre el regazo de Mateo. El joven sintió el peso delicioso de su madre y el calor de su piel a través de la delgada tela del vestido.
Isabel giró la cabeza para buscar los labios de su vástago, encontrándolos en un beso desesperado que sabía a rendición. Sus manos buscaron las de su hijo, guiándolas hacia adelante para que él pudiera estrujar sus pechos grandes mientras seguía castigando su trasero con ese roce rítmico y obsceno de