Relatos eróticos de Guatemala

180 relatos

Madre confundida e hijo perseverante II

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La narradora es madre Y terapeuta auto-impuesta: convierte el incesto en “tratamiento” para la masturbación compulsiva del hijo. El lector queda atrapado no solo por el acto, sino por la forma en que ella traduce cada paso en un supuesto deber clínico que se desmorona palabra tras palabra.

Madre confundida e hijo perseverante I

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El “semen como firma”: la madre se queda con la mano “manchada” de leche, la lleva a su cuarto y se masturba “imaginando la polla gorda de mi hijo abriéndose paso en mí”. El acto no es solo sexo; es un contrato tácito: ella lo ordeña, él la nombra, y ambos firman con líquido la nueva relación.

Enfermera reprimida y vigilante osado

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El uso del uniforme de enfermera como contraste: la “sanadora” termina siendo la “putita del sótano”. La frase final —“avergonzada de que ya estuviera contando las horas”— convierte la humillación en necesidad; la vergüenza se vuelve adicción.

Suegro malicioso y nuera hipócrita

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El uso del sonambulismo como máscara de consentimiento: don Raúl no necesita amenazar ni atar; basta con la ilusión de “no despertar al sonámbulo” para que Valeria acceda. El beso final en la cocina, con la nalgada y la promesa de “guiarte despacio”, convierte la infidelidad en pacto erótico y casi

Aventuras por el mundo - Elena

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Ella hacía todo lo posible por resaltarlos y ahí, con el calor de prácticamente todo el año, la labor era fácil. Desprenderse del sujetador y dejar sus pechos completamente libres sería una gran apuesta. Después el tiempo y la excitación harían resaltar esa parte de su anatomía, que muchos y muchas

Aventuras por el mundo. Fatma

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Raudo el entrevistador, pasó su dedo pulgar entre los labios de Fatma para recoger esa gota y llevarla a su boca. Fatma exhaló un gemido casi imperceptible, abriendo sus ojos desmesuradamente. El fino sujetador de raso negro marcó con descaro los gruesos y largos pezones de Fatma.

La madura de la playa

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No la dejé terminar y volví a descargar con fuerza sobre ella. Ahora no dijo nada, simplemente se sujetó con fuerza a mis piernas. Tres azotes más terminaron con esa tanda, mientras mi mano se introducía en su húmedo coño, pude apreciar mis dedos marcados en ese blanco culo.

Paseo en metro

2,089 4,00 (1 voto)

Sin terminar de quitarme la ropa, me posicioné entre sus piernas y empecé a lamer, ese aún húmedo coño. Abrí sus labios vaginales con mis dedos y me dediqué a su coño por entero. Lo lamía sin prisa de arriba abajo, hasta que me quede a vivir en su clítoris. Los gemidos de la muchacha cada vez eran m

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