Capítulo 5

Al día siguiente era jueves y todo cambió. Mi mamá había pedido el día libre en el trabajo porque tenía que hacer unos trámites, así que estaba en casa desde temprano. Andrés y yo lo sabíamos, pero la calentura era tan fuerte que igual decidimos arriesgarnos.

En el colegio casi no hablamos. Solo nos mirábamos de reojo y yo sentía el culo todavía sensible del día anterior. Cada vez que me sentaba recordaba cómo me había follado Andrés y se me ponía dura al instante.

Al salir del colegio caminamos rápido hacia mi casa, pero esta vez con más cuidado. Al llegar, mi mamá estaba en la sala viendo televisión. Nos saludó normalmente y nos preguntó cómo nos había ido en el colegio. Le dijimos que bien y que íbamos a subir a “hacer un trabajo de grupo” en mi cuarto. Ella solo asintió y nos dijo que si necesitábamos algo la avisáramos.

Subimos las escaleras lo más rápido que pudimos sin hacer ruido sospechoso. Apenas cerré la puerta de mi cuarto, Andrés me empujó contra ella y me besó con desesperación, metiendo su mano directo dentro de mi pantalón y agarrándome la verga ya dura.

—No hagas ruido —le susurré entre besos—, mi mamá está abajo.

Él sonrió con picardía y me dio la vuelta, pegándome la cara contra la puerta. Me bajó los pantalones hasta las rodillas y escupió en su mano. Sentí sus dedos frotando mi agujero otra vez. Estaba todavía un poco abierto y sensible del día anterior, así que entró dos dedos con facilidad. Yo mordía mi labio para no gemir.

Andrés se bajó el pantalón, sacó su verga gruesa y caliente y la frotó entre mis nalgas. Presionó la cabeza contra mi entrada y empujó despacio. Esta vez no me la metió de golpe. Entró centímetro a centímetro, lento pero profundo, mientras yo apretaba los puños contra la puerta.

Estábamos follando de pie, contra la puerta cerrada. Cada vez que él empujaba, la puerta crujía muy bajito. Yo intentaba quedarme callado, pero se me escapaban gemiditos ahogados cada vez que me la metía hasta el fondo.

en ese momento él se inclina hacia mi y se pega a mi cara lo mas que pudo y con una mano sostenía mi cabeza y con otra mi cuerpo mientras me penetraba

De repente, escuchamos pasos subiendo las escaleras.

Mi corazón se aceleró como loco. Andrés se quedó quieto dentro de mí, su verga palpitando en mi culo. Los pasos se detuvieron justo frente a mi puerta.

—¿Todo bien, hijo? —preguntó mi mamá desde el otro lado.

Yo tardé un segundo en responder, tratando de controlar la voz:

—Sí… mamá… estamos trabajando.

—¿Seguro? Escuché ruidos raros.

Andrés, muy cabrón, empezó a moverse otra vez muy despacio, sacándola casi toda y metiéndomela otra vez con movimientos cortos y profundos. Yo tuve que taparme la boca con la mano.

—No… no es nada… es la silla… que se mueve —respondí con la voz entrecortada.

Mi mamá se quedó unos segundos en silencio. Andrés seguía follándome lento pero constante, rozándome con cada empujón. Yo estaba a punto de volverme loco.

—Bueno… si necesitan algo bajen. Voy a preparar algo de comer —dijo finalmente, y escuchamos sus pasos alejándose escaleras abajo.

En cuanto los pasos desaparecieron, Andrés me tapó la boca con una mano y empezó a follarme con más fuerza. El sonido de su pelvis chocando contra mi culo era inevitable, aunque intentábamos hacerlo lo más suave posible. Yo gemía contra su mano, los ojos en blanco.

Me sacó de repente, me llevó a la cama y me puso boca abajo. Me subió las piernas y me la metió otra vez de un solo empujón. Ahora podía moverse mejor. Me follaba con embestidas profundas y rápidas, tratando de no hacer mucho ruido con la cama, pero era imposible. El colchón rechinaba con cada movimiento.

Yo tenía la cara enterrada en la almohada para ahogar los gemidos. Andrés se inclinó sobre mí y me susurró al oído:

—Te voy a llenar otra vez… ¿quieres mi leche?

Yo solo asentí desesperado.

A los pocos minutos sentí que él se tensaba. Me dio unas cuantas embestidas más fuertes y se corrió dentro de mí con un gruñido bajo, soltando chorros calientes que sentí perfectamente. Eso me hizo correrme también, manchando las sábanas sin casi tocarme.

Nos quedamos quietos unos segundos, recuperando el aliento. Su verga todavía dentro de mí, latiendo.

Cuando se salió, un buen chorro de semen me corrió por las piernas. Rápidamente nos limpiamos como pudimos con toallas y nos vestimos. Bajamos a la sala como si nada, aunque yo caminaba raro y sentía su leche saliendo poco a poco de mi culo.

Mi mamá nos miró un segundo más de lo normal, pero no dijo nada.

 

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