Capítulo 4

Al día siguiente (miércoles) el colegio se me hizo eterno. Andrés y yo apenas nos mirábamos en clase, pero cada vez que cruzábamos la mirada sabía exactamente lo que estaba pensando. Yo todavía sentía el sabor de su leche en la boca y el ardor que me había dejado en el culo después de habérmelo metido todo el día anterior. Caminaba raro y cada vez que me sentaba sentía un vacío caliente que solo quería volver a llenar.

Al salir del colegio no dijimos nada. Solo nos miramos y caminamos rápido hacia mi casa. Mi mamá trabajaba hasta tarde ese día, así que sabíamos que teníamos al menos tres horas libres.

Nada más cerrar la puerta de mi cuarto, Andrés me empujó contra la pared y me besó con fuerza, metiéndome la lengua hasta la garganta. Sus manos bajaron directo a mi culo y lo apretaron fuerte por encima del pantalón.

—Hoy te voy a follar de verdad —me susurró al oído, con la voz ronca.

Yo solo asentí, ya estaba temblando de excitación. Me quitó la sudadera y la camiseta en un solo movimiento. Me dio la vuelta, pegándome la cara contra la pared, y me bajó los pantalones y el bóxer de un tirón. Sentí su verga dura rozándome entre las nalgas, caliente y palpitante.

Andrés escupió en su mano y empezó a frotar mi agujero con dos dedos. Yo gemía bajito, empujando el culo hacia atrás. Me metió un dedo, luego dos, abriéndome con movimientos rápidos y ansiosos. No estaba siendo suave como el día anterior. Estaba desesperado.

—Date la vuelta —ordenó.

Me giré y me arrodillé frente a él. Le bajé el pantalón y su verga de 18 cm saltó directo a mi cara, ya mojada . La agarré con las dos manos y se la chupé con ganas, tragándosela lo más profundo que podía. Andrés me agarró del cabello y empezó a follarme la boca con movimientos cortos y fuertes, haciendo que babeara por todos lados.

Después de un par de minutos me levantó, me empujó sobre la cama y me puso en cuatro. Escupió varias veces en mi culo y en su verga. Sentí la cabeza gruesa presionando contra mi agujero. Empujó despacio al principio, pero en cuanto entró la cabeza solté un gemido fuerte y él no se detuvo. Me la metió toda de una sola estocada.

—¡Ahhh! ¡Joder! —grité, apretando las sábanas.

Andrés se quedó quieto un segundo, dejando que me acostumbrara, pero pronto empezó a moverse. Primero lento, sacándola casi toda y volviéndomela a meter hasta el fondo. Luego más rápido. El sonido de sus caderas chocando contra mi culo llenaba toda la habitación.

Me follaba con fuerza, agarrándome de las caderas. Cada vez que me la metía hasta el fondo yo soltaba un gemido ronco que no podía controlar. Andrés se inclinó sobre mí, mordiéndome el hombro

en ese momento me dice espera y se acuesta él en la cama y me subo sobre él.

—Te encanta que te dé verga, ¿verdad? Dilo.

y lo decía gritando

—Sí… me encanta… ¡fóllame más duro! —respondí entre gemidos. casi gritando

en ese momento yo solo saltaba sobre él y eso se sentía ya que es rechinar de la cama se podía escuchar todo y yo en ese momento solo sentía como subía y bajaba a toda velocidad mientras mi cabello se movía todos lados sin un orden aparente

yo solo tenia los ojos cerrados y gritaba haaa haaaaa haaaaa

y mi verga se movía para todos lados

y mi culo rebota en sus piernas y eso podía sentirlo y se muy bien que el tambien

y el tambien pero solo decia joder joder

y el ruido de la cama que se comía toda la casa

Cambió de posición. Me puso boca arriba, me levantó las piernas y me la metió otra vez de un solo empujón. Ahora podía verme la cara mientras me follaba. Sus ojos estaban oscuros de deseo. Me masturbaba al mismo ritmo que me penetraba.

No aguanté mucho. A los pocos minutos sentí que me venía y empecé a correrme sin tocarme, echando chorros fuertes sobre mi pecho y mi estómago. Andrés siguió follándome sin parar, cada vez más rápido, hasta que soltó un gruñido fuerte y se corrió dentro de mí. Sentí cómo su leche caliente me llenaba el culo, chorro tras chorro.

Se dejó caer sobre mí, los dos sudados y respirando agitados. Su verga todavía palpitaba dentro de mí.

Después de un rato se salió despacio. Un hilo de semen salió de mi agujero y cayó sobre las sábanas. Andrés sonrió satisfecho y me dio un beso largo.

—Esto recién empieza —me dijo.

Ese día nos duchamos juntos y repetimos una vez más antes de que tuviera que irse. Pero ahora ya no era solo una paja o una mamada… ahora éramos dos amigos que ya no podían parar de follar.

 

Paja a mi amigo

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