Esta historia, real por cierto, me sucedió un día que estuve libre del cole y decidí pasar mi tiempo viendo tele y jugando pelota con mis amigos. Todo inicia cuando mi mamá me despierta temprano, pues ella trabaja todo el día y siempre me prepara el desayuno mientras yo me doy un baño. Ella me dejó el almuerzo listo, me dio un beso y salió de la casa mientras yo me acostaba en el sofá solo con la ropa interior, dispuesto a ver una serie animada en la tele.
Un rato más tarde llegó a la casa mi primo para invitarme a jugar en el campo, ya que se estaban armando los equipos. Le dije que prefería estar en casa viendo la tele y que lo invitaba a desayunar, que más tarde podría ser que saliera a jugar. Así que aceptó quedarse y se sentó a mis pies en el sofá, cosa que me hizo poner en posición fetal para continuar acostado.
Todo pasaba de lo más normal: veíamos la tele y hablábamos. Luego de un rato decidí buscar pan, queso, jamón y café para preparar el desayuno. Al levantarme, mi primo se quedó viendo ya que solo tenía puesto mi ropa interior. Al regresar puse todos los ingredientes en la mesita de centro y desayunamos. Para luego volver a acostarme y él sentarse a mis pies. Pero esta vez sentí que, mientras hablábamos, su mano derecha se pasaba sobre mi pierna y me acariciaba. En ese momento pude haber dicho algo, pero algo en mí disfrutaba el momento, así que lo dejé seguir.
Poco a poco su mano subió por mi muslo hasta tocar mis nalgas sobre la ropa interior. En ese momento el tiempo se detuvo. Sentí su mirada y se quedó callado. Yo me acomodé en el sofá permitiendo exponer un poco más mis nalgas y dándole mi aprobación a lo que estaba por suceder. Así que continuamos en silencio: yo disfrutando sus caricias y él dirigiendo su mirada a la tele, pero su mente puesta en mí.
Me volví a acomodar y sentí como su respiración estaba cada vez más acelerada. Así que le pregunté:
—¿Se te paró?
Él solo me miró y me asomó su pene tratando de salir por su short. Se veía duro, parado, moviéndose e invitándome a dejarlo libre. Así que me cambié de posición y me acosté en sus piernas. Mi primo solo me acarició la cabeza y su mano volvió a acariciarme las nalgas.
No tardé en pasar mis dedos sobre el short tocando lo duro de su pene. Entre toque y toque lo saqué de allí, mirando lo lindo que lo tiene. Agarrándolo, lo pasé por mis labios y dejé que mi lengua se pasara sobre su cabeza. Sentí como se movía y también como la mano ya estaba por debajo del interior, rozando piel con piel.
Fue allí cuando me agarró las nalgas y sus dedos fueron abriéndose paso hasta tocar mi culo. Suavemente me acarició mi huequito, cosa que me hizo estremecer. La excitación me llevó a meter su pene en la boca y darle una increíble mamada.
Estuve un rato saboreando su pene y sus líquidos mientras él se mojaba los dedos. Ya no eran caricias: poco a poco los fue metiendo en mi culo, primero uno y luego dos, hasta que pudo meter tres dedos. Para ese momento mi cuerpo se había acomodado y mi culo se encontraba abierto para su placer.
Como ya no aguantaba más, le dije que quería que me la metiera. Me levanté quitándome el interior mientras él se desnudaba y me puso en cuatro allí mismo en el sofá. Subí una pierna y él se colocó de forma que sentía la cabeza de su pene rozando mi culo y abriéndolo hasta que sentí como iba entrando y como sus caderas me tocaban cuando sus manos me sujetaron y él pudo meterlo completo. Allí gemí de placer al sentirlo dentro. Al inicio suave, pero mientras nos íbamos excitando me fue penetrando cada vez más duro.
Me sentía increíble disfrutando cuando mi vecino llegó a buscarnos para jugar. Tocó y entró en la casa y, claro, nos vio en pleno acto: él con su pene dentro de mi culo. La primera reacción de él fue pedir perdón y la de nosotros fue sentarnos, pero ¿qué más podíamos hacer si ambos estábamos desnudos?
Con pena le pedimos que no dijera nada. Mi primo trató de buscar su ropa, pero mi vecino nos tranquilizó diciendo que él no diría nada, pero… ya sabrán… quería unirse. Debo decir que mi vecino es mucho mayor que nosotros.
Mi primo me miró y yo le dije que sí, pero que realmente nadie se enterara. Él se fue quitando la ropa y nosotros nos acomodamos en el sofá mientras se hacía la paja para pararse el pene. Yo lo detuve acariciándolo y mamando su pene, al principio flácido, pero sentía como crecía en mi boca. Su pene es más grande y grueso, así que me costaba meterlo todo.
Mientras se lo mamaba, mi primo y él se besaban. Luego me incluyeron en los besos mientras con cada una de mis manos tocaba y acariciaba cada pene.
Me volví a poner en cuatro sobre el sofá y mi primo fue quien me penetró mientras yo le seguía mamando a mi vecino. Así estuvimos: él en mi boca y mi primo en mi culo, hasta que se intercambiaron.
Él me mojó más el culo, metió dos de sus dedos y los movió dentro mientras ya yo tenía el pene de mi primo en la garganta. Sentí como su pene iba entrando y saliendo cada vez un poquito más y más… Entraba y salía y al entrar de nuevo iba más adentro. Sentí como una pequeña molestia por su tamaño, pero me dijo:
—Tranquilo, ya lo metí todo.
En eso me asombré y le comenté que si eso era verdad. Me dijo:
—Siente esto —y lo empujó dentro.
Eso me hizo estremecer y gritar ya que me tocó lo más profundo de mi culo, haciéndome sentir un placer indescriptible. Ufffffff, me dio risa, ¡qué tremenda cogida!
Sus bolas chocaban contra mi culo y las de mi primo en mi mentón. Ambos estaban muy excitados y me daban duro hasta que él terminó y me sujetó de las caderas y lo metió completo. Sentí toda su leche caliente dentro de mí. En eso mi primo sacó el pene de mi boca y acabó en mi cara. Me llenó los ojos de leche y sentía como corría hacia mis labios.
Ambos suspiraron y quedaron sudados, cansados y libres. Me incorporé y quise ir al baño, pero mi vecino me detuvo. Me dijo que solo me limpiara la cara y que nos fuéramos a la cama así como estábamos. Entramos en la habitación y nos acostamos en la cama. Sus penes aún estaban duros, así que luego de un momento de caricias y besos sentí como mi vecino se puso sobre mí, me abrió las nalgas y me cogió. Esta vez mi culo no puso resistencia: su pene se deslizó suavemente dentro de mí. Tenía el culo muy abierto y mojado, no sentí ninguna molestia y el placer de sentirlo fue increíble. Me gocé cada movimiento, me retorcí de placer y me hizo mover de una forma que no sabía que podía. Eso lo hizo empujarme el pene más y más profundo.
Mi primo solo nos veía y se hacía la paja. Luego él paró, no quiso terminar y mi primo se puso sobre mí y también me cogió. Sentía divino ambos penes, sentía sus movimientos y sentí como mi primo no pudo más y acabó dentro con un gran suspiro mientras yo sentía tanto que grité de placer.
Cuando mi primo se levantó, mi vecino me puso de lado y me lo volvió a meter. Ya mi culo estaba demasiado grande, rico, mojado de sudor y semen. Él me lo metió tanto que acabó en esa posición, me abrazó y besó mientras movía su pene botando toda la leche dentro. Luego se levantó y me metió el pene en la boca para que se lo chupara y sentí algo de su leche en mi boca.
Nos vestimos y ellos salieron de la casa mientras yo me daba una ducha, limpiando mi culo y dejando salir un río de semen.