Tuve la suerte de tener un bonito derrier, un culo formado que causaba provocaciones a cualquiera. Un día, yendo al centro en el bus, estaba lleno y parado. Sentí que un joven con lentes estaba bien pegado detrás de mí y su pinga parada rozaba mi culo. En ese tiempo estaba un poco gordito y mi culo era más gordito, parecía arrecho. Con mi mano acerqué a tocarlo. Y la verdad estaba arrecho. Se acercó a mi oído diciendo: “Soy Jairo, vamos al hotel, quiero ese culo”. Le respondí que ya, pero que cobraba. Me dijo que ya. Bajamos y fuimos a un hotel donde entraban parejas gay, se llamaba Paraíso. Fue la primera vez que entré a ese hotel. Nos desnudamos y me dijo que tenía un gran culo mientras me abalancé a su pinga y lo mamé. Puso su celular a video y me grabó cachando hasta eyacular sobre mi espalda. Estuvo rico.
Luego de eso abrió la puerta de la habitación y entraron 3 personas. Me asusté. “Queremos tu culo, amor”, me dijeron. Jairo les hizo pasar diciendo que era un culo goloso, que no había problema. Entraron, se desnudaron y uno a uno fueron cachándome. Estuvo súper rico mientras disfrutaba de mamar uno a uno mientras se turnaban en mi culo hasta eyacular uno a uno. Dejaron dinero entre mi ropa y salieron todos, a excepción de Jairo, quien me dijo que si quería, en la noche habría una orgía en su casa y si podía ir.
Esa noche me arreglé, me cambié y salí rumbo a la orgía. Supuestamente estarían 3 pasivos y 4 activos. Cuando llegué estaban los 4 activos, pero los pasivos no llegaban. Estaba solo hasta que llegó uno que se retiró de miedo con el pretexto de que regresaría en 20 minutos. Esa noche me cacharon los 4 turnándose en mi culo. Fue super sensacional mientras me grababan teniendo el culo súper satisfecho y adolorido, y me dieron dinero porque Jairo les había dicho que cobraba.
Todos los videos que Jairo grabó los encontré en una página de sexo gay. Después de un tiempo pensé descansar un tiempo hasta que se me pasara, hasta que un día, mientras estaba en un centro comercial, me encontré con un promoción de colegio que me saludó diciendo: “Hola Miguel, a los años”. Le dije que estaba acá tranquilo. Se dio cuenta de que era gay y me dijo: “Se ve que eres gay”. “Sí”, le respondí sin ambages, a lo que me contestó que quería cacharme. Le dije que ya. Fuimos a su hotel y me dio una gran cachada espectacular, incluido besos y abrazos que me enamoraron, para luego eyacular dos veces. Fue súper excitante esa situación con mi promoción.
Me pidió mi número, pero le di errado por miedo a enamorarme de él y porque me dijo que me cacharía siempre. Además, tuve miedo a que comentara esa situación mía a su familia y se divulgara. La verdad de todo pasó por mi mente, además me había gustado la pinga.
Salí rumbo a unas cabinas de internet donde decían que iban gays y me dieron la última cabina. Había una que estaba abierta, entré y me había confundido viendo a un activo con el pelo pintado masturbándose con una pinga más grande de las que me cachaban. Me asusté. Me tomó del brazo: “Ven”, me dijo mientras me tomaba de la mano. “Mamarlo”, me dijo. Mientras lo mamaba disfrutando del buen tamaño, me preguntó si tenía dinero: “Dame una propina y pagas el hotel para ir a algo privado”. No sé qué me pasó que acepté la propuesta. Salimos al hotel de al lado, entramos. Mientras por mi cuerpo pasaba un temor a recibir esa grande pinga, me hizo arrodillar. Mientras me metía la pinga en la boca con fuerza que me atoraba y soltaba tanta saliva que me asustaba. Fue la mamada más dura que había experimentado en mi vida, que salían lágrimas. “Ya, por favor, cacharme”, le dije. Trató de cacharme sin saliva que no entraba. “Estás estrecha, mi amor, mejor ya no!!!!!! Me duele”, le dije. “No me vas a dejar así, si no ha entrado”, me dijo. Me eché boca abajo mientras me mamaba el culo, hasta que subió sobre mí y se puso el condón y metió su pinga con fuerza que me hizo gritar del dolor. Mientras presionaba mi cuerpo contra la cama, tenía una gran fuerza. En tanto yo lloraba del dolor pidiendo que lo sacara, se movió despacio hasta que se movió como loco. La verdad que sentía la invasión de su pinga en las paredes de mi ano. Sacó su pinga, pensando que ya terminó, pero se había sacado el condón y metió de nuevo, que de nuevo grité del dolor. La verdad que estaba nervioso mientras besaba la espalda y cuello, sí entendí sus dientes rozar mi cuerpo hasta eyacular dentro mío, que lo sentí todo, que inundaba mi culo. Seguía moviendo y seguía eyaculando y sentí la leche salir por entre mi culo. Se puso a un costado mientras sentía que me ardía todo y los latidos del ano eran muy fuertes. Fue la penetración más dura que había sentido y experimentado. Volví a casa satisfecho pero a la vez adolorido. Fue una experiencia anal que me dejó marcado para siempre. Descansé por un tiempo del trauma que me causó.