Capítulo 1
Brujuleando en chats gay, encontré que se estaba organizando un encuentro muy especial. Era de libre participación con la excepción de los menores de edad. Se realizaría en una casa en el campo y el primer día sería para conocerse y romper el miedo y la vergüenza. Me apunté sin dudarlo ya que suponía para mí la realización de una de mis más persistentes fantasías.
La casa estaba en un paraje apartado y no había ninguna otra casa en un kilómetro a la redonda … era el sitio ideal para un encuentro de ese tipo. Llegué a media mañana del día indicado y ya había varios coches aparcados junto a la entrada. Me recibió un hombre de unos cuarenta años, simpático, muy bien vestido y de educación exquisita. Lo primero que me dijo era que estaba totalmente prohibido cualquier tipo de identificación, incluyendo el nombre de pila. Nos conoceríamos por un pseudónimo y yo elegí «Maldoror» para mí. Tras darme la información de funcionamiento, me enseñó la casa y me llevo a mi habitación que la tendría que compartir con otros dos miembros. La despensa y la nevera estaban llenas y me fijé en los vinos que eran de excelente calidad. Todo indicaba que esos días disfrutaríamos todos los placeres corporales… y sexuales.
Al mediodía ya habían llegado todos los participantes y en total éramos 12. En la comida nos fuimos presentando todos, pero sin datos personales. Contábamos cuáles eran nuestras expectativas y muy someramente, cuál era nuestro trabajo. En general eran muy educados y con apariencia de disfrutar de un alto poder adquisitivo. Por privacidad no había personal de servicio y todo lo teníamos que hacer nosotros. La idea inicial era permanecer en la casa una semana, pero se podría renovar durante todo el tiempo que se quisiese, siempre que hubiese un mínimo de participantes que lo deseasen. Cada día se organizarían dos sesiones, una por la mañana y otra por la noche y cada una de estas sesiones era de libre participación, pero como mínimo había que asistir a una de ellas. El salón era el lugar para las orgías y había una escalera que bajaba a un sótano que era el llamado «cuarto oscuro» que era donde se practicaría el sexo duro y guarro, sin límites.
Tras la comida se fué animando el ambiente e incluso hubo ciertas actuaciones procaces que provocaron la distensión y las risas de todos. Cuando ya nos conocíamos todos mejor se procedió, por sorteo, al reparto de las habitaciones. El resto de la tarde lo dedicamos a colocar nuestras cosas y a pasear por los alrededores con los compañeros de habitación. De compañero me tocó un tío de unos treinta años que no me pareció especialmente guapo pero sí simpático y con buen cuerpo Y lo que sí me gustó mucho fue que se veía bastante peludo y siempre me han excitado mucho los chicos peludos.
La cena fue ligera para no estar embotados en la primera sesión nocturna, pero sí degustamos excelentes vinos que nos ayudarían a dejar de lado las reglas sociales. Al terminar la cena, pasamos todos al salón y el coordinador nos dijo que a partir de ese momento, todo era libre y permitido. Se apagaron las luces, excepto unas indirectas que procuraban un ambiente relajado. El salón estaba lleno de colchones, sillones y cojines, y en los rincones había mesas con todo tipo de bebidas, dulces y chocolates. Todos los participantes estábamos tumbados y aunque estábamos calientes no nos decidíamos a ser los primeros en comenzar todas esas cosas que estábamos deseando hacer porque estábamos nerviosos. A mi lado había un hombre de unos treinta y pico años que me gustaba mucho pero no me atrevía a iniciar nada. Él se estaba acariciando el paquete y me miraba con clara insinuación. Yo comencé a acariciarme también el paquete sin dejar de mirarle a los ojos y entonces él me dijo que si me apetecía podía acariciármelo él. Le contesté que me encantaría que iniciásemos algo ya que me parecía muy guapo y muy sexy. Él se sonrió y se acercó a mi y comenzó a sobarme el paquete. Yo cerré los ojos y me concentré en esas caricias. Luego le devolví las caricias y noté que el paquete le crecía rápidamente y entonces, no sé por qué, pero perdí los nervios y la timidez y acercándome más le besé en los labios. Él me respondió metiendo su lengua en mi boca y a partir de ese momento nos entregamos a un intercambio de besos y caricias. Nos arrancamos la ropa y nos restregamos con voluptuosidad, sin dejar de morrearnos y de compartir nuestras salivas. Ya no tenía miedo a nada y me encontraba muy lanzado y sin decirle nada comencé a chuparle los sobacos que eran muy peludos y me encantó el sabor de su sudor. Más animado le pedí que me echase un buen lapo en la boca y me soltó un salivazo caliente y espesito en la boca, que yo saboree y tragué con satisfacción, Él comenzó a chuparme la polla y se la metia en la boca entera, hasta que los huevos chocaban en sus labios y eso me disparó el deseo. Me acerqué a su ojete y se lo chupé con ganas, metiendo la punta de la lengua bien adentro. Los dos estábamos ya sin freno y a punto del orgasmo, pero entonces me dijo que mejor debíamos descansar un poco para hacer más largo el placer. Nos separamos y observamos a los demás que también estaban ya desinhibidos y disfrutando de sus sexos.
Cerca de nosotros había un chico más joven que estaba solo y se masturbaba mirando a los demás. Debía tener unos 24 o 25 años y tenía una polla no muy larga, pero si muy gorda, que emergía de una maraña de pelos rizados. Miré a mi compañero y le dije que si llamábamos al chaval para hacer un trio y me dijo que podía ser una muy buena idea. Lo llamamos y mientras mi compañero le chupaba la polla, yo comencé a chuparle el ojete que también era muy peludo. Pronto se relajó y su esfínter se distendió y yo pude meter parte de mi lengua en su ojete y disfruté saboreandolo por dentro. El intenso sabor acre de su ojete me disparó el deseo y sin previo aviso le metí la polla en su delicioso culo y lo bombeé con fuerza hasta eyacular. Entonces nos tumbamos boca arriba mi compañero y yo y le dijimos al chaval que soltase la leche de su ojete en nuestras bocas … fue realmente delicioso saborear mi leche mezclada con el sudor del ojete del chaval y mi compañero, sin decir nada, me folló a lo bestia con su polla gorda y dura. Cuando mi culo quedó lleno de su leche, el chaval dijo que la quería en su boca y yo le pedí luego que me la pasase a mi boca bien mezclada con su saliva. Ya estábamos totalmente lanzados y cada vez queríamos cosas más intensas, pero antes teníamos que descansar y reponernos. El chaval dijo que se iba a mear y que volvía enseguida, pero se lo prohibimos … le dimos un vaso para que se mease dentro y al terminar nos bebimos esa delicia entre los tres, pasando cada trago de una boca a otra y luego a la tercera.
La verdad es que formábamos un estupendo trio y me gustó descubrir que yo no era ningún bicho raro por gustarme mucho el sexo cerdo … al parecer era mucho más corriente de lo que yo creía y la muestra era que a los tres nos gustaba cerdear. Mi única duda era cual de los tres se atrevería a llegar más lejos en el cerdeo. Pero todo llegaría a su debido momento, a fin de cuentas estábamos en la primera sesión del primer día y ya habíamos hecho cosas más atrevidas de lo que yo pensaba al llegar. De mutuo acuerdo nos levantamos para pasear y ver lo que hacían los demás. Más o menos, todos hacían las mismas cosas que habíamos hecho nosotros, pero me pareció delicioso que según íbamos paseando nos solían acariciar en el culo y en la polla los que estaban tumbados y algunos nos pedían que nos sumásemos a ellos. Al que más propuestas le hacían era al chaval joven y era fácil de entender porque la verdad es que estaba buenísimo. El sonreía a todas las propuestas que le hacían y no se negaba a nada.
Poco a poco, comenzaron a unirse las parejas y tríos para formar un solo grupo, en el que estábamos todos. Era tal la unión que era difícil distinguir la individualidad de cada uno. Era un conjunto de brazos, piernas, pollas, culos … y el roce de los cuerpos era maravilloso. Sudábamos mucho y se fue formando un aroma intenso y acre que nos rodeaba a todos y nos resultaba el mejor afrodisíaco. Yo me sentía inmerso en esa mezcla de sexo y sudor, de saliva y semen, de sutil dolor e inmenso placer. Creo que todos habíamos perdido la noción del tiempo y, además, a veces caíamos en una especie de desmayo que nos permitía descansar un poco, pero pronto salíamos de ese desmayo reparador porque una polla nos invadía el culo o una boca nos ordeñaba la polla con desesperación.
Era ya de madrugada cuando me desperté y vi que algunos se habían ido a sus habitaciones y los que quedaban estaban dormidos. Me invadía el cansancio y la felicidad y decidí irme a dormir a la habitación. Al entrar vi a mi compañero que estaba dormido, pero con una erección tremenda y entonces me acerqué y se la mamé hasta que unas gotas de semen me cayeron en la lengua. Él entonces me dijo que si quería una mamada y le sonreí, pero le dije que me apetecía mas comerle su peludo ojete. Accedió y se abrió las nalgas para facilitármelo … estaba muy abierto porque le debían haber follado varias veces y me resultó fácil meter la lengua bien dentro y eso fue delicioso porque pude saborear los restos de semen que había dentro, bien mezclados con sudor y alguna virutita fecal.
Así terminó el primer día y a pesar de lo intenso que había sido, no podía ni imaginar lo que nos esperaba.