Fantasía Incestuosa I: Dos para uno

Este relato corresponde a una de las fantasías eróticas que durante años visualizaba y con la cual me masturbé en varias ocasiones.

Estuve casado por diez años con una mujer que tenía dos hijos de su primer matrimonio.

Cuando nos conocimos el varón tenía de 12 años y la hembrita, 9 años.

Siempre guardé mucho respeto para con mi hijastra, excepto en dos situaciones: la primera de ella ocurrió cuando ella tenía unos 16 años.

Ocurrió que mientras estaba yo sentado en mi cama viendo televisión, ella entró y fue a preguntarme algo, cuando di vuelta para responderle la sorprendí observando una parte de mi pene y testículos que se me veían por entre la pierna de mi pantalón corto, pues se habían salido de mi calzoncillo.

No dije nada, ni hice nada por modificar la situación.

En ese momento ella volvió a mirar como para confirmar lo que había visto.

Eso pasó y desde entonces y por un tiempo, cada vez que tenía oportunidad, yo creaba una situación parecida, con la esperanza de que ella volviera y me viera el guevo (verga), esta vez, colocado especialmente para que no hubiera dudas de lo que era.

Eso ocurrió un par de veces y aunque no pude comprobar que lo viera, sí se dio la situación de que ella se aproximara justo donde yo estaba esperándola, con mi ripio afuera, modelándose.

Esta práctica fue suspendida, pues un día mientras estaba yo con parte de mi pene afuera, entró mi esposa al cuarto llevándome un poco de lo que cocinaba para que lo probara y se sorprendió y me llamó la atención porque estaba con el ripio afuera y no me había dado cuenta. Desde entonces no volví a tratar de mostrármele a mi hijastra.

Tiempo después estaba yo ayudando a mi hijastra a hacer un trabajo en la computadora y cuando me aproximé por detrás de donde estaba ella sentada, visualicé sus lindos senitos. Tenía ya unos 18 años y sus pequeños senos se mostraban espléndidos. No pude dejar de admirarlos hasta que ella se arregló la camiseta que llevaba puesta y me cerró la visual. Desde entonces, cada vez que podía, observaba sus teticas. Disfrutaba viéndolas paraditas cuando tenía frío.

En una ocasión, al entrar rápidamente a mi oficina de la casa, la encontré sentada hablando por teléfono, con la blusa subida por encima de los senos y acariciándoselos, lo cual suspendió de inmediato y con un rápido movimiento bajó su blusa y continuó como si no pasara nada. Yo no me dí por enterado, aunque les confieso que disfruté la escena.

Desde entonces desarrollé la fantasía que les comento a continuación.

Ocurre una tarde cuando regreso a la casa luego de trabajar. Ese día lo hago más temprano que de costumbre. Al llegar tan temprano no guardé el carro en la marquesina, sino que lo dejé en la calle. Al entrar a la casa sólo cerré la puerta de hierro y no cerré la puerta de madera, para que se ventilara mejor la casa, pues hacía mucho calor.

Me dirigí a la cocina y bebí un vaso de agua, luego de lo cual, me quité los zapatos pues tenía dolor en los pies y me dirigí con ellos en las manos y caminando en plantilla de medias hasta mi habitación, cosa que casi nunca hago.

Oh sorpresa la que me llevé, más bien, la que nos llevamos mi hijastra, su amiga Carmen y yo.

Acostadas en mi cama, completamente desnudas y excitadas, estaban las jóvenes practicando sexo como dos verdaderas expertas lesbianas. Mi hijastra, quedaba colocada medio de lado y de espaldas a la puerta de entrada de mi habitación, estaba arrodillada en la cama y la cabeza de su amiga Carmen quedaba entre sus piernas, desde donde le daba a mi hijastra una rica mamada, chupándole su toto (coño). Mi hijastra tenía las manos apoyadas en la pared arriba del espaldar de la cama. Parecía como si estuviera crucificada. Justo cuando entré a mi habitación mi hijastra gemía de placer y contoneaba su cuerpo incrementando el gusto que le provocaba Carmen con su lengua.

Carmen sin embargo, estaba tumbada boca arriba en la cama, tenía las piernas dobladas, una de ellas recostada de lado y la otra apoyada sobre su pie en la superficie de la cama. Movía sus piernas rítmicamente y en cada movimiento se podía oír el sonido de su vagina humedecida por el placer que sentía. Los labios de su vagina se veían rosados y con un brillo especial.

Cuando me aproximé a la puerta, todos nos sorprendimos. Hubo unos segundos de silencio e inactividad. Yo me quedé mudo y traté de moverme pero no pude, eso fue lo mejor, pues a continuación de mi frustrado intento y como si no pasara nada, mi hijastra dijo: «Bueno Papi Kim (así me llamaba) bienvenido a la fiesta». Dicho esto Carmen que me miraba desde abajo, me dijo sencillamente «Hola Don, venga!». Mientras Carmen me saludaba comenzó nuevamente a mover su pierna , esta vez haciendo un sugestivo movimiento de cadera. Luego de lo cual volvió a sacar su lengua y continuó su actividad en la vulva de mi hijastra.

Yo entré, coloqué mis zapatos a un lado de la cama y comencé a quitarme la camisa y la camiseta. No dejaba de mirar a las muchachas, ya mi guevo (verga) se había parado con una fuerza inusual. Con el calzoncillo aun puesto, me acerqué a la cama, por detrás de las piernas de Carmen y comencé a acariciarle las piernas y los muslos, hasta llegar a su vulva, le abrí sus piernas para ganar espacio, con mi dedo pulgar le acaricié su clítoris y como acto de magia, Carmen comenzó a moverse y a producir sonidos guturales y gemidos de placer.

Mi hijastra se volteó y mientras Carmen seguía mamándole el coño, ella comenzó a acariciarle las tetas a Carmen. Sus senos son grandes y duros, parecen dos medios melones. Mi hijastra se los apretaba como si quisiera explotárselos y Carmen cogía más gusto todavía. Carmen ponía sus manos sobre las de mi hijastra y le indicaba que se las apretara más fuerte. Mi hijastra lo hacía tal cual se lo indicaba.

Yo continuaba acariciando el clítoris de Carmen, cuando sentí que una de sus manos me cogía uno de los dedos de la mano y lo llevaba hasta su vagina. Supuse que quería que lo introdujera, pero como no sabía si era virgen, me limité a acariciarle los labios externos. Ella lo disfrutó ampliamente, pero al rato volvió a agarrarlo y lo introdujo en su vagina.

Le acaricié por un rato y luego acerqué mi boca y le dí una rica y larga mamada. Lengüeteaba su clítoris y se lo mordía ligeramente. Ella lo disfrutaba y se movía de un lado a otro. Introduje mi lengua en su vagina y la moví de un lado a otro.

Mi hijastra bajó de la cama y sin darme cuenta se acomodó en el piso sacando mi pene por un lado del pantaloncillo y agarrándolo firmemente lo introdujo en su boca y comenzó a mamarlo introduciéndoselo completamente en su boca. Se sentía rico.

Carmen se vino, luego de lo cual retiró mi cara de su vagina y me hizo señas de que la montara. Mi hijastra no soltaba mi pene, así es que esperé a que lo hiciera. Disfrutaba cómo me lo mamaba. Poco a poco acerqué mi mano a su cabeza y comencé a acariciarle su lindo pelo, mientras de vez en cuando le movía su cabeza respondiendo al gustazo que me provocaba con su mamada.

Le hice fuerza en su cara y ella se paró junto conmigo. Nos dimos un abrazo y un beso profundo, me bajé un poco y forcé a que mi guevo se le colocara entre sus piernas. Ella complementó con un ágil movimiento, haciendo que el mismo se colocara junto a vulva.

Le acaricié su espalda y sus nalgas. Le apreté sus nalgas mientras movía mi cadera buscando estimularla con mi pene. Ella se movió con certeza y pronto sentí como me apretaba mis hombros con sus manos. Se estaba viniendo. Me apretaba con sus piernas y eso me excitaba.

Muy suavemente me empujó hasta tumbarme en la cama a un lado de Carmen. Mi hijastra volvió a mamarme mi guevo y de pronto se me subió en cima y se metió mi guevo en su toto. Se movía como loca y me miraba con una cara de realización, como si fuera algo que hubiera soñado hacer por mucho tiempo.

Carmen me besó y me puso sus senos al alcance de mi boca, mientras acariciaba la cabellera de mi hijastra y de vez en cuando le daba un beso en la boca.

Hice una seña a mi hijastra y ella entendió que estaba a punto de venirme. Dejó de moverse y solo se limitó a apretarme rítmicamente con su vagina. Eso me excitaba, pero sin llegar al orgasmo.

Carmen le dijo a mi hijastra algo que no entendí y cambiaron de posición. Carmen me montó y se metió mi guevo hasta hacerme venir en su interior.

Mi hijastra se colocó de manera tal que yo se lo mamara mientras Carmen hacía lo suyo con mi guevo. Yo se lo mamé y oí cómo le decía a Carmen que debía coger un curso conmigo porque eso si era rico. Le decía, ahora sé por qué me lo mamabas tan rápido cuando Papi Kim te lo estaba mamando a ti.

Mi hijastra se volvió a venir en mi boca. Le acaricié sus senos y ya exhausto se los mamé alternadamente.

Los tres nos tendimos entrelazados. Tuvimos así unos minutos hasta que me paré y fui a ducharme. Ellas salieron después de la habitación, dejaron la cama tendida y todo en orden. Cuando salí de la ducha y miré la habitación, me preguntaba si había ocurrido o era una grata ilusión.

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