Capítulo 5
- Preciosas bolas del maestro
- Cuento erótico número 2: Medusa y Perseo
- Orochimaru y Anko
- Snape y Lily potter
- Spiderman penetra en el techo a la tía May
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribí, por ejemplo: la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise y a veces ella también me quiso.
Hubo una pausa, silencio. Las personas que estaban en la cafetería esperaban que la hermosa recitadora de pelo castaño, ojos color miel y cara angelical —pero más celestial aún su hermosa voz— engalanara el hermoso poema de Neruda.
Su cuerpo delgado, su bonita silueta y la melancolía que transmitía eran la prueba de su talento para recitar. Tenía enamorados a todos.
El tiempo pasaba y ella no se movía. El animador se acercó, la tocó y gritó pidiendo auxilio. Ella no reaccionaba. Llamaron a los paramédicos y, lamentablemente, su corazón se había detenido.
Pero su cuerpo se mantuvo de pie hasta el final.
Todo el lugar se llenó de conmoción. Los periódicos llenaron sus titulares con su rostro. Nadie sabía nada de la artista, sus huellas no estaban registradas, su identidad era un misterio.
Los datos con los que se registró para el concurso eran falsos. Las evaluaciones médicas y forenses no entendían lo que pasaba: su cuerpo gozaba de perfecta salud y no se sabía la causa de lo ocurrido.
Era una noticia en desarrollo.
La tía May se encontraba en la ducha. El agua recorría su cuerpo tonificado, su cabello negro, sus senos un poco caídos por la edad, pero aún apetecibles.
Hace poco en el vecindario, un misterioso hombre con un traje de látex pegado al cuerpo, color rojo y azul, patrullaba por los techos. Algunos delincuentes que robaban a los vecinos y pequeños negocios fueron detenidos por el justiciero.
¿Quién será? ¿De dónde viene? ¿Estará soltero? Eran preguntas que pasaban por la cabeza de la tía. No podía dejar de pensar en él desde que lo vio en aquel video en las noticias. Su fuerza, hombría y valentía le provocaban sensaciones que la hacían sentir joven de nuevo.
Sus pezones se pusieron duros. El tío Ben trabajaba mucho y la tenía descuidada.
Ella era una mujer de valores, pero los valores no detienen las ganas. Tomó la pequeña regadera y la estiró hasta su vagina, puso el chorro en su entrada y, con la otra mano, tocaba su clítoris.
El chorro golpeaba sus labios, mojados por el agua de la regadera y por los jugos naturales de una mujer necesitada de cariño, deseosa y dispuesta. Apagó el chorro y metió sus dedos rápidamente: entra, sale. Sus piernas temblaban, su respiración aumentaba. Inhalaba y exhalaba, se dedicaba más rápido.
Disfrutaba de sus fantasías con el enmascarado. Soñaba que estaba en el baño haciéndola suya, fuerte y salvajemente.
Ahhhhhhh… Una pequeña respiración profunda y una exhalación delicada. Un momento de quietud acompañada de una sonrisa pícara que reflejaba satisfacción.
Lavó sus partes nuevamente, salió del baño, se vistió y llegó la hora de ir a trabajar.
Las noticias y los periódicos seguían dando vueltas. Dos noticias acaparaban las portadas:
– El cuerpo de la mujer del teatro había desaparecido misteriosamente. Las autoridades estaban haciendo esfuerzos para aclarar lo sucedido.
– Hombre enmascarado aterroriza la ciudad. Los ciudadanos lo apodan Spiderman.
La tía May, al leer el periódico, pensó:
«Spiderman… ahora ya tiene nombre».
—May, creo que esta semana viajaré nuevamente, ya sabes, por el trabajo —interrumpió su esposo.
—Pero Ben, acabas de llegar. No hemos pasado tiempo juntos en muchos meses. Me siento sola, te extraño.
—Lo sé, amor. Pronto todo volverá a la normalidad. Te compensaré, lo prometo.
Se dieron un abrazo y un dulce beso.
May se sentía muy sola. Su sobrino Peter pasaba mucho tiempo fuera de casa y su única compañía era su interés por Spiderman.
May tenía una enorme colección de recortes de revistas con la imagen de Spiderman. El fotógrafo Eddie Brock ya había llenado muchos cuadernos con estas imágenes y sus reportajes.
Aunque no le gustaba que lo llamaran amenaza, era obvio que alguien en el diario El Clarín no lo quería.
Todas las noches miraba las fotos antes de dormir y todas las mañanas al despertar.
La tía May salió temprano. Ben estaba de viaje y Peter, su sobrino, se había ido a la escuela.
Esa mañana se dirigía a visitar al doctor. Se había sentido indispuesta y no pudo trabajar. El médico la revisó, le mandó hacer unos análisis y le recomendó unas pastillas.
May se dirigió a la farmacia, compró las pastillas, se sintió un poco mareada y cruzó la calle sin poner mucha atención.
Un carro grande venía sin frenos, justo en su dirección. Parecía que todo estaba perdido, pero ella miró cómo sus pies se elevaron del suelo. Unos brazos fuertes y musculosos la rodeaban. Pero un detalle más: podía sentir en sus glúteos cómo un enorme paquete le presionaba la raya de las nalgas mientras se columpiaban en el aire. Ella sentía cómo se mojaba, su vagina palpitaba.
El viaje terminó. Spiderman lanzó sus telarañas y controló el auto, luego desapareció sin decir más.
La tía, muy excitada, corrió a casa como pudo. Llegó a la cama y empezó a tocarse. Primero sus senos, los apretaba mientras metía sus dedos en su vagina. No podía olvidar cómo se sentía el monumental pedazo de verga de Spiderman.
Fue a la cocina, sacó un pepino mediano, lo metió en uno de los condones de Ben, lo lubricó bien y comenzó a meterlo de a poco en su ano, reviviendo la escena. Usó la imaginación para recrear el sentimiento de ser penetrada por Spiderman en el aire. Tocaba con sus dedos el clítoris de forma circular mientras metía aquel pepino en su culo maduro. Un orgasmo tras otro, no podía parar. Siguió así, dándose placer por horas de manera frenética, hasta que se quedó sin fuerzas y finalmente se quedó dormida.
Las noticias seguían girando, dando mucho de qué hablar en los comentarios. Los encabezados que daban vueltas día con día eran:
– Extraño meteoro cae en la ciudad. Las empresas Osborne están investigando.
– Spiderman, la amenaza enmascarada, cambió su traje a uno negro. Todos deben estar alerta.
La tía May tuvo un día normal: del trabajo a la casa. Pasó por el supermercado a comprar algunas cosas para la cena.
La gente no paraba de hablar de un cambio de personalidad de Spiderman. Se había hecho más rudo con los ladrones, los golpeaba sin compasión. Además, se llevaba mercancía de las tiendas como recompensa por ayudar y algunas mujeres testificaron que les bajaba la falda con su telaraña y se iba rápidamente, dejándolas en calzones en la calle. Pero reconocían que él ayudó a resolver el misterio de la chica del teatro, que resultó ser solo parte de un engaño de su exnovio, que quería hacerla pasar por muerta para tenerla secuestrada. Quentin Beck, apodado Misterio, pero ya fue capturado, no sin antes recibir una fuerte paliza de Spiderman. La joven está bien y está recibiendo atención psicológica.
La tía May estaba igualmente muy feliz de tener un justiciero como él en la ciudad. A veces salía en minifalda, tenía unas hermosas piernas. «Quizá me tire telaraña o algo», pensaba para sí misma. Pero solo la piropeaban hombres comunes, lo que la decepcionaba mucho.
En casa preparó la cena, miró un poco de televisión, pero esta vez se distrajo mucho. Ya era tarde, había pasado con creces su hora habitual para dormir. Se dispuso a ir a su habitación a descansar, pero escuchó un ruido extraño.
«Viene del cuarto de Peter», pensó.
—Qué raro, él dijo que hoy se quedaría a estudiar en casa de sus amigos.
Empujó un poco la puerta, que se abrió casi en automático. May no podía creer lo que veía: era Spiderman en su traje oscuro pegado al cuerpo. Se veía más fornido, con más músculos, más imponente.
Eso la prendía. Sentía cómo palpitaba su vagina con solo verlo.
—¿Qué haces aquí?
Peter no sabía cómo explicar. No quería revelar su identidad ni su doble vida.
—Lo siento, mi sentido arácnido me dijo que había aquí alguien en peligro, pero seguro fue un error.
—Entiendo. ¿Me podrías dar tu autógrafo?
—Claro.
La tía May llevó uno de sus cuadernos, le mostró los recortes y le contó cómo lo admiraba. Se tomaron una foto.
—Bueno, debes irte —dijo May con tristeza.
—¿Te gustaría dar un paseo? —replicó Spiderman.
—Sí, claro —exclamó con emoción May. No podía rechazar la invitación.
En el aire, May se sentía muy feliz columpiándose en lo alto. Estaba sintiendo el paquete de Spiderman en su culo. Eso la excitaba muchísimo. Por momentos aprovechaba para tocar disimuladamente sus gruesas y duras piernas.
La ciudad estaba hermosa. Para May, más iluminada que de costumbre. Spiderman tomó una curva, pero el movimiento fue muy brusco y mal calculado.
May se soltó y cayó al vacío, pero fue rescatada rápidamente.
—¿Estás bien? —preguntó Spiderman.
—Sí, pero mi pantalón se rompió.
La parte de la entrepierna estaba rota. Spiderman la regresó a casa. Peter pudo mirar la entrepierna de su tía: tenía un calzón de encaje amarillo, su vagina se veía gordita y los labios carnosos. Ese olor característico de la vulva llegaba hasta las fosas nasales del arácnido.
Empezó a tener una erección. La tía lo notó, sintiendo que tenía una oportunidad.
Llegaron a casa y May se dejó llevar por sus instintos. Sus valores de antaño no eran rivales para su deseo, que para este momento era desenfrenado. Se quitó el pantalón, mostrando sus hermosas y torneadas piernas, sus glúteos paraditos, sus hoyitos en la espalda y el calzón que marcaba su hermosa y gorda vagina.
—Este pantalón no sirve ya —dijo, para darle un toque de inocencia a lo que claramente era una indirecta para el invitado.
Peter jugueteó con la idea de comerse a su tía. Sintió mucho morbo, pero pensó que no era correcto. Intentó irse, pero el simbionte comenzó a confundirlo, a maximizar su lujuria, su morbo, su deseo.
Peter se acercó y abrazó a May. Ella le apretó una nalga y subió su pierna como amarrándolo. Su mirada lo decía todo: ella estaba dispuesta, disponible, deseosa.
El traje negro desapareció, dejando a Peter desnudo, solo con una especie de antifaz que quedó así para proteger su identidad.
La besó, le arrancó la blusa y empezó a chupar sus tetas, chupar sus pezones. Ella gemía y se los puso en la cara para que él los disfrutara.
—¿Te gusta?
—Sí, están deliciosos.
May se quitó el calzón y le dijo:
—Penétrame.
Peter la puso contra la pared y empezó a meterle la polla. Lo hacía de manera suave, luego en círculos. Ella le pidió que más fuerte. Él metía y sacaba con fuerza.
La tía se aferraba a su espalda.
—Sí, sí, sí. Gracias, lo necesitaba. Me sentía tan sola. Ohh, sí, no pares.
Peter la cargó y la pegó al techo. Él también subió y empezó a penetrarla. Ella veía el suelo mientras sentía el duro pene de la araña taladrándola. Sensación de adrenalina y excitación.
El cuerpo musculoso y joven, la erección dura, espalda ancha y musculosa… muy diferente al tío Ben. Se sentía viva de nuevo.
Regresaron al suelo. La tía se puso de pie, agachó sus brazos al suelo. De espalda quedó arqueada, sus nalgas y su gorda vagina se veían abiertas.
—Chúpame el culo.
Peter comenzó a mamar, metía su lengua mientras le daba dedo en la vagina. Frotaba su cara entre las nalgas. Era lo más rico y morboso que había hecho nunca.
La vagina de May estaba mojada, escurría.
—¿Puedo chupar tu culo? —Peter aceptó.
Ella comenzó a besar sus nalgas, meterle la lengua y los dedos, pasaba por sus bolas y volvía al ano. Con otra mano frotaba el pene de la araña.
—Siempre quise hacer esto, pero Ben es muy anticuado.
—¿Ben?
—Mi esposo. No hablemos de eso —volvió a meter su lengua en el agujero del arácnido.
Era la primera vez de Peter por el ano. Esa lengua revoloteando lo hacía entrar en éxtasis.
«Mi tía lo hace sin asco. El sexo con ella es más rico que con Mary Jane», pensó Peter.
Finalmente, se pusieron de lado. Peter la penetraba con fuerza mientras ella lo miraba con morbo y excitación. Él la embestía, intercambiaba de agujero: a veces el culo, a veces la vagina. Los besos de ladito, las tetas con los pezones parados, sentir el impacto contra sus nalgas, las piernas gruesas, suaves y temblorosas.
La vulva apretaba por momentos el falo de Spiderman como si lo ahorcara.
Peter estaba penetrando su culo. Sintió que se iba a venir. El simbionte se apoderó de su mente y le hizo meter el pene en la vagina. Eyaculó adentro.
—Para que tengas un hijo mío, hermosa —dijo con malicia.
May sentía cómo el pene de su compañero palpitaba en su interior y su vagina se llenaba de leche.
—Que sean dos —respondió con una sonrisa y una mirada como si estuviera en otro planeta. Ya era hora. Ella se había venido cinco veces y deseaba sentir la leche de su héroe.
Su sueño se cumplió. Pudo hacerlo terminar. No pensó que una señora de 49 años pudiera aguantar esta faena, pero lo logró. Tantos años de autocuidado habían valido la pena solo por este gran logro.
Se dieron un beso apasionado. Spiderman acompañó a May a su cuarto y se fue.
Mientras se columpiaba por la ciudad, una sensación de culpa lo invadió. Peter no podía creer lo que había hecho. Sabía que algo en él había cambiado y decidió ponerle fin a esto. El traje lo manipulaba.
Subió al campanario de la iglesia y luchó para, después de un largo rato, quitarse el traje.
Pasaron los días. Peter sentía vergüenza de lo que había hecho con May. Se sentía culpable con el tío Ben.
Pero no podía quitarse esa noche de la cabeza y lo entendió: el simbionte no era el culpable, solo aumentó un deseo propio, algo que él también deseaba.
Le costó, pero al final lo aceptó. Al final se consoló con la idea de que no era Peter, sino Spiderman quien lo hacía.
Se decidió y volvió a visitar a May.
Y así lo hacen una vez al mes.
May se ve más rejuvenecida y radiante. Su matrimonio mejoró, su productividad y felicidad aumentaron. Ahora es una mujer realizada.
Spiderman una vez más salvó el día.