El viaje de Mark II
Aquí Mark acude con el jefe para para firmar lo de su nuevo viaje no sin antes disfrutar el camino y la compañía de la oficina del jefe de la empresa.
Textos eróticos, erotismo y amor puro.
Aquí Mark acude con el jefe para para firmar lo de su nuevo viaje no sin antes disfrutar el camino y la compañía de la oficina del jefe de la empresa.
Una empresa que me costó sudor y sangre estaba a punto de caer en bancarrota, tenía que evitar perderlo todo.
Las temperaturas altas, el calor sofocante, el sudor extremo, testigos en primera plana del amor prohibido y del deseo carnal, en calor en el miembro es algo inevitable.
La venda se desprendió de mis ojos, la perversidad entro en mí, la lujuria corrió de los pies a la cabeza, acelerando mi corazón, y despertó el volcán que había en mi ser.
Un suceso muy oscuro rompió a la familia en dos, una parte mi ser murió ese día.
Relatando los inicios de la historia, una historia llena de deseo perverso y prohibido.
La víspera de su boda, la mansión era un sepulcro de mármol blanco. Valeria estaba de pie frente al inmenso ventanal de la suite nupcial, envuelta en un camisón de seda que se adhería a su piel como una segunda capa de hielo. Afuera, la luna llena bañaba los jardines impecables.
El invierno había caído sobre la ciudad con una crueldad implacable, helando las calles y congelando los espíritus. Habían pasado seis meses desde la playa de Oaxaca. Seis meses desde que Valeria fue arrastrada de vuelta a su jaula de cristal, donde los barrotes, ahora, eran de un aburrido.
El aire se había vuelto irrespirable. El calor tropical que la noche anterior había sido cómplice de sus caricias más íntimas, ahora se adhería a su piel como una mortaja. Valeria, temblando con una violencia que le nacía de los huesos, sentía el cuerpo de Mateo frente a ella.
La mañana amaneció con una calma engañosa. El mar, habitualmente embravecido en esa zona de la costa oaxaqueña, parecía haberse rendido a una quietud plateada bajo el sol abrasador. Sin embargo, dentro de la cabaña, el ambiente estaba cargado de una electricidad ominosa.
Huir no fue fácil, pero el pánico a una vida enjaulada es un motor mucho más potente que la prudencia. Con la ayuda silenciosa y cómplice de María, Valeria logró escabullirse por la puerta de servicio mientras las copas de cristal chocaban en el salón principal.
La luz del amanecer se filtró por las rendijas de la persiana, pintando líneas doradas sobre la piel desnuda de Valeria. Despertó despacio, desorientada por un instante, hasta que el peso del brazo de Mateo sobre su cintura y el roce de su respiración áspera en su nuca le devolvieron la memoria.
Las semanas que siguieron a aquel primer día en el sótano se convirtieron en un suplicio delicioso para Valeria. La rutina de su vida perfecta, sus cenas de gala y sus tardes de compras por fin tenían un contrapeso: los martes y jueves en el centro comunitario.
El calor de aquel martes de agosto era sofocante, pegajoso, de esos que parecen derretir no solo el asfalto, sino también las voluntades. Valeria ajustó el aire acondicionado de su BMW blanco, sintiendo el contraste del aire helado contra la fina seda de su blusa de diseñador.
El caos nos alcanzó, la destrucción nos obligó a separar a la familia, un caos ocasionado por la lujuria y la mentira.
El tiempo se encargó de envolvernos de nueva cuenta en esa sauna de amor y pasión.
Encontrar nuevas formas, para seguir con las aventuras y travesuras, el deseo traspasa cualquier barrera.
Solo los recuerdos quedan grabados, y las esperanzas de volver a intentarlo.
La pasión y el deseo prohibido la consumió, la ola de extasis recorría nuestros cuerpos fundiéndose en una solo
La belleza humana y las bajas pasiones, aceleran el corazón hasta más allá de los límites.