Capítulo 1
- La herencia IV – Final
- La herencia I
- La herencia II
- La herencia III
Bueno, creo que hemos llegado al final de la historia, final feliz?, me parece que sí, ustedes lectores lo decidirán.
Como siempre, espero sus comentarios sugerencias y quien sabe, posibles continuaciones.
Ana Raquel
La Herencia – Final?
El ritual
No te aburriré con los sucesos del día martes, basta decir que mientras intentaba trabajar el tatuaje se mostraba cada vez con mayor frecuencia y nuevamente resonaban las voces en mi cabeza, casi como si me estuvieran susurando al oído: -«Debes pagar el precio», «Estamos ansiosos», «Tenemos sed», esperaba que los conocimientos de mi madre pudieran aclarar que tipo de servicios esperaban estas entidades.
Mi madre había salido por la mañana a conseguir los elementos que decía necesitar para el ritual, a las cinco de la tarde cuando retornó, fue directamente al altillo sin decir una palabra.
Yo por mi parte no pude continuar trabajando, apaqué todas las computadores, periféricos, etc. y comencé a pasearme por la casa. Enriqueta, continuaba sus tareas, en otra oportunidad, seguramente me hubiera aprovechado de ella, pero esta vez mi mente estaba en otro lugar, que pasaría, quizá me había metido con entidades que no terminaba de comprender, cual sería el resultado de todo esto?
Cuando mi madre terminó de preparar todo, bajó y me encontró paseando en la sala de un extremo al otro. – Cálmate un poco Carlos, verás que todo sale bien, es solo cuestión de saber que debemos hacer.
– Yo no tengo tanta confianza, quien sabe lo que nos pedirán a cambio del poder que nos han dado.
– Dentro de poco lo descubriremos.
En este momento Laura y Elena llegaron acompañadas por un hombre, inmediatamente Marta se acercó a el y lo marcó dándole la mano. – Quédate quieto y callado, le ordenó.
– Quien es? preguntó a las mujeres.
– Santiago, nuestro jefe, un idiota arrogante, machista que piensa que las mujeres deberían agradecerle que les hable, su única cualidad es que tiene unos genitales que te hacen agua la boca.
– Veremos, desnúdate, le ordenó Marta.
Una vez que estuvo sin ropas, parado en el centro de la sala, debo decir que en realidad tenía unos genitales de un tamaño mas que apreciable, se notaba además, que tenía muchas horas de gimnasio, con un cuerpo muy trabajado, abdomen plano en el que se marcaba el famoso six pac, brazos, muslos y piernas torneados que parecían mostrar un tratado de anatomía, su rostro era agradable y tenía además unos ojos verdes que contrastaban con su piel bronceada.
Daba por sentado (según me contaron las mujeres) que las mujeres deberían caer rendidas a sus pies, el problema es que todo lo que sobraba en apariencia, le faltaba en inteligencia y voluntad, un completo inútil en el trabajo que además, solía repartir culpas a todos sus empleados, jamás se hacía cargo de sus malas decisiones e inevitablemente, alguno de sus subordinados caería con las culpas.
– Si le pasa algo durante el ritual, y eso espero, lo tendrá merecido. Exclamó Laura mientras Elena asentía con la cabeza.
Nunca había visto a mi esposa con esa actitud, jamás pensé que tenía una personalidad vengativa, seguramente, el haber trabajado junto a este personaje había sido mucho mas difícil de lo que suponía, pensé, pero porqué no me dijo nada, un simple saludo, un apretón de manos y yo podría haber intervenido para modificar algunas de sus actitudes.
– Vamos todos al altillo, ordenó Marta.
Una vez que llegamos vi que el altillo estaba algo cambiado, una línea blanca mostraba el diseño de una estrella de cinco puntas, en cada una de ellas, ardía una vela de color rojo, todo el diseño enmarcado en un círculo blanco también.
– Eso es un pentáculo, lo que están viendo es una mezcla de sal y limadura de hierro, crea una barrera mística infranqueable para cualquier ser, quien se pare en su centro estará protegido.
– Y quien será el afortunado?
– Yo, repondió madre, como aquella que invocará a los seres de otras dimensiones, seré la mas expuesta a ser poseída o controlada por ellos.
– Y nosotros?
– A ustedes no les pasará nada, puedo asegurarles.
– Y Santiago que papel juega en todo esto?
– El es básicamente, el altar, estará en el centro del pentáculo conmigo.
– Ahora debemos desnudarnos todos, ordenó.
Procedimos a quedar todos tal como llegamos al mundo, Santiago se recostó en el centro del círculo, mi madre, desnuda también de pié a su lado.
Cada uno de nosotros, Laura, Elena, Enriqueta y yo, nos posicionamos en cada uno de los extremos del pentáculo, quedando uno libre. Entonces mi madre comenzó su invocación:
– Deorum, obsecro te ipsum inducere et robora dolor ut scire possunt, et eorum vota tua servi potest implere eos.
Nada
– Deorum, obsecro te ipsum inducere et robora dolor ut scire possunt, et eorum vota tua servi potest implere eos
Nada
– Deorum, obsecro te ipsum inducere et robora dolor ut scire possunt, et eorum vota tua servi potest implere eos
En ese momento, sentí un movimiento detrás mío, una de las muñecas se estaba levantando de su estante y caminaba lentamente hacia donde estábamos nosotros, con cada paso que daba, aumentaba su tamaño, al aproximarse además, las características asexuadas de todas las muñecas (frente plano, una delgada línea marcando la vagina) parecían desvanecerse.
Sus rostro, si bien de apariencia natural, continuaba inexpresivo, pero su busto comenzó a crecer, sus pezones se hicieron visibles y marcados, la entrepierna cobró profundidad mostrando como se formaban los labios, el clítoris y la vagina con una precisión absoluta. Finalmente, se posicionó en el brazo del pentáculo que había quedado libre.
– Oimos tu llamado, expresó la muñeca. Lo extraño es que no movía los labios, se limitó a abrir la boca y los sonidos emergieron.
– Dime que deseas? Como podemos pagar los dones que nos han dado?
– Placer.
– Placer? Que significa?
– Nos alimentamos de la energía que ustedes liberan durante el orgasmo, a cambio de los dones que te hemos dado, queremos que nos alimentes.
– Y como podemos hacer eso?
– Te mostraré. Inmediatamente, otras dos muñecas cobraron vida en el estante, se aproximaron a nosotros sufriendo la misma transformación que su predecesora, salvo que en este caso, una adquirió las proporciones de un hombre.
La primera de las muñecas se dirigió hacia Laura, que estaba a su derecha, la segunda de ellas se aproximó a Elena y finalmente el masculino abrazó a Enriqueta.
La situación no podía ser mas bizarra, los tres muñecos tenían una apariencia extremadamente natural, la ilusión se desvanecía sin embargo al tocarlos, se notaba una textura artificial. El muñeco tomó la cabeza de Enriqueta y le dijo: – Besame.
Enriqueta se arrodilló y obedeciendo las instrucciones comenzó a lamer un pene exqusito en todo detalle.
La primer muñeca, que se había aproximado a Laura, se recostó en el piso e hizo que mi esposa se posicionara con su vagina justo en su boca.
Mientras tanto, la segunda muñeca, había colocaco a Elena en cuatro patas y comenzó a besarle el culo.
Y yo? No sabía que hacer, estaba contemplando la escena cuando mi madre comenzó a masturbar a Santiago, el cual respondió con una erección descomunal y simplemente me dijo: – Ven aquí hijo.
Me introduje en el círculo de protección y cuando llegué al centro, me dice: – Los dioses quieren que Santiago tenga un orgasmo.
– Bueno, como no, sigue con lo que estás haciendo.
– Yo no, quieren un gesto de devoción de tu parte.
– Sabes que soy bisexual, no es ninguna novedad, pero esta situación es muy bizarra, no me convence mucho.
– No te estoy preguntando, solo hazlo para mostrarles tu devoción, verás que serás recompensado.
Mientras decía esto, tomó mi cabeza y con suavidad la empujó de forma tal que mis labios tocaron el pene de Santiago. Dioses o no, no creía que semejante falo entrara en mi boca, así que comencé a besarlo, recorriendo con mi lengua sus testítulos, la longitud del mismo hasta llegar al glande y finalmente, sintiendo nuevamente la mano de mi madre en la nuca, comencé a tragarlo.
– Los dioses te ayudarán a que lo tomes por completo. Fue su único comentario.
La verdad estaba en lo cierto, casi sin darme cuenta, de pronto sentí que sus testítulos golpeando contra mi barbilla y comencé un movimiento de vaivén. Otra cosa que sucedió fue que todas mis inhibiciones anteriores se disiparon y ahora solo sentía una excitación como nunca antes en mi vida, quería que Santiago eyaculara, que lo hicieran en mi boca, quería tragar todo su semen y ofrendarselo a los diosas.
Mientras tanto, de alguna forma percibí la situación a mi alrededor (creo que esto fue un regalo de los dioses que me permitieron ver lo que sucedía). El muñeco masculino, estaba de pié, sosteniendo a Enriqueta por las nalgas mientras la penetraba, ella estaba completamente desnuda, con su pecho totalmente plano y el dispositivo de castidad colocado, envolviendo con sus piernas la cintura de su compañero y una expresión de placer en su rostro.
Entonces vi que la muñeca que estaba lamiendo el ano de Elena, había desarrollado una lengua de al menos 20 o 30 centímetros de longidud, la cual se movía a voluntad de su propietaria, la introducía por completo dentro de Elena, para luego sacarla, trayendo consigo excrementos que retiraba de los intestinos de la mujer.
– Delicioso, exclamaba cuando retraía la lengua.
Finalmente, vi que la muñeca que estaba con Laura había desarrollado una lengua similar, introduciéndola en la vagina de mi esposa, esta gemía de placer como nunca antes la había oído. En el momento de llegar al orgasmo, se orinó y la muñeca capturó todos sus líquidos.
Era como mirar la escena desde una cámara posicionada en el techo del altillo, yo tragando el pene de Santiago, mi madre de pié al lado mío, metiéndose los dedos furiosamente, Enriqueta siendo penetrada y las dos mujeres dando a las muñecas sus fluídos.
En ese momento, Santiago tuvo su orgasmo y llenó mi boca de semen. Me retiré y salí del pentáculo para encontrarme con la primer muñeca, aquella que estaba con Laura acercarse a mi, mientras sin mover los labios, me decía: – Nos has servido bien, hemos sellado el pacto y ahora toda la energía de sus orgasmos nos será enviada.
Continuó acercándose, me abrazó y oí una voz que decía: – Debemos darle su premio.
La muñeca me besó, sentí esa lengua recorrer mi interior, sentí el plástico y el latex rozando contra mis labios, luego se retiró y sucedió algo que todavía no puedo comprender, abrió mas su boca, de una forma que parecía imposible, su lengua se dividió en infinidad de pequeños tentáculos y antes que pudiera reaccionar, se entrelazaron en la parte posterior de mi cabeza.
Su boca continuaba abriéndose, no tenía dientes recuerdo haber notado, ahora ya no era una boca, era un tunel y los tentáculos me atraían hacia su interior, sin poder resistirme fuí literalmente tragado por la muñeca, esta entonces se recostó en el piso.
Laura gritó, Elena gritó, incluso Enriqueta lo hizo.
– No le pasará nada, dijo el muñeco masculino, en este momento está recibiendo las enseñanzas de nuestros dioses mayores.
Luego de diez minutos, la muñeca se puso de costado, volvió a abrir la boca y los tentáculos en los que se habían convertido su lengua, me tomaron y depositaron a su lado.
Los tres muñecos retornaron entonces a su estante, repitiendo el proceso de forma inversa, con cada paso, perdían características sexuales y se reducían de tamaño, al llegar a los estantes se acomodaron en el lugar que ocupaban antes y se quedaron inmóviles.
– Que pasó? Me preguntó Laura.
– No puedo decirlo con detalle, estuve recibiendo enseñanzas de los maestros y recibí nuevos poderes, cuanto tiempo estuve fuera? para mi fueron varios meses. Miré mi otra mano y en ella había aparecido otro tatuaje: «Forma servum tuum»
– Nuevos poderes? Preguntó madre, que puedes hacer?
– Puedo cambiar mi forma y la de mis siervos, observa. Me acerqué a Enriqueta, retiré su peluca y apoyé mi mano en su cabeza, y ella comenzó a tomar la forma que había imaginado para ella, su cabello comenzó a crecer hasta sus hombros, su busto se hizo prominente y se marcaron sus pezones, sus caderas se ensancharon, su cintura se redujo, y de pronto, el dispositivo de castidad cayó al piso, su pene había sido reemplazado por una vagina.
Apoyé mi mano sobre la cabeza de Elena, su busto creció hasta llegar a un tamaño doble D, su entrepierna comenzó a abultarse hasta formar un pene de un tamaño que nada tenía que envidiarle al strapon que había utilizado el sábado por la noche, dos testículos de respetable tamaño colgaban de su entrepierna, me había asegurado que sus orgasmos fueran muy copiosos.
Luego le tocó el turno a Santiago, debía castigarlo de alguna forma por haberle faltado el respeto a mi esposa. Perdió el físico que tanto había trabajado en el gimnasio, su pene se redujo a algo casi imperceptible, erecto debía medir apenas dos centímetros.
– Tu servirás a Laura, ella será tu ama y cumplirás todos sus deseos.
– Si Amo, fue su única respuesta.
Luego le tocó el turno a madre, lo único que hice fue volverla en el tiempo, de una mujer de 55 años en un ejemplar de 30.
– Gracias Amo, me dijo mientras se contemplaba a si misma.
– Que quieres de mi Amo, me preguntó Laura.
– Por ahora te quedarás así, no te preocupés, tengo muchas ideas para transformarte a ti, y para transformarme yo mismo que enviarán mucha energía a los dioses.
En ese momento, estando todos desnudos, se abrazaron a mis piernas. Mi séquito estaba completo, solo faltaba definir que haría con ellos ahora.
Te ha gustado? Un giro perverso y fantástico, me encantaría recibir tus comentarios.