Somos Laura y Roberto. Yo soy Laura 34 años, soy una chica latina, castaña. Soy una chica normal poco pecho, buen culo, 1,55 cm, pequeñita pero manejable y caliente y fogosa en la cama (o por lo menos eso dice mi novio). Roberto tiene 32 años mide 1,75 rubio, guapo ojos azules, delgado pero marcado el típico guapito de clase. Y me gustaría contarles desde el principio nuestra primera experiencia liberal y como cambio nuestras vidas

Era un viernes por la tarde y Roberto estaba tirado en el sofá, con el pantalón bajo y el torso descubierto. Tenía el cabello revuelto, una mano detrás de la nuca, y la otra apoyada justo encima del pubis. Los músculos pequeños del abdomen, los huesos del pecho, la línea fina de vello que bajaba desde el ombligo… todo en él era como una promesa tranquila.

Yo me movía por el salón en su camisa blanca, abierta hasta el ombligo, sin sostén, sin bragas. Me gustaba sentir el roce de la tela en la piel. La humedad entre las piernas no era de ahora. Era de días.

Me senté en el suelo, con las piernas abiertas, una doblada, la otra extendida. Dejé que la camisa se deslizara y me expusiera lo justo. Él me miraba.

L—¿Sabés qué estuve pensando? —dije, sin mirarlo.

R—¿Qué?

L—Que me gustaría probar algo más. Algo… distinto.

Él se incorporó, apoyándose en los codos, sin perderme de vista. Sus ojos recorrieron mis muslos, mi pubis expuesto. Se le notó el latido en la garganta.

R—¿Más cómo?

Lo miré, directa.

L—Otro tipo. Algo más físico. Más bruto. Como que me agarre fuerte, ¿sabes? Que no tenga miedo de lastimarme un poco. Que me desborde.

Roberto no se achicó. Se pasó la lengua por el labio inferior y me sostuvo la mirada.

Y entonces, sonrió de deseo.

R—Conozco a alguien que era un poco así…

Lo dijo sin dudar, como si lo hubiera tenido guardado.

L—¿Quién?

R— Un chico con el que solía quedar, José. De mi época cuando estaba quedando más con tíos. Quedamos unas cuantas veces. Hay confianza, es amigo. No hablamos mucho ahora, pero recuerdo que la tenía muy muy grande, y el chaval tenía una actitud asi como dominante

Lo dijo con los ojos brillando, sentía su morbo e hizo que me mojara del placer de imaginarme con otro. Con él mirando.

R—¿Y te calentaría?

L—Mucho.

Se sentó en el borde del sofá y me hizo un gesto para que me acercara. Me levanté, dejando que la camisa se abriera por completo. Caminé hacia él con las tetas al aire, los pezones duros, la entrepierna húmeda visible. Me arrodillé entre sus piernas y empecé a lamerle despacio.

L—Quiero que me veas abrirme para él —dije, mirándolo desde abajo—. Que veas cómo me la mete entera. Cómo me la deja marcada por dentro.

Roberto jadeó. Me agarró de los hombros. Su polla ya estaba dura, palpitante.

L—Escríbele

R—¿Estás segura?

L—Yo creo que nos puede gustar a ambos, aunque sea probar.

Me mordí el labio. La imagen me cruzó el cuerpo como una descarga: otro cuerpo. Otra forma de cogerme.

Me mojé aún más.

L—Lo quiero —dije.

Roberto saco el móvil y le escribió por whatsapp a Jose mientras Laura devoraba su rabo dejando a Roberto al borde del éxtasis.

Al poco tiempo, Roberto le contó la situación a Jose y el acepto encantado, el plan era hacer un trío, pero esta vez Jose no se follaría a Roberto, los dos le darían placer a Laura, en especial Jose, pues se moría de ganas de probarlo

Por fin llego el tan ansiado día. Subimos las escaleras en silencio. Roberto estaba tan nervioso como yo. Lo sentía en su cuerpo. Yo iba un paso por delante, con el vestido corto rojo y mi tanga más sexy negro.

El piso de José era en el tercer piso y nada más llegar Roberto tocó el timbre.

La puerta se abrió sin demora.

Y ahí estaba él.

José.

Más grande de lo que había imaginado. Alto. Fuerte. Con una camiseta negra que le marcaba el pecho y los brazos como si fueran esculpidos. El pantalón de chándal colgaba bajo, pero su bulto era claro, pesado, imposible de ignorar.

J—Laura —dijo. Su voz era grave, seca. Sonó como una orden.

Asentí.

José no me dio la mano. No me besó. Solo se hizo a un lado para dejarnos entrar. Roberto fue detrás de mí. El piso era sencillo, limpio, con olor a detergente y a algo más… masculino. Ropa seca, cuerpo trabajado, presencia. Todo era sobrio. Funcional. Nada distraía. Nada ablandaba.

José se sentó en una butaca frente al sillón y nos miró.. Roberto se apoyó en el respaldo del sofá. Yo me quedé de pie, en medio.

Él no dijo nada. Esperó.

Yo me acerqué. Sentí mis pies temblar un poco, pero mi cuerpo sabía lo que quería. Me paré frente a él, y él me miró las piernas, lentísimo, como si las leyera. Como si ya supiera hasta qué punto estaba mojada.

—¿Querés verla? —Me preguntó sin pudor.

—Mostrámela.

Y entonces la vi.

No había preparación que alcanzara.

Era inmensa.

No solo larga. Gruesa. Venosa. El glande oscuro, brillante, asomando por la piel tirante. Caía pesada entre sus muslos, como algo vivo, propio. No estaba del todo dura, y aún así parecía imposible.

Mi boca se abrió sin querer. No dije nada.

José la sostuvo con una mano. No se la mostró. Solo la sostuvo. Como quien sabe lo que tiene.

J—A vos te va a costar —dijo mientras sonreía

J— Bueno Roberto, muéstranos que nos has traído

Me giré hacia Roberto. Él asintió, con una sonrisa torcida. Me deslicé los tirantes por los hombros. El vestido cayó a mis pies sin resistencia. Estaba completamente desnuda. El aire me recorrió la piel como un escalofrío.

Me arrodillé frente a él, con las piernas abiertas. Su polla colgaba entre sus piernas, semi dura, gruesa, venosa. No parecía real.

J—Abrí la boca —dijo.

Obedecí. La tomé con ambas manos. Estaba caliente, era grande, oscura.La lamí primero suavemente con la lengua. Luego envolví la cabeza con los labios y sentí una mano en mi cabeza y cómo se me llenaba la boca, de pronto empezó a usar mi boca para su disfrute como si de un coño se tratara. No entraba toda pero apretaba mi cabeza como si sí. Me la metía hasta donde aguantaba, las lagrimas se me saltaban y en ese límite, sentía el reflejo de arcada. A él no le importaba lo que me hacia sentirme aún más su puta,

Escuché cómo Roberto se movía detrás de mí. No hablaba. Pero respiraba fuerte. Lo imaginaba mirándonos, con la polla dura en la mano

J—Mirá cómo se la traga —dijo José, sin mirarlo – es mejor come pollas que tú

R— Ya te dije que no se le da nada mal

Yo gemí con la polla en la boca, sintiéndome desbordada. Me lloraban los ojos, me chorreaba la saliva. El ruido era húmedo, sucio, como el de una boca devorando algo que no alcanza. De pronto sentí como su polla crecía aún más y de repente paró, en un momento en el que sentía que me iba a correr del placer que me daba sentir como usaba mi boca

José me apartó. Se levantó y se fue al mueble del salón a rebuscar en un cajón.

J—Me encanta la perra que me has traído Robertito. Come la polla mejor de lo que esperaba — dijo mientras sacaba una correa de perro del cajón — Como tu ya no eres mi perra ahora lo sera ella dijo mientras acomodaba la correa a mi cuello

R— Cabrón, acordamos que dirías nada de eso delante de ella

J—Me la suda lo que me dijeses, necesites que te recuerde quien manda aquí — Dijo mientras dió un bofetón muy sonoro a Roberto

Roberto sorprendido por el manotazo se quedo de hielo, como si su cuerpo hubiese recordado la presencia y el significado de tener a José como macho.

Por mi parte, al ver toda esa escena arrodillada con la boca recién usada por la polla de José, me moje aún más, eso es lo que estaba buscando exactamente, un hombre, un macho, un alfa.

J—Y a partir de ahora tu vas a ser mi perra — dijo mientras tiraba de la correa y me quedaba a cuatro patas — y tu ven también Robertita, necesito tu boca

Nos encaminamos a la habitación de José, bien diáfana, cama de matrimonio y me dijo que me tumbara boca arriba en la cama. Mientras tanto, se giró a Roberto y le cogió del cuello

J—Aunque ya no te folle el culo sigues siendo mi puta— y le hizo arrodillarse delante de él — enséñale a esta zorrita lo bien que se te daba comerme el rabo que tiene que aprender a comerme la polla igual de bien que hacia tu.

Roberto intento quejarse, y al poco la polla dura y venosa de jose se coló en su boca y empezó a follarle la cara con violencia mientras se reía y le recordaba las veces que había usado su boca. Yo no me podía creer, Roberto se comía la polla de Jose entera hasta los huevos, cosa que yo era incapaz con semejante herramienta. Después de golpearle la cara con su pubis, saco su polla y le escupió en la cara, le cogió del pelo y lo arrastró hasta mi entrepierna. Roberto tenía cara de vergüenza, humillación y placer. Roberto sin mediar palabra entendió lo que Jose quería que hiciese y empezó a comerme el coño con unas ganas y con una dedicación que jamás había visto en el. Mientras que Roberto estaba ocupado lubricándome Jose se acercó a mí y empezó a darme golpes en la cara con su polla

J—Has visto que bien me come la polla mi zorra, tu lo vas a hacer mejor— y de una embestida me metió toda su polla en la boca — yo sentía que me asfixiaba, que vomitaba, intente que parase pero tenía las piernas sobre mis brazos lo que impedía que me movieses y de mi boca a penas salían sonidos puesto que no saco un instante su polla de mi boca

Me corrí tres veces, sintiéndome su sumisa, con mi novio haciéndome el mejor trabajo en el coño que me había hecho hasta la fecha. Cuando Jose se cansó, saco la polla de mi boca y empujo a Roberto quedándose de rodillas frente a mi cuerpo desnudo, tirado en la cama. Mi cuerpo estaba demasiado caliente, deseaba sentir que me metiese esa polla dentro ya.

J— Has hecho un buen trabajo con este coño zorrita — dijo mientras me miraba mi coño afeitado — Ahora vas a coger mi polla y la vas a meter dentro del este coño que me has dejado preparado

R— Pero espera, tiene que ser con condón

J— Yo no follo con condón lo sabes, siempre que me diste tu culo te fuiste bien preñado, asi que no me cabrees

Roberto, humillado, lleno de vergüenza y excitado hasta la médula me miro como preguntándome que hacer. Yo quería esa polla dentro, necesitaba sentir a ese alfa dentro, deseaba que me cogiese fuerte, que me usase que me reventase por dentro, necesitaba que me hiciese suya, sentirla a pelo, piel con piel, necesitaba que me llenase de su leche

L— Métela ya cornudo marica

J— Tu novia sabe que lo cornudo y maricona que eres, métela!

Al instante, sentí como me inundaba ese glorioso trozo de carne. Sentí cómo me llenaba. Era como si me estuviera abriendo desde adentro. Como si el cuerpo no supiera si resistir o rendirse. Me arqueé. Estaba gozándolo increíble y todavía quedaba la mitad.

Al poco por fín sentí que entera y sentí sus huevo grandes, duros y cargados de leche chocando contra mi culo

J— En el culo de tu novio me entra mejor —me dijo al mientras me agarraba del cuello, — Que sepas guarra que a partir de ahora eres mi perra, mi hembra, ya no perteneces al marica cornudo, ahora eres mía

Yo llena de placer y con pareja liberal toda su polla metida dentro mire a Roberto, el cual estaba de pie con la polla fuera haciéndose una paja mientras nos miraba desde la distancia y se masturbaba.

De repente José empezó a meter y sacar su polla de mi coño, me dolía, jamás había sentido una polla asi, tan bestial, tan descomunal, me dolía por semejante tamaño, pero el placer que me daba era inmenso. El tamaño, el calor, la profundidad… estaba siendo rellenada por completo. Como si solo fuese suya y estuviera para su disfrute.

José me cogía con ritmo firme. Me abría con cada embestida y yo no podía hacer otra cosa que entregarme y disfrutar. Me sostenía por las caderas y me la metía hasta los huevos con cada embestida. Mee agarraba de la correa y tiraba fuerte, y me cogía lo pareja liberal suficientemente fuerte del cuello para poder tener un orgasmo detrás de otro, estaba siendo su sumisa y me encantaba. Sentía los huevos chocando contra mí, su olor fuerte a macho. La polla me palpitaba dentro, como si tuviera vida.

Roberto se acercó al rato se acercó.

R—¿Estás bien? —susurró.

No respondí, pero mi cara de goce hablaba por si sola

Yo asentí. Me corría mientras Jose le ordeno que me besara justo cuando sentía otro orgasmos, tan fuerte y tan intenso que le mordí la lengua a Roberto y le hice un poco de sangre

José me puso a cuatro patas follar dedicación, lo único que podía ver era como Roberto se moneaba su pene mientras Jose cada vez me lo metía más fuerte y más profundo. Me agarró de los hombros. Me embestía como si no pudiera parar. Yo me sentía usada, el coño abierto de par en par, completamente rendida.

J—Te voy a acabar dentro perra—dijo, sin preguntarme.

Note que la polla de Jose se hinchaba. No dijo nada. Solo me follaba cada vez más rápido, yo no podía más y justo me corrí cuando explotó en mi interior. Fue fuerte. Intenso Y no podía parar de gemir del mejor orgasmo que me habían dando en mi vida.

Se quedó adentro, apretado contra mí. Sentí cómo su semen caliente me llenaba por dentro. Cuando por fin la saco se tiro en la cama y me hizo señas para que le limpiase la polla, cosa que hice con especial dedicación y cariño

J—Putito que no me he olvidado de tí, que te parece si te tragas mi leche pero esta vez del coño de mi perra —

Yo me puso en posición para facilitar que Roberto me comiera mientras seguía limpiando la polla de Jose. Nada más sentir la boca en su coño, apreté el coño para sacar toda la leche y que Roberto se la pudiera tragar. Estuvimos así un buen rato, mi novio y yo sumisos de su ex-amante.

José se apartó sin decir nada. Fue al baño y cerró la puerta.

Yo me dejé caer sobre la cama, exhausta, abierta, jadeando. Roberto se acostó a mi lado. Me abrazó. Me besó la frente.

Ninguno dijo nada.

Yo todavía lo sentía adentro. Su cuerpo. Su eco

Y supe que no iba a ser la última vez…