Mientras yacía boca abajo con las nalgas y espaldas llenas de semen, disfrutaba recordando el momento tan excitante que había disfrutado. Entendí que me encantaba mamar verga y ser penetrado.
Desperté en mi casa sin saber cómo había llegado. Sólo recordaba la follada tan intensa que me dio el negro. Lo recordaba con incertidumbre de no saber qué iba a pasar y con anhelo porque deseaba que volviera a suceder.
Reencuentro casual con Martín y presentación de Andrés, un colombiano negro de 23 años, sobre el que nunca imaginé la posibilidad de tener algo con él.
De cómo descubrí el sexo en la preadolescencia, en una época en que no había móviles ni internet, y el sexo sólo era accesible a través de revistas porno y de cintas VHS
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