Mi suegra es buena
Martes cualquiera, llegué más temprano de lo normal. La puerta estaba entreabierta y un aroma delicioso inundaba la casa. Al entrar, ahí estaba mi suegra, joven, arreglada y con esa sonrisa traviesa que siempre me saca de ritmo. En la mesa del comedor ya tenía la comida servida.