Me llamo Sergio, tengo 27 años y llevo casi dos años saliendo con Mariana de 23. Este año mi novia y sus padres me invitaron a pasar unos dias con ellos en el pueblo, a mí me pareció estupendo, ya que no me apetecía nada separarme 20 dias de mi novia.
Yo llegué en mi coche cuando ellos ya llevaban allí 4 días, ya que tenía que quedarme a trabajar hasta algo más tarde que ellos. Los primeros días que pasamos allí estuvieron bien, pero al estar todo el tiempo con sus padres, Mariana y yo no teníamos demasiadas oportunidades para "estar a solas", así que nos íbamos arreglando con pequeños momentos y aprovechando cualquier instante para meternos mano o lo que pudiésemos.
Pero lo verdaderamente increíble fue lo que sucedió el día en que Oscar (el padre de Mariana) y ella se fueron a la capital a visitar a los padres de él. Pensaban ir por la mañana, hacer noche allí y volver al día siguiente. Mirta (la madre de Mariana) no iba a acompañarlos, pues no tenía buena relación con la familia de su marido, y a mí, la verdad es que no me apetecía nada ir, aparte que ya había conocido a gente con quien echarme unas risas por la noche.
Total, que ese sábado Mariana se fue con su padre y yo me quedaba en el pueblo con su madre. El día se presagiaba aburrido hasta que llegase la noche, de modo que fui a mi habitación a tumbarme un rato y dejar pasar el tiempo mientras ojeaba unas revistas de videojuegos.
Me levante al cabo de un rato con intención de bajar a la planta baja de la casa y coger una lata en la nevera, pero me detuve a la altura del baño, la puerta estaba entreabierta y se oía dentro como un llanto apagado. Abrí la puerta y vi que Mirta estaba mirándose al espejo de espaldas a mí y con un montón de ropa encima del lavamanos, estaba desnuda de cintura para arriba, así que solté un rápido "perdón" y cerré de golpe. Al momento oí como su madre me decía que esperase y que entrase. Entré y vi como simplemente cubría sus pechos con los brazos. Por sus ojos era evidente que había estado llorando así que le pregunté qué era lo que le pasaba, me dijo que necesitaba que fuera sincero con ella, que llevaba un tiempo obsesionada con una cosa y quería saber mi opinión. Me dijo que había estado probándose un montón de prendas y que no se veía bien con ninguna sin ponerse un sujetador, que se veía con el pecho caído y quería que le dijese como se lo veía yo, a todo esto apartó sus brazos y me dejó contemplando sus pechos.
Lo cierto es que la madre de Mariana me impactó muchísimo ya desde la primera vez que la vi, tiene 42 años y les aseguro que está muchísimo mejor que muchas chicas de veintitantos. En cierto modo se puede comparar con mi novia: miden casi lo mismo, sus curvas son muy redondeadas, pero su madre tiene bastante más pecho y quizá una talla más de pantalón. La había visto muchas veces en bikini en la playa o en la piscina, y es el tipo de mujer que levanta las miradas allí por donde pasa. Me consideraba afortunado, no ya por su madre, sino pensando que con un poco de suerte mi novia dentro de 20 años se conservase así de bien.
Me quedé muy cortado mientras miraba esos pechos, y sentía vergüenza por no poder dejar de mirarlos, no era lo mismo verlos bajo un bikini por pequeño que fuera a verlos completamente al desnudo, con aquellos pezones grandes y oscuros que tantas veces había imaginado pero hasta entonces nunca visto, además, no sabía que decir. Se puso de perfil y volvió a preguntarme qué opinaba mientras se miraba al espejo. Le dije que no sabía si yo era el más adecuado para opinar acerca de sus pechos y me dijo que yo era el único en quien tenía suficiente confianza para pedírmelo y obtener una respuesta sincera al mismo tiempo. Le dije que sus pechos me parecían grandes y que los veía más firmes que muchos otros más pequeños que había visto, pero que por su peso era inevitable que cayesen un poco. Pareció quedar convencida con la respuesta. Se puso una camiseta ancha que dejó por fuera de los vaqueros que llevaba, recogió el montón de ropa que había y me pidió que la esperara abajo, que quizá pudiésemos hablar un rato.
Bajé al salón y al momento apareció ella. Se sentó en una butaca frente a mí y entonces me confesó que estaba preparando algo para ponerse una noch