Mi sobrina Vivian cómo cada martes llegó a mi casa prácticamente quitándose la ropa, después de varios encuentros ya habíamos establecido una rutina en la que nos veíamos una vez por semana para coger, cada vez le pedía cosas más intensas y ella accedía a todas mis fantasías, podía usarla para cogerme su carita y terminar viniendome en su boquita, podía usar cualquiera de sus orificios, me apretaba muy rico con todos su juventud se notaba, a veces me dejaba insertarle juguetes, vibradores o comida y un sinfín de etcéteras todo lo que quería lo tenía en mi disposición con Vivian, lo que ella quería era complacerme, y por supuesto yo la hacía tener muchos orgasmos, porque esa era mi prioridad, hacerla sentir bien para después mandarla a su casita bien cogida.

Por otro lado, estaba mi cuñada, Carolina, hace unos días visité su casa, le platiqué lo que estaba haciendo con mi sobrina, obviamente la calentó muchísimo… De hecho se calentó lo suficiente, como para que también me dejara que me la cogiera, yo estaba encantado porque hacía mucho que no teníamos teníamos sexo y el poder volver a tocar su piel tan suave, disfrutar de su hermoso cuerpo, penetrarla y sentir su boquita mamándome la verga fue en verdad increíble.

Al cabo de una semana la invité a mi casa y le dije ¿por qué no nos vemos el martes? ¿Te espero en mi casa? A lo cual ella acepto con gusto y no podía ocultar los nervios ni su emoción.

Llegó el martes por la tarde, yo ya tenía la casa preparada: luces tenues, la cama king size con sábanas limpias pero listas para ensuciarse, una botella de vino abierta y mi verga ya medio dura solo de imaginar lo que iba a pasar. Caro llegó primero, puntual como siempre, con un hermoso vestido de verano naranja, ajustado a la cintura que le marcaba las tetas grandes y mostrando la piel que tanto me gustaba. Me saludó con un beso profundo, metiéndome la lengua hasta la garganta, y me susurró al oído:

—Sí tengo ganas de ver a Vivian conmigo, tal como quedamos. Quiero verla cómo se moja por ti… y por mí, aunque también me da un poco de nervios.

Apenas unos minutos después, llegó Vivian, como ya conoce mi casa ni siquiera tocó, solo empujó la puerta y se metió. Venía con su uniforme de la universidad todavía puesto: falda corta plisada, blusa blanca semi abierta y esas medias hasta los muslos que me volvían loco. Se quitó la ropa casi sin decir hola, cómo era su costumbre.

—Hola, tío— dijo con esa voz inocente que contrastaba con lo puta que era—

Vivian, se quedó congelada en el umbral al ver a Carolina en la sala, que le sonreía con esa mirada lujuriosa. Sus ojos se abrieron enormes por la sorpresa, porque claramente no esperaba encontrarla allí, y por un instante su carita inocente se tiñó de confusión.

La abracé por el gusto de verla y le di una nalgada cariñosa mientras presionaba mi erección sobre la ropa, Entiendo tu desconcierto Nena, pero como te había contado, lo de Caro no es una simple fantasía, es algo que realmente iba a suceder tarde o temprano…

Después de parpadear un segundo y morderse el labio inferior, su expresión cambió a una sonrisa traviesa y decidida: iba a complacer a su tío Memo como siempre, y además quería experimentar con Caro, sentir su cuerpo suave y probar esos besos prohibidos que tanto le había platicado y la calentaban. Le quité la blusa en un solo movimiento, dejando al descubierto sus tetitas firmes, y avanzó hacia Caro con la voz temblorosa pero llena de deseo.

Caro tomó la iniciativa y se acercó a ella sin que yo dijera nada. Las dos se miraron un segundo y luego se besaron. Fue un beso lento, húmedo, con lenguas que se enredaban y saliva que empezaba a correrles por la barbilla. Yo me quedé a un metro, sacándome la verga del pantalón y empezando a pajearme despacio. Solo las observaba, pero no pude resistirme: me acerqué, metí una mano entre sus cuerpos y les apreté las tetas a las dos al mismo tiempo. Les pellizqué los pezones hasta que gimieron dentro del beso. Luego las besé a cada una por turnos: primero a Caro, metiéndole la lengua mientras Vivian me agarraba la verga con su manita suave y empezaba a masturbarme con movimientos lentos y expertos. Después besé a Vivian, chupándole los labios mientras Carolina le bajaba la mano a mi nena y le metía dos dedos directo en el coño empapado.

Así, cómanse primero entre ustedes —les dije con la voz ronca—. Yo solo voy a tocarlas un poco para mi placer.

Caminamos los tres hacia la habitación, las empujé suavemente hacia la cama. Se acostaron de lado, frente a frente. Carolina, que era más experta, tomó la iniciativa: le abrió las piernas a Vivian y empezó a lamerle el clítoris con lamidas largas y planas. Vivian arqueó la espalda y soltó un gemido agudo. Yo me puse de rodillas al lado de la cama, sin dejar de pajearme. Extendí la mano y dedeaba a Carolina mientras ella comía coño. Solo un dedo, lento, para sentir cómo se contraía. Después saqué el dedo humedo y se lo puse en los labios a Vivian. Ella lo chupó sin dudar, probando el sabor de Caro con su propia saliva.

Los fluidos ya empezaban a mezclarse: el coño de Vivian chorreaba tanto que le bajaba por los muslos y Carolina lo lamía todo, tragándose cada gota. Yo me acerqué más y puse mi verga dura en la mano libre de Vivian. Ella me la acarició sin dejar de gemir, apretándome la cabeza con los dedos mientras Carolina le metía la lengua hasta el fondo.

—Bésense otra vez —ordené.

Caro subió, dejando un hilo de saliva y jugos de Vivian colgando de su barbilla. Se besaron de nuevo, ahora más salvaje. Sus bocas se llevaban los fluidos del coño de Vivian. Yo metí mi cara entre las dos y las besé al mismo tiempo: lengua de Carolina, lengua de Vivian y mi propia saliva mezclados en un beso baboso y caliente. Mi verga fue atrapada nuevamente por la mano de Vivian, que me pajeaba cada vez con más ansiedad.

Luego las separé un poco y les dije:

—Ahora tú, Caro, siéntate en la cara de Vivian. Quiero ver su boca en tu concha.

Carolina obedeció. Se subió a horcajadas sobre la cara de mi sobrina y bajó el coño abierto directamente sobre la boca de Vivian. Mi sobrina empezó a lamer como loca, metiendo la lengua dentro de Carolina y chupándole el clítoris hinchado. Carolina se movía adelante y atrás, frotándose por toda la cara de Vivian, dejando sus jugos espesos por toda la nariz, labios y mejillas de mi Nena. Yo me masturbaba más fuerte ahora, viendo cómo el coño de mi cuñada chorreaba sobre la boca de mi sobrina. Me incliné y le besé las tetas a Carolina mientras ella se corría por primera vez. Su orgasmo fue violento: soltó un chorro caliente que Vivian tragó, salpicandole la barbilla.

Sin darles descanso, les cambié la posición. Ahora Vivian se puso encima de Carolina en 69 clásico. Las dos coños quedaron uno frente al otro, abiertos, rojos y brillantes. Empezaron a lamerse mutuamente al mismo tiempo. El sonido era obsceno: lenguas chapoteando en jugos, gemidos ahogados, saliva y crema mezclándose. Yo me puse de pie al lado de la cama y les puse la verga primero en la mano a Vivian, que me masturbaba mientras seguía mamando a Caro. Después acerqué la punta a los labios de Carolina y ella me dio dos lamidas rápidas, probando mi precum. Pero no la penetré; solo quería que sintieran mi sabor.

Los fluidos ya estaban completamente mezclados: el coño de Vivian goteaba directo sobre la boca de Carolina, la saliva de Carolina corría por el clítoris de Vivian, y mi precum se mezclaba con todo cuando les pasaba la verga por las mejillas o les dejaba chupar la cabeza un segundo.

—Quiero verlas correrse juntas —dije, y me puse a pajearme fuerte justo encima de ellas.

Vivian fue la primera en explotar. Empezó a temblar, apretando la cara contra el coño de Carolina y soltando un chorro de squirt que le llenó la boca. Carolina tragó lo que pudo y el resto le corrió por las tetas. Yo no aguanté más: me corrí encima de las dos. Mi leche espesa cayó primero en la espalda de Vivian, luego en las tetas de Carolina y finalmente un chorro directo en la boca abierta de mi sobrina, que todavía lamía el coño de Caro, quien, al sentir mi semen caliente, se corrió también: apretó las piernas alrededor de la cabeza de Vivian y soltó su propio chorro, que se mezcló con mi cum y con los jugos de Vivian.

Todo era un desastre delicioso: caras, tetas, coños y manos cubiertos de una mezcla de leche mía, squirt de Vivian y crema de Carolina. Los tres fluidos se habían juntado en sus cuerpos y en sus bocas.

Nuevamente las puse de lado, pero ahora las tres bocas juntas. Las besé a las dos mientras ellas se besaban entre sí. Mi verga, todavía dura, la puse en la mano de Vivian y ella me siguió pajeando lento, untándome con la mezcla de fluidos que tenía en los dedos. Carolina metió dos dedos en el coño de Vivian y luego me los pasó por los labios para que los probara. Yo los chupé, saboreando la mezcla perfecta de las dos mujeres.

—Otra ronda —susurré—. Quiero verlas frotarse los coños mientras yo las beso.

Se pusieron en tijera: coño contra coño, clítoris frotándose directamente. Empezaron a moverse en círculos, gimiendo cada vez más alto. Yo me arrodillé entre sus cabezas y las besaba alternadamente: lengua con Carolina, lengua con Vivian, y a veces las tres lenguas juntas otra vez. Les tocaba las tetas, les pellizcaba los pezones y de vez en cuando les metía un dedo en el culo a cada una, solo para sentir cómo se contraían mientras se frotaban.

Vivian se corrió por segunda vez, gritando mi nombre. Su squirt salió tan fuerte que salpicó el vientre de Carolina y parte de mi verga. Caro se corrió justo después, mordiéndome el labio inferior mientras le temblaban las piernas. Yo volví a eyacular: esta vez apunté directo a sus coños unidos. Mi leche cayó sobre los dos coños y sus jugos. Vivian, en un impulso, bajó la cabeza chupando todo: mi semen, el squirt de Caro y el suyo propio, todo junto en una sola boca. —Pásaselo a Caro, Le pedí a mi nena…— Ella acataba la orden mientras llevaba el encargo de jugos de boca a boca, Vi abierta la deseosa boca de Caro ansiosa por recibir la mezcla y sabía también que quería dármela a beber, a lo que de inmediato accedí sin que me lo pidiera, era algo que definitivamente me quería tragar.

Cuando por fin nos calmamos, las tres bocas seguían juntas en un beso lento y baboso. Sus caras estaban brillantes de saliva, semen y crema. Mi verga descansaba en la mano de Caro, que todavía la acariciaba suave, me miró con ojos vidriosos y sonrió:

—Esto fue mejor de lo que imaginé.

Vivian, con la voz ronca de tanto gemir, añadió:

—Tío… la próxima semana quiero que nos uses más… pero siempre así, con nosotras dos primero.

Yo solo sonreí, Las abracé a las dos contra mi pecho, oliendo el olor a sexo que llenaba toda la habitación. Esa fue solo la primera de muchas tardes de martes donde mis dos mujeres se entregaban la una a la otra mientras yo las miraba, las tocaba apenas y dejaba que mis fluidos se unieran para siempre con los de ellas.

Y así, con los cuerpos pegajosos y las bocas hinchadas, terminamos la tarde. Pero ya sabía que el siguiente martes sería aún más intenso. Porque con Carolina y Vivian, ya no había límite…