Capítulo 2

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Que me levantara a coger un libro de la forma más sensual posible… esa era su castigo hacia mí.

La biblioteca estaba casi vacía a esa hora. El silencio era tanto que cada pequeño sonido parecía amplificarse: el leve roce de una página, el crujido de una silla, incluso la respiración parecía más audible de lo normal. Entre estanterías altas, ocupábamos una mesa apartada, lo suficientemente escondida como para sentirnos solos, pero con la tensión constante de saber dónde estábamos.

Él dejó el móvil boca abajo tras poner la canción en sus auriculares compartidos, uno para cada uno. La música sonaba baja. Yo lo miré de reojo, con esa chispa juguetona que ya se había vuelto peligrosa desde hacía rato.

Puso la canción Earned It; me pareció la canción perfecta para el momento. Lo miré, imaginando traviesa lo que me gustaría hacerle, mientras me levantaba despacio. Caminé hacia la estantería moviendo las caderas con cada paso y, poco a poco, fui subiéndome la falda de cuadros, dejando al descubierto mis muslos hasta quedar pegada a ella, como si fuera él quien me acorralaba contra los libros.

Alcé la mano derecha para alcanzar el libro más alto, poniéndome de puntillas, y aproveché para subir un poco más la falda, insinuándome. Aquel día llevaba medias negras hasta medio muslo, una falda de cuadros por las rodillas, una camiseta de tirantes negra y una sudadera blanca encima. Tenía el pelo recogido en un moño, con dos mechones ondulados enmarcando mi cara. Bajo la falda, llevaba unas braguitas blancas sencillas; nunca fui de tangas. Tanto mi hermana como yo teníamos un físico cuidado de tantos años jugando al voleibol.

Al bajarme de puntillas, me di una suave torta en una nalga y me giré lentamente para mirarlo. Él me observaba sin parpadear, con una media sonrisa, recorriéndome con la mirada desde los pies hasta los ojos. Volví hacia la mesa, jugando con el borde de la sudadera, levantándola ligeramente para dejar ver mi vientre y poniendo las dos manos apoyadas sobre la mesa, con una mirada inocente:

— ¿Castigo cumplido? — Le pregunté con una sonrisa pícara.

— No ha estado mal… — me dijo intentando aparentar.

Seguimos con las preguntas y la siguiente falló él, eligiendo castigo, el cual me tocaba elegir a mí… tenía ganas de pedirle que se la sacara para vérsela o que me dejara acariciársela, pero se me ocurrió algo más suave.

—Quiero que te desabroches lentamente la camisa, botón a botón mientras bailas para mí, sin dejar de mirarme, con la misma canción y te quedes así —

Puso de nuevo la canción en su móvil para que comenzar. Se levantó mientras movía las caderas en círculos, sacándose la camisa del pantalón y dejándome ver sus oblicuos por un momento y ese cinto que le apretaba… me entraban ganas de quitárselo con la boca. Comenzó desabrochándose los botones de arriba hacia abajo, mientras bailaba al ritmo de la canción y yo cada vez iba notando como me calentaba más, ya tenía medio pecho descubierto y me llegó su perfume de hombre que me embriagaba, dándome deseos de pasarle la lengua, se desabrochó completamente la camisa, dejando al descubierto todo el pecho. Lo tenía en buena forma lo que hacía que me dieran más ganas …

— ¿Te gusta lo que ves? — Me dijo con una sonrisa mientras se pasaba la mano desde la parte superior del pecho bajando por el vientre hasta metérsela por debajo del pantalón…

— No está mal — Dije intentando aparentar que no estaba más caliente que el acero al rojo vivo…

Se sentó de nuevo en su silla en frente de mí y continuamos estudiando. La siguiente pregunta la falló él de nuevo, yo me regocijaba de poder hacerle lo que me dé la gana porque tenía pensado algo ya.

— Tápate los ojos con mi bufanda y debes adivinar que te toca la cara, solo tendrás una oportunidad sino te daré una cachetada — Le dije con una sonrisa perversa.

—A ver que me vas a hacer Isa, no seas mala conmigo— Le miré, me mordí el labio de abajo…

— No menos de lo que lo has sido conmigo —

Le tapé bien los ojos asegurándome de que no veía nada y las reglas eran que solo podía usar la boca para adivinar. Con Marcos amordazado, me coloqué justo detrás de él y le hice la cabeza hacia atrás apoyándosela en el cabezal de la silla dejándole la cara hacia el techo.

Me levanté la sudadera sin hacer ruido, mi camisa también, ese día no llevaba sujetador, me saqué los pechos que me acaricié de lo caliente que estaba pellizcándome el pezón y relamiéndome de pensar en lo que estaba por hacer… se los fui acercando poco a poco a su cara, se los fui pasando por la frente, el pelo, por los ojos, la nariz…

— Saca la lengua para que lo saborees, pero no puedes morder ni intentar meterlo en la boca solo pasar la lengua — Le dije casi inaudiblemente como si hubiera sido casi un pensamiento que no llegó a ser pronunciado, sacó la lengua roja, de un chupachups que se había estado comiendo y le olía a fresa, tenía ganas de comérmelo a besos, pero en lugar de eso, le pasé el pezón por el labio superior e inferior, remojándomelo con su lengua, que comenzó a mover en círculos acariciándome la aureola y el pezón con esa lengüita roja ardiendo. Yo estaba ya muy mojadita, sintiendo como recorría con su boca mi pecho y mis pezones, se me pusieron duros los pezones y justo paré ahí para que no fuera evidente, que es lo que era… pero me costó mucho detenerme se estaba sintiendo demasiado rico.

Me tapé me puse en frente de él y sin quitarle la bufanda aún de los ojos le pregunté;

— ¿Y bien, que crees que era? —

—Por lo suavecito y blandito que estaba, me pareció una teta, pero como no creo que me hayas puesto una teta en la cara, diré que es una bola antiestrés que tienes —

—! Fallaste completamente ¡— !Plaassss! le propiné una cachetada suave para que no sonara demasiado en la biblioteca y descubrí que me gustó mucho lo de tenerlo amordazado y hacer lo que quiera con él.

— ¿En serio? Pero entonces, ¿Qué era? — Me dijo quitándose la bufanda con el moflete rojo de la cachetada y yo riéndome sin parar por la vergüenza y los nervios de que descubriera que eran mis pechos.

—Quizás algún día te lo diga — Le dije sacándole la lengua.

Seguimos estudiando, escuchábamos como la gente a la distancia iban y venían por sus pasos y eso nos hacía recordar que no estábamos solos y nos hacía divertirnos más. No podíamos dejar de mirarnos a cada poco y reírnos como dos cómplices.

—Siguiente pregunta, más te vale responderla bien porque si no te vas a quedar en calzoncillos… — Le dije en susurros y conteniéndonos la risa.

— No cantes victoria, quizás te quedes tú en bragas… — Le miré levantando una ceja con una sonrisa de diablesa…

—Eso te gustaría —

Le comenté la pregunta y ambos respondimos por escrito luego leímos la respuesta y la buscamos, para mí sorpresa yo había respondido mal, así que le tocaba a él elegir mi castigo y estaba deseándolo.

—Como has hecho lo que has querido conmigo, ahora toca V de Vendetta — Me dijo con una amplia sonrisa traviesa — Quiero que hagas lo siguiente… —

Me miró por unos segundos en silencio, con esa sonrisa, estaba pensando algo maquiavélico y me estaba matando de la curiosidad y de las ganas de tirarme encima de él con ese perfume y esa mirada intensa que me estaba echando fija a los ojos.

— Te vas a poner de rodillas sobre la silla, con el pecho apoyado en el espaldar te vas a subir la falda y te vas a quitar las braguitas para regalármelas — En cuanto acabó se pasó la lengua por los labios y se mordió el inferior, me latía el corazón a mil y tenía ganas de hacer lo que me ordenara sin rechistar.

Me levanté de la silla lento sin hacer ruido para darle la espalda, me incliné hasta tocarme con mis manos los tobillos e ir subiéndolas por mis piernas a los lados encontrándose con mi falda por las rodillas, para irla levantado dejando al descubierto mis muslos, el final de mis medias y mi culito.

Él me estaba haciendo suya con la mirada y yo me entregaba a serlo. Apoyé la rodilla derecha sobre la silla seguida de la izquierda apoyando el pecho sobre el espaldar y acariciándome la parte trasera de los muslos, las nalgas… para agarrar con delicadeza mis braguitas e írmelas bajando lentamente arqueando la espalda poniéndome lo más en pompa posible hasta descubrirle mi vagina cerradita en una línea perfecta hecha por mis labios.

Le miré con mis braguitas justo debajo de mi culito, para ver en su cara un deseo de hacérmelo que con mucha voluntad estaba reprimiéndose, mientras que a mí me apetecía que me lo hiciera allí mismo en esa silla y contra el suelo, las estanterías, la mesa… estaba ardiendo…

Me fui bajando las braguitas por los muslos hasta que llegué a las rodillas y me las deslicé por los gemelos hasta dejarlas colgando de mis tobillos.

—¿Esto querías? — Le pregunté en un susurro mordiéndome los labios manteniendo la postura para que pudiera verme bien.

Él se levantó de la silla, rodeó la mesa sin quitarme la mirada poniéndose detrás mía, en su pantalón se apreciaba su pene duro resaltando del pantalón queriendo ser liberado, yo no paraba de pensar en liberárselo para comérmelo, pero no podía hacer eso, ¿qué pensaría de mí?; —Solo falta una cosa — Me dijo quitándose el cinturón, sin parar de mirarme, yo no creía que fuera a sacársela ahí mismo, no podía quitarle la vista, se desabrochó el botón, bajó la cremallera de su vaquero y se bajó el calzoncillo para dejar salir esa polla ni grande ni pequeña ni gorda ni fina, con la punta mirando arriba, la tenía dura y venada.

La boca se me hacía agua y quería sentirla dentro, pero no quería perder la virginidad y menos sabiendo que me iba a doler y a sangrar, pero quería dejarle hacerme lo que quisiera.

—Marcos ¿qué vas a hacer? No podemos hacerlo aquí y menos así — Le dije teniendo que tragar saliva por que se me salía completamente y noté como por mi muslo bajaba una gota de fluido de mi vagina, la tenía inundada de jugos imaginándome a Marcos follándome ahí mismo.

—Shhh, no lo vamos a hacer solo quiero que me sientas muy cerquita y yo a ti… —

Comenzó a pasarme su pene por entre los muslos subiendo, estaba ardiendo, me la arrastraba recogiendo la gota de jugo lentamente hasta mi vagina, completamente mojada y palpitando, como si estuviera usando los dedos, pero con la punta del pene, me abrió los labios exteriores dejando escapar un embalse de jugos que mantenían los labios cerrados, bañando completamente su pene, deslizándose ese fluido por sus huevos y cayendo por mis muslos.

Me tuve que tapar la boca para no gemir de notar ese trozo de carne ardiendo a la entrada de mi vagina rozándome el clítoris, comenzó a deslizármela hacia adelante y hacia atrás desde mi clítoris, hasta mi culito, llevándome jugos a mi agujerito de atrás mojándomelo completamente y empujando con su pene sentía como quería entrar por mis dos agujeritos al pasar enloqueciéndome y nublándome el juicio.

—¿Sabes que, si lo haces por aquí, no es pecado? — Me dijo en susurros apretando con la punta de su pene en mi agujerito de atrás que sentía como entraba apretada la punta. Me daba demasiado placer sentirla cada vez que intentaba empujarla, yo estaba ya en un vórtice de placer, lujuria y deseo de sentirla que se me olvidaba donde estábamos, al sentir a Marcos pasándomela por mi rajita chorreando y empotrándome cada vez que llegaba con la puntita por atrás, sin saber en qué momento comencé a mover mis caderas contra él cada vez que él las movía contra mí, al llegar al clítoris y al llegar a mi culito.

Sentí como nos acercábamos a la vez, rozándome desde su punta hasta la mitad del pene todo mi clítoris, deseando ser suya y él mío, nos alejábamos y volvíamos a acercarnos. Repetimos ese baile no sé ni cuantas veces y cada vez su pene empujaba un poco más en mi culito, hasta que ya solo deseaba tenerlo dentro de mí, lo agarré por el pantalón y después de acariciar el clítoris me la volvió a dirigir a mi culito como las otras veces y esa vez empujamos el uno contra el otro, no dejé que se alejara, lo mantuve agarrado y seguí empujando contra él sintiendo como ese pene entraba en mi culito lentamente, cada vez más y más y más deslizándose con mis fluidos como lubricante, estaba por morirme de gusto, me dolía un poquito, aunque me daba un placer enorme, miré a Marcos y estaba mordiéndose fuerte el labio de abajo a la vez que los ojos con la mirada hacia el techo los tenía casi en blanco, hasta que entró entera dentro de mi culito y sentí que ya me pegué contra su pelvis.

Comencé a moverme en círculos con todo dentro, se sentía demasiado rico todo eso dentro de mis entrañas, Marcos me agarró fuerte la carne con las dos manos a los lados de mis caderas y sentí como me inundaba un líquido ardiendo que salía a borbotones dentro de mí, Marcos se estaba corriendo dentro, todo eso me puso demasiado cachonda, comencé a sentir que me iba a venir yo también acariciándome el clítoris, mientras seguía haciendo círculos con mis caderas mientras Marcos me llenaba entera con su leche y su palpitante pene, con espasmos en cada disparo de leche me provocaba otro espasmo a mí, los dos en completo silencio, a punto de arrancarnos el labio mordiéndonos para no hacer ruido, con él dentro mía teniendo el mejor orgasmo de su vida dentro de mi sucio culito y yo como una perra enloquecida, me salían chorros de lo que parecía pis mientras estaba teniendo el orgasmo, temblándome todo el cuerpo hasta dejarme caer sobre el espaldar de la silla completamente desmayada de ese intenso placer…

Marcos se apoyó sobre mi espalda acercándoseme al oído aún dentro mía… notaba como su pene se estaba desinflando poco a poco y su respiración en mi oído, me daba besitos húmedos en el cuello hasta susurrarme.

—No creo que suspendamos asignaturas con estos métodos de estudio… — me dijo con una sonrisa cogiéndome la cara y virándomela para besarme con lengua… no sabía que un beso podía ser tan delicioso a la vez que sucio, con una polla en tu culo y una lengua en tu boca…

Se le salió del todo y se la guardó en los pantalones, me quitó mis braguitas y con una sonrisa de pervertido, las olió para guardárselas su bolsillo.

— Eres un cerdo sin salvación Marquitos… — Le dije mientras me reía

Me senté en la silla recobrando la compostura y cogiendo clínex para limpiarme un poco todo ese espectáculo de fluidos en mis muslos y en la silla.

— Creo que no vamos a poder seguir estudiando por hoy, ¿te apetece irnos a comer algo? — Me preguntó él a lo que asentí y después de limpiarlo todo como pude con unos clínex.

Nos fuimos a la cafetería de la facultad, para tomarnos unos cafés, estuvimos hablando un poco sobre el grado como si no hubiera pasado nada, pero en cada mirada que me echaba, yo lo veía mordiéndose el labio y lo podía sentir dentro de mí derritiéndose por completo entre espasmos, no podía evitar ponerme caliente, estaba sin bragas, mojada aún como si siguiera a 4 patas sobre esa silla, ni todo el papel del mundo podía acabar con esa humedad.

—¿Alguna vez lo habías hecho? — Le pregunté a Marcos.

—No, nunca, solo me he tocado, pero nunca lo había hecho ¿y tú? —

—Tampoco y menos por ahí… me da mucha vergüenza — Estaba completamente roja, me ardían las orejas y también mis partes recordando lo que ocurrió hace media hora, pero me sentía un poco culpable, aunque para ser técnica no había perdido mi virginidad de lo más importante así que creo que no había fallado del todo de alguna forma.

Lo cierto es que me moría de ganas de repetir, pero ya era tarde y debía irme a casa.

Nos despedimos con dos besitos en cada mejilla, hasta el día siguiente.

Esa noche al volver a casa, solo quería darme un baño y tirarme a la cama, ya estaba arropada cuando se abrió la puerta de mi habitación, era Melisa, me preguntó si podía entrar a hablar conmigo un rato.

—¿Que tal la uni? —Me preguntó de primeras —Hoy pasó algo que no debería haber sucedido y quiero contártelo, pero es un secreto, eres en quien más confío hermana — Me miraba a los ojos diciéndomelo, tras 2 segundos en silencio mirándome y yo con mucha intriga de qué me tenía que contar, se acostó al lado mía tapándose con el edredón para comenzar;

—Conocí a una chica en mi clase que se llama Sara, no es evangélica, estuvimos hablando bastante y llegamos no sé cómo a hablar sobre sexo, ¿te puedes creer que hay mujeres que les gustan las mujeres? — yo recordaba cuando nos besamos con un pene por el medio y nos metimos mano… — Se llaman lesbianas, pero resulta que también las hay que son bisexuales, Sara me contó que ha estado con un hombre y una mujer a la vez en la cama, pues creo que soy una de esas, que soy bisexual, porque a mí las mujeres también me entran deseos de besarlas y tocarlas, pero hasta ahora nunca lo había pensado. — hizo una pausa riéndose

— Sara me estuvo hablando mucho sobre eso y creo que estoy segura de que soy bisexual, ¿te lo puedes creer Isa? Jajajaj una evangélica bisexual… — Creo que la iglesia se acabó para mí, no aceptan gente como yo — Se quedó mirando al techo, su mano agarraba la mía. — Además me he besado hoy con ella hermana, no puede estar mal sentir lo que estoy sintiendo por ella, creo que me estoy enamorando, pero quiero seguir experimentando con los hombres también, aunque me gustaría estar con ella, ¿Como es posible? —

—Porque eres una guarrilla hermana por eso jajajaja— Le dije en bromas para restarle importancia —Si te gusta de verdad Mel, sigue conociéndola y dile que te gusta, ¿con Carlos ha pasado algo más? —

— No, con Carlos solo son esos juegos y de vez en cuando he quedado con él para lo mismo, pero sigo siendo virgen solo hacemos lo mismo que hicimos los tres. Podríamos quedar un día con Sara para que la conozcas. —

—Podría ser sí, yo también conocí a un chico que vamos a estar juntos en clase, se llama Marcos y la verdad es que hemos conectado muy bien jajaja — Me enrojecí sin remedio, pero al estar la habitación con poca luz no se me notó, aunque mi hermana igualmente notó en mi tono de voz que algo había pasado.

— ¿Te gusta verdad Isabel?, a mí no puedes ocultármelo, cuenta — se me quedó mirando con los ojos abiertos fijamente, pero no podía contarle lo que había sucedido, era demasiado fuerte ni yo me creía lo que sucedió con un chico que conocí ese mismo día, pero hubo demasiado feeling con él, fue inevitable y jamás había gozado tanto en mi vida.

—Pues la verdad que también nos acercamos bastante, pero solo besitos y estoy calentorra perdida Mel, pero no quiero dejar la iglesia, voy a ser buena ante los ojos de nuestro señor, mientras la virginidad solo sea para nuestro marido todo está bien ¿no? —

—¿Me estás insinuando que se la chuparías? si es así yo también quiero hermanita, me gustaría probar otro pene que no sea el de Carlos, ya me aburre un poco siempre el mismo —

— jajajajaja eres de lo que no hay hermana, pero por qué no empezamos por quedar los cuatro, les decimos mañana y a ver si les apetece, nos vamos al cine, por ejemplo —

— ¡Me encanta la idea! mañana les decimos sí, me voy a dormir ya un besito — me dio un besito en la comisura de los labios, yo se lo devolví en su otra comisura, nos miramos por un segundo con una sonrisa cómplice a la par que traviesa antes de comenzar a besarnos mi hermana y yo.

Los labios de mi hermana son muy suaves y mullidos, comenzamos a besarnos con lengua a la vez que se me colocó encima a horcajadas como si me fuera a cabalgar, le deslicé las manos por los muslos tan suaves hasta llegar a su camisón que le caía de fina tela de satén por el cuerpo levantándoselo para desnudar su cuerpo, me ayudó quitándoselo y dejando sus pechos a la altura de mi cara. Me rozaban los labios sus pezones, antes de empezar a pasarles la lengua, a mí se me venía a la cabeza Marcos y lo que le había hecho en la biblioteca mientras agarraba el culito de Mel fuerte y chupaba sus pezones ya duros en mi boca danzando con mi lengua.

Mel me subió mi camisón dejándome desnuda completamente, ya que me gustaba dormir sin bragas y se me acercó para seguir besándonos mientras nuestros pechos se acariciaban y nuestros cuerpos se rozaban, le metí mis dedos corazón y anular en la boca para que me los chupara bien a lo que ella respondió de la misma forma mojándose sus dedos en mi saliva, para ambas deslizar nuestras manos a nuestras partes ella me estaba acariciando mi clítoris y yo el de ella…

—¿Crees que Sara y Marcos les gustaría saber qué hacemos estas travesuras o incluso que se animen? — me dijo mi hermana al oído bajito entre gemidos, yo estaba pesando lo mismo que ella y la verdad que me ponía muy perra pensar en tragarme la polla de marcos mientras mi hermana me metía sus deditos y su lengua en mi rajita.

— Deberíamos averiguarlo — Le contesté malamente entre gemidos.

Tiré a mi hermana a mi lado poniéndola boca abajo y me puse encima de ella dándole besitos en la espalda, bajando con mis besos y mi lengua por su piel hasta su culito para mordérselo e irle pasando la lengua por toda su rajita desde su vagina a su agujerito prohibido lubricándoselo con mi saliva, quería que sintiera lo que sentí yo a ver si también le gustaba…

Comencé metiéndole un dedito poco a poco mientras le besaba el cuello y le pasaba mis pechos por su espalda, ella reaccionó moviendo su culito instintivamente elevándolo y bajándolo para que mi dedo se introdujera más y más profundo. Junté al corazón el anular para darle más grosor a lo que ella seguía con el mismo movimiento mientras gemía de placer con mis besos al unísono de mi cuerpo acariciándola y mis dedos dentro de su culito…

— Hmmm Isa desde cuando sabes hacer esto… que rico se siente… me voy a venir si sigues así, no pares… — me decía ella entre cada respiración.

Seguí con ese juego mientras yo me masturbaba también mi rajita, rozándome con ella, con mis dedos entrando y saliendo de su apretadito hoyo… me imaginaba a Marcos haciéndomelo así enloqueciéndome de placer.

— Me corro! ¡Me corro! ¡¡Me corro!! Aaaaahhhh… — susurraba Mel para no hacer ruido y despertar a nuestros padres. Yo también estaba ya por correrme y me vine a mares pensando en la lechita de Marcos ardiendo llenándome mis entrañas y sintiendo sus espasmos en lo más profundo de mi ser.

Nos quedamos las dos tiradas una al lado de la otra desnudas recobrando el aliento, mientras nos limpiamos con toallitas húmedas que tenía en mi mesa de noche y esta vez sí nos despedimos con un piquito de buenas noches, Mel se fue a su habitación y dormimos como dos angelitas esa noche.

A la mañana siguiente estuvimos hablando en el desayuno para quedar los 4, para ir al cine por la noche, así que estaba deseando ir a la universidad para ver a Marcos ya y convencerlo de irnos esa noche al cine con mi hermana sería ¡UN GRAN DÍA!!!

Una ninfómana evangélica

Una ninfómana evangélica I