Hola, ¿qué tal? Quisiera contarles cómo fue que me cogí a mis cuñadas. Ellas son hermanas de mi esposa y la verdad siempre me calentaba verlas, ya que vivíamos en casa de mi suegra. Ellas tienen bonito cuerpo, pero lo mejor es que tienen un buen culo las dos.
Me llamo Ismael, tengo 34 años y mis cuñadas se llaman Berenice y Juana. Cuando me junté con mi mujer hace un año, nos fuimos a vivir con mi suegra. La casa no era muy grande, pero vivíamos bien. Tenía tres cuartos: en uno dormían mis cuñadas y en otro mi suegra (ella era separada). El cuarto de nosotros estaba al lado del de mis cuñadas. Tenía una ventana que comunicaba los cuartos y la tapamos con papel y una cortina.
Mi mujer era muy ardiente y cuando teníamos relaciones gemía muy fuerte.
Un domingo me levanté a las 9 a. m. y al salir al baño me topé con mi cuñada la mayor. Al verme me dijo:
—Cuñado, ¿por qué eres tan gacho conmigo? ¿Qué no piensas que yo también siento cuando te coges a mi hermana? Gracias a eso me he masturbado varias veces escuchándolos.
¡Woooow! Yo nunca imaginé que mi cuñada hiciera eso. Pero me preguntó algo que me dejó sin palabras:
—Cuñado, ¿en verdad tienes la verga tan grande y con muchas venas?
Yo me le quedé viendo sin saber qué decirle y continuó diciéndome:
—Tranquilo, cuñado. Yo no tengo la culpa de que tu mujer lo grite cuando se la estás metiendo por el culo.
—¡Bere! ¡Qué cosas dices!
—Ay, cuñado, si vieras qué rico me masturbo. Hasta Juana también se ha masturbado imaginando que te la coges bien rico.
Yo no sabía qué decir, estaba helado con todo lo que me estaba diciendo, no lo podía creer. Pero mi verga sí había reaccionado a las palabras de mi cuñada y ella lo notó de inmediato.
—Ay, cuñadito, creo que a alguien sí le agradó mi plática, jejeje. Mira nada más el tamaño que tienes. ¡Woooow! Sí que está enorme. ¿Me dejas tocarla? Solo quiero sentir con mis manos lo grande que está.
A mí me sudaban las manos. Yo miraba para todos lados esperando que no nos viera alguien. Mi cuñada me dice:
—Tranquilo, cuñadito. No te pongas nervioso, no hay nadie en la casa. Se fueron temprano a misa y de ahí van a ir a ver a una tía y van a llegar como a la una. Déjame tocar un poco y yo te dejo tocar también…
Y sin más se quitó la blusa y no traía bra, y sus tetas quedaron apuntando hacia mí. Traía unas tangas color negro y sus pelitos se le salían por los lados.
Yo no daba crédito a lo que veía, pues aparte de que era menor de edad era mi cuñada, pero ella no pensaba lo mismo. Se acercó a mí, me agarró la verga y me dio un beso. Yo se lo correspondí y la agarré de sus nalgas. Me dijo:
—Luis, quiero que me hagas tuya. Quiero que seas mi primer hombre.
—¿En verdad quieres eso, Bere?
La miré y la calentura pudo más que otra cosa. Comencé a besarla y acariciarla por todos lados. Ella me besaba con mucha pasión y me mordía. Se agachó y me empezó a quitar el short. Al quedar mi verga libre exclamó:
—¡Woooow, Luis! Está enorme. Siempre soñé con tenerla así de cerca, lamerla, chuparla, mamártela… ¡Woooow!
Ella no salía de su asombro y su lengua comenzó a recorrer cada centímetro de mi verga. Ahhhh, uufffff. Verla de rodillas mamándome la verga era algo que jamás había imaginado.
La levanté y la acosté en el sillón de la sala. Le quité su tanga y le empecé a chupar su panocha. La tenía llena de pelos, algo que siempre me ha excitado. Al tocar su clítoris con mi lengua emitió un gemido largo que hizo que me jalara del cabello, pegándome más a su ya húmeda panocha.
—Aaaahhhhhh, siiii, ahhhggg. Dame tu verga, Luis. Quiero seguir mamándola.
Me acosté y ella se acomodó en un 69. Verle su panocha y su culo tan cerca me hizo lamerle el culo y su panocha de una manera muy alocada. Ella se movía subiendo y bajando su cuerpo y eso hacía que su panocha me la tallara en mi cara de lo más rico.
—Ahhhhggg, siiii, Luis, asííí. Chúpame, ahhhh, siiii.
Ella acabó sentada en mi cara y su panocha comenzó a chorrear. Se dio la vuelta, quedó sentada frente a mí y me dice:
—Luis, hazme el amor. Cógeme como a mi hermana.
La miré a los ojos cuando ella tomó mi verga y se empezó a sentar en ella. Intentó introducirla y no pudo hacerlo. La acosté, le abrí las piernas y le dije:
—Bere, esto te va a doler un poco.
Tomé mi verga y se la fui metiendo muy despacio. Al sentir su himen ella ya lloraba y pensé detenerme, pero ella me dijo:
—No, no pares, Luis. Hoy quiero ser tuya, sigue por favor.
Mi verga ya la sentía estallar y se la dejé ir toda, rompiendo su himen. Ella mordió su blusa para no gritar y me puso las manos en el pecho.
—Ay, cabrón. Ahhgg, Luis, me duele mucho. Ahhhggg, uufff.
Yo quise moverme y ella no me dejó. Cuando se repuso, la empecé a follar lento, pero me pidió que le diera duro como a su hermana.
Yo sentía que iba a acabar y quería seguir disfrutando de su panocha, así que la puse de perrito. Pero al ver su culo le puse mi verga en su ano y ella me dijo:
—Nooo, no la voy a aguantar, Luis. Está muy grande.
Le lubriqué bien su ano y empecé a meterla. Ella suplicaba que la sacara, que la tenía muy grande. Pero cuando le entró toda, ella sola se empezó a mover y a gemir más fuerte.
—Ahhhggg, qué rico se siente por atrás. ¡Woooow, siii, uuffff, asííí! Ay, Luis, qué rica verga tienes. Con razón mi hermana grita mucho cuando se la metes por el culo. Ahhhhh. Dale, ya quiero acabar.
—Yo también quiero acabar, Bere.
—Ahhhggg, sí, cuñado. Échame toda tu leche en mi culito. Ahhhggg, siiii, ya estoy acabando. Ahhhh, qué rico, siii, qué rico. No pares, ahgggg.
Yo le empecé a aventar toda mi leche en su culo. Fueron varios chorros que le dejé dentro de su culo. Ella gritaba al sentir que yo estaba acabando y al sacarle la verga de su culo, le empezó a brotar parte de mi leche que se mezcló con su acabada.
Quedamos los dos rendidos. Me dice:
—Wooow, cuñado, me diste una súper cogida. Ahora entiendo a mi hermana cuando me decía que le dolía su culo. Gracias, Luis. Gracias por hacerme tan rico acabar. De aquí para adelante, cuando quieras cogerme, dímelo. Me encanta tu verga.
Yo no sabía qué decirle. En ese momento me entró mucha culpa por todo lo que pasó, pero la seguridad de ella me daba una tranquilidad.
—Gracias a ti, Bere, por regalarme tu virginidad, por dejarme cogerte tan rico. Y claro que vamos a volver a coger, ¡te lo aseguro!
—Oye, Luis, ¿y si Juana también quiere que te la cojas? ¿Te la vas a coger?
—Solo prométeme una cosa: si te la coges, déjame ver cómo te la coges, por favor!!!
Ya después les voy a platicar cuando me cogí a Juana y a Bere el mismo día!!!
Fin
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