Este relato fue ya hace mucho tiempo. No diré la edad, pero a mi padre nunca lo conocí. Por ende, yo viví con mi mamá y mi hermana mayor. Mi mamá se la pasaba trabajando o con su novio. Ella siempre se iba temprano al trabajo, nos despertaba y nos daba dinero para ir a la escuela. La escuela nos quedaba lejos. A mí, por lo general, tenía que tomar una línea de autobuses que quedaba en el fraccionamiento trasero al mío. Tenía que dar toda una vuelta por el terreno pegado al cerro para llegar a la terminal de autobuses. Me pasé casi todo mi ciclo escolar tomando esa línea de autobuses. Se llaman “Adela”.

Yo siempre subía a los autobuses desde la terminal hasta mi escuela. Ya conocía a la mayoría de los choferes. Era muy raro que cruzara palabra con ellos, hasta que conocí a “Don Jorge”. Don Jorge era un señor de alrededor de 37 años, de altura media, delgado pero robusto, bigotón y siempre bien vestido y peinado. Don Jorge era muy amable. Cada que me subía me daba los buenos días así: “Buenos días, pequeña. ¿Ya a la escuela a sacar diez?”. Ese comentario me hacía entrar en confianza.

Después de casi dos meses, era prácticamente muy seguido toparme con él cada que tomaba el autobús de regreso. Y para llegar a la terminal, ellos se iban a un terreno cerca del cerro a descansar o a comer. Era su tiempo de descanso. Después de un tiempo, hice amistad con Don Jorge. Él era muy lindo. Cada que me iba a bajar, me preguntaba cómo me fue, si era de aquí, cómo me llamaba y cosas así. Para mí era muy genuino, muy lindo, ya que tal vez porque jamás conocí a mi papá, asimilé algo parecido con él.

Después de unas semanas, me quedaba platicando en el autobús con Don Jorge, ya que a él le tocaba su hora de comida y yo no me quería sentir sola al llegar a mi casa. Mi hermana llegaba de entrenar a las 7 pm a la casa y mi mamá cerca de las 11 pm. Quería compañía y cada que él descansaba me quedaba su media hora platicando. Él me contaba de su vida, sus novias, su familia y a dónde había viajado. Yo le contaba de mi familia y la escuela. Poco a poco se ganó mucho mi confianza y mi cariño.

Cada que bajaba del autobús se empezaba a despedir de beso o abrazo. Recuerdo la primera vez que me abrazó. Fue raro. Sentí incomodidad, pero sentí bonito que alguien que no conocía me abrazara e hiciera que tuviera esa confianza conmigo. Después de varios días, él llevaba un banquito al camión para que me sentara con él. Tal vez fue mi confianza la que hizo que le mostrara de más. Fue de una manera inocente: sentarme mal enseñando mi calzón o que en la blusa de la escuela se me viera mi corpiño o mi piel. No recuerdo muy bien el porqué se me acercó tanto, pero me dio un beso en la boca y yo solo me quedé en shock. Mi cara era tipo: “¿Qué pasó? ¿Mi primer beso fue con el señor del camión?”. Pero creo que hablé muy pronto, porque no fue solamente mi primer beso.

Después de eso se empezó a reír y me dijo que viera mi cara, que estaba muy linda. Me puso su manota en mi cara y cuello mientras me empezaba a tocar las piernas. Y pues yo solo me quedé quieta sin hacer ningún ruido. Creo que mi cuerpo reaccionó solo porque solo me quedé relajada. Hasta que me empezó a dar más besos en la boca (eran puros de piquito), hasta que me jaló hacia él, me levantó e hizo que me sentara en su pierna. Me puso su mano izquierda en mi nuca mientras me empezaba a dar besos cerca de la oreja y mi cuello. Solo podía sentir su respiración como se iba acelerando y se sincronizaba con la mía. Empezaba a sentir algo que jamás había sentido.

Con su mano derecha fue acariciando mis piernas hasta llegar a mis pantis. Sentí sus dedos mientras me iba masajeando mi vagina. Me fue tocando hasta que me hizo el calzón a un lado. Yo solo me quedaba quieta sin decirle nada, solo cerraba los ojos. No tenía miedo, me sentía bien. No diré exactamente que era excitación, era como miedo excitante, como adrenalina. Y fue hasta que llevó mi mano a su pantalón. Sentí por primera vez un pene, un pene de hombre. El señor lo tenía tan duro que solo me hizo darle masaje de arriba abajo en su pene sobre el pantalón hasta que se desabrochó el pantalón y se sacó su pene. Fue la primera vez que vi un pene. Era negro con una cabeza rosada fuerte, estaba mojado. Me hizo tocarlo. No me daba nada de posibilidad que mi mano llenara una media parte de ese pene. Me dijo que solo lo acariciara como él a mí. Estuvo así unos 5 minutos mientras me seguía dando besos en la boca e iba intercambiando de mi cuello a la boca.

Fue hasta que me levantó y me quitó mis pantis. Me jaló con fuerza hacia él, mientras me hizo sentarme encima de su pene. Lo fue rozando mientras solo me veía y decía que era su amor. Me decía: “Mi pequeña, tú eres mía, eres mi amor”. Puedo jurar que sentía muy rico. Sentía mis latidos muy acelerados. Sentía que era algo raro pero bueno. Me fue desabrochando la blusa mientras se me salían jadeos. No podía controlar esos sonidos. Me quitó mi blusa y mi corpiño. No entró en mi mente el estar desnuda en un autobús. ¿Cómo olvidar que estuviste desnuda en un autobús? Me fue sobando mis pezones y todas mis tetas mientras las lamía y me llenaba de saliva todo mi pecho y mi abdomen. Me sentía muy acelerada hasta que me intentó meter su pene. Fue un pequeño movimiento hasta que sentí un dolor muy fuerte de momento. Había metido su cabeza del pene (su glande) en mi vagina. Se le salió un jadeo muy fuerte, mientras solo agarré muy fuerte de la camisa y le pegaba mi cabeza a su pecho.

Al parecer resbaló muy fácil por todo el flujo que había soltado. Me dijo si no me había dolido y solo pude decirle que “No”. Me dijo que tendría más cuidado mientras me apretaba mi nalga y me levantaba de la cadera suavemente. Me fue metiendo poco a poco su viril pene. Fue algo muy raro y excitante al mismo tiempo. El dolor desapareció después de unos 4 minutos. Sentía un ardor pero sentía más lo profundo que estaba llegando. Sentía que me tocaba casi hasta las costillas. Solo podía voltear a ver mi abdomen para ver si no se veía algo raro. Solamente jadeaba. No me daba miedo que alguien llegara, ni siquiera pensé en eso. Creo que en ese momento no pensé en nada hasta que empezó a dar unos gemidos muy fuertes pero pesados. Ahora pensando, creo que se estaba viniendo dentro de mí.

Me abrazó con su pene aún dentro de mi vagina y me dijo que esto no se lo tenía que decir a nadie, que se lo jurara por nuestra amistad, que él me quería mucho y que no quería dejar de verme, que yo le gustaba mucho y que él quería estar siempre cerca de mí. Yo le dije que sí mientras me cubría mis pechos. Después de eso me ayudó a vestirme. Mi camisa se manchó súper feo por estar tirada en un autobús. Me dijo que me acompañaba a casa pero solo le dije que tenía tarea y le dije lo que siempre le decía bajando: “A ver si lo mañana”.