Últimos relatos eróticos:

Mi prostimadre IV

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El abismo. La idea de compartirla nació de un deseo retorcido: verla siendo usada por otros para reafirmar que, al final, era mía. Convencí a Marco y Diego. Se lo presentó como un “juego extremo”. La negociación fue sucia: usé la grabación, su miedo al escándalo, y también el dinero (ellos pagarían)

Oscura obsesión I

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Martín llevaba casi dos años trabajando como administrativo en la recepción, justo al lado del box de enfermería y asistencia donde Rosario pasaba sus jornadas. Ella era el eje sobre el cual giraba todo su mundo, el centro de gravedad de una obsesión silenciosa que crecía con cada tic-tac del reloj.

Mi prostimadre II

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La nueva y envenenada normalidad. Las conversaciones se volvieron un campo minado. Yo empezaba a hacer preguntas sobre su “trabajo”, pidiendo detalles sórdidos. Era un juego cruel, y ella intentaba poner límites con una voz que ya no tenía convicción. Su cuerpo me había dado la razón.

Mi prostimadre I

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Les presento mi mundo. La infancia de silencios incómodos y ausencias nocturnas. Los primeros indicios: espiarla salir de la ducha, robar su ropa interior usada, la tensión eléctrica que llenaba el aire cuando, ya viviendo solos como adultos, nos cruzábamos en poca ropa.

Alicia y nosotros

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El ambiente en el cuarto era cálido gracias al calor de la chimenea, estábamos en un piso 17 y las luces de la ciudad nocturna daban un toque mágico a nuestra velada intima. Mientras observaba por la ventana, ellos entraron. Quedé fascinada al verla.

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