Capítulo

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Diego seguía de rodillas detrás de Alex, con la verga aún palpitando y goteando después de haberse corrido violentamente sobre su espalda y su culo. Gruesos chorros de semen blanco corrían por la columna de Alex, bajaban entre sus nalgas y salían de su agujero recién follado, que quedaba abierto y brillante.

Alex estaba tirado boca abajo en la cama, respirando con dificultad, el cuerpo temblando y sin fuerzas para moverse. Marco, todavía de rodillas frente a ellos, tenía la cara completamente bañada en semen: mejillas, labios, nariz y hasta el pelo. Se pasó la lengua por los labios y soltó una risa baja, excitada.

—Hostia, Diego… acabas de inundarnos —murmuró Marco, mirando cómo el semen seguía escapando del culo de Alex.

Diego, con la respiración pesada y los ojos vidriosos de placer, sacó lentamente su verga de 26 cm del interior de Alex. El miembro salió con un sonido húmedo y obsceno, todavía medio duro, brillante de semen y saliva. Dio un paso atrás y observó la escena: Alex destrozado sobre la cama, Marco con la cara cubierta de su leche.

—No hemos terminado —dijo Diego con la voz ronca, casi irreconocible—. Levántate, Alex. Todavía me queda mucho.

Alex gimió débilmente, pero Marco lo ayudó a incorporarse. Entre los dos lo pusieron de nuevo en cuatro, aunque sus brazos temblaban y apenas podía sostenerse.

Diego se acercó a Marco, que todavía estaba de rodillas. Le tomó la cara con una mano y le metió dos dedos en la boca, obligándolo a abrirla.

—Límpiala —ordenó.

Marco obedeció sin dudar, chupando los dedos de Diego y luego bajando directamente a lamer la verga todavía sensible, limpiando los restos de semen y los jugos de Alex. Diego gruñó de placer y le acarició el pelo.

—Buen chico… Ahora te toca a ti.

Sin darle tiempo a reaccionar, Diego empujó a Marco hacia la cama, poniéndolo al lado de Alex, los dos en cuatro, culos redondos y firmes uno junto al otro. Las tangas moradas que aún llevaban puestas estaban completamente empapadas y desplazadas, dejando sus agujeros expuestos y palpitantes.

Diego se colocó detrás de ellos, admirando la vista. Pasó las manos por ambos culos, separando las nalgas con los pulgares y escupiendo sobre los dos agujeros.

—Miren cómo se ven… dos culos perfectos para mí.

Primero metió dos dedos en el culo de Marco, que soltó un gemido largo y profundo. Luego hizo lo mismo con Alex, que todavía estaba demasiado sensible y se contrajo alrededor de los dedos.

—Joder… Diego… —gimió Alex, enterrando la cara en la almohada.

Diego no esperó más. Alineó su verga enorme contra el agujero de Marco y empujó de una sola vez, metiéndose casi la mitad de golpe. Marco soltó un grito ahogado, el cuerpo entero tensándose.

—Tranquilo… relájate —susurró Diego mientras le acariciaba la espalda, pero no se detuvo. Empujó más hasta que sus caderas chocaron contra las nalgas de Marco, enterrándose por completo.

Empezó a follarlo con embestidas profundas y constantes, el sonido de piel contra piel llenando la habitación junto con los gemidos de Marco.

Alex, al lado, solo podía mirar de reojo y gemir mientras Diego le metía los dedos más profundo, follándolo con la mano al mismo ritmo.

Después de varios minutos, Diego sacó la verga de Marco con un sonido húmedo y la metió directamente en el culo de Alex, que todavía estaba abierto y lleno de semen. El cambio hizo que Alex gritara de placer.

—Ahora tú… toma todo —gruñó Diego, follándolo con más fuerza.

Iba alternando entre los dos: unos minutos follando a Marco con todo, luego sacándola y metiéndosela a Alex hasta el fondo. Los dos amigos gemían y temblaban, sus culos cada vez más abiertos y llenos de semen.

En un momento, Diego los puso uno encima del otro: Alex boca arriba, Marco encima de él en posición 69, pero con los culos levantados hacia Diego. Así podía follar a uno mientras el otro le chupaba la verga al que estaba siendo penetrado.

La habitación era un desastre de gemidos, sudor y olor a sexo. Los tres cuerpos brillaban de sudor.

Diego aceleró el ritmo, follando a Marco con embestidas brutales mientras Alex, debajo, le lamía los huevos y chupaba lo que podía de la verga de Diego cada vez que salía.

—Voy a correrme otra vez… —advirtió Diego con la voz rota.

Marco y Alex, casi al mismo tiempo, gimieron:

—Córrete dentro… llénanos…

Diego soltó un rugido animal. Sacó la verga del culo de Marco y la metió de golpe en el de Alex, corriéndose con fuerza. Chorros espesos y calientes inundaron el interior de Alex, tanto que el semen empezó a salir alrededor de la verga con cada embestida.

Cuando terminó, sacó la verga y la dirigió hacia Marco, metiéndola en su boca para que limpiara los restos.

Los tres cayeron sobre la cama, exhaustos, sudorosos y cubiertos de semen.

Pero Diego, aún con la verga semi-dura, sonrió con esa mirada peligrosa y dijo:

—Descansen cinco minutos… porque en cuanto recupere el aliento, voy a follarlos otra vez.

Esta noche ninguno de los tres va a dormir.

Provocando a un amigo

Provocando a un amigo I