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Capítulos de la serie:
  • La rifa I

Hola lectores, paso por acá para hacerles saber lo que pasó con mi esposa Larissa y mi vecino Yayo.

Vivimos en un fraccionamiento o residencial en el norte de mi país, México. Somos clase media, diría yo, y así nuestros vecinos. El fraccionamiento tendrá como 200 casas, así que no todos nos conocemos.

A la junta directiva se le ocurrió hacer rifas para recaudar fondos; debíamos vender cada residente al menos 10 boletos para que lo recaudado fuera utilizado para mejorar parque, calles, etc.

Nosotros nos habíamos mudado hace meses, así que decidimos participar en eso. Vendimos con los familiares y amigos algunos boletos y compramos 2.

Larissa mide 1.60, blanquita, ojos color miel y cabello café que lo pinta güero. Hace ejercicio, yoga y dieta y sí, tiene buen cuerpo, firme, que sobresale sus senos que caben en una mano grande y trasero respingón, chico pero estilo hormiga. No hemos tenido hijos aún porque esperamos tener un poco de vida en pareja. Ella es extrovertida, le gusta vestir según le dé la gana sin pensar si me parece o no; a veces puede usar falda corta o short ajustado y otras falda larga con botas. Pero bueno…

El día de la rifa llegó. Se hizo un evento al aire libre con puestos de comidas, música y estaba lleno de residentes y muchas amistades. Los premios eran desde electrodomésticos, cupones de restaurantes hasta paquetes de hoteles (los boletos eran caros, fue un buen negocio).

Luego de todo el show, fueron anunciados los ganadores donde solo se sacaban de un tazón el número ganador y ya cada quien debía recoger el premio. Luego de anunciar casi todos los premios, al final quedaron las cenas y paquetes de hoteles. Larissa y yo ganamos un paquete de hotel.

Bueno, luego supimos que el otro de los paquetes lo ganó Yayo y su esposa.

Yayo es moreno, estatura como de mi esposa, pelo negro, una que otra cana, pero cara muy tosca, de cuerpo de esos gorditos pero sin panza, sino como si fuera tambo. Su esposa es equis, según yo, blanquita como Larissa pero regular; tienen 2 hijos ya grandes, adolescentes…

A él yo lo había visto en ciertas ocasiones pues él no vive en nuestra calle. No me caía bien, lo veía de esos tipos que se creen saber todo y le gusta exhibirse materialmente. Yayo y su esposa tienen unos 35 años a 38 años, mientras que Lari y yo 23 y 25 respectivamente. Cuando vi que el paquete era para la misma fecha, intenté cambiarlo sin decirle a mi esposa pero no se podía (era para fin de semana específico en temporada baja). Larissa no ubicaba a Yayo y su esposa, pero resultó que como toda residencial tiene un mini súper pequeño y ahí se conoce todo el chisme. Un día Larissa fue por unas cosas que no habíamos comprado en el supermercado y cuando volvió, la vi molesta, me dijo:

— La señora equis del mini supermercado me dijo que Mary, la esposa de Yayo, se había expresado mal de nosotros y que no quería ir para no hablarnos pues no éramos de su agrado.

Mi respuesta fue que Yayo me parecía arrogante etc., etc. y que ahora sabía que su esposa era una tonta (otra palabra) que entonces regalarnos el paquete, pero no era transferible; una vez ganado se puso nuestros nombres.

Y comenzó ese va y viene de mandarnos a decir cosas con la señora del mini súper, al punto que ambos bandos, cuando por lo que sea nos veíamos, hacíamos comentarios en voz baja pero para que se escuchara.

Una semana antes Larissa me dijo que no fuéramos, pero vimos por YouTube el lugar y la verdad que valía lo ganado. Lunes, Larissa me dijo que antes de llegar a casa pasaría por el mini súper a saber alguna nueva jaja. Yo llegué a casa y ahí estaba mi esposa con un short y blusa ajustada, algo putona la verdad, me saludó y me dijo:

— ¿Qué crees? La vieja bruja dijo que no irán pero que el esposo, Yayo, le dijo que fuera ella y que nos ignorara y que descansara pues se lo merece. Que entonces lo platicaron y ella iría pero que nos ignorara…

Yo reí y le dije a mi esposa:
— ¿Sabes qué? Ve tú sola también, así tú te relajas y yo aprovecho para hacer cosas acá y ver a mi familia.

Su respuesta fue que no, que o íbamos los dos o nadie, pero le dije:

— Vamos amor, mereces descansar y si ignoras a la bruja del 71 🙂 te relajas y lo tomas como un spa para ti.

— Lo pensaré —fue lo último, y cenamos…

Por la noche tuvimos sexo, lo hacemos al menos una vez por semana y en el acto le dije: mereces ese viaje sin mí y así disfrutas de ver tipos en la alberca y aunque ella es extrovertida es tranquila pues sé que le gusta ser admirada como toda mujer, pero sé que le gusta ver cuerpos de hombres (su insta está lleno de que sigue tipos de gimnasios o que hacen calistenia). Me dijo que sí, que eso le gustaría ver tipos aunque no pase nada.

Bueno, miércoles, me envió mensaje de: sabes qué Roger, sí iré e ignoraré a la bruja, es más ni creo verla! Yo le celebré su decisión… y así arregló ropa para 3 días 2 noches: short, traje de baño, falda, blusas escotadas y blusón para dormir, obvio que sus tanguitas y bra de media copa.

Y llegó el viernes, luego del trabajo pasé por ella que había pedido la tarde para estar lista y manejé 3 horas y la llevé, hizo el check-in y luego de besarla de poquito la dejé y me volví a casa…

Tenía flojera de cocinar así que ya entrando al fraccionamiento (resistencias) decidí pasar al mini súper. Cuál fue mi sorpresa que la señora del mini súper me dijo:

— Señor Roger, pensé que usted iría a lo del paquete.

Y mi respuesta fue:

— No, ya no, mejor estar acá que ver a quien usted sabe.

Pero no me esperé el:

— Ah bueno, porque de sus vecinos quien fue fue el señor Yayo ya que la señora tuvo un percance femenino y no quiso ir, así que él fue… se imagina si usted no fue pero sí su esposa (Larissa) allá se vería con él jajaja (rió) y dijo pero bueno al final no fueron ustedes…

Sentí un baldazo de agua fría… mi mente creo que me avisó lo que pasaría… continuaré…