Hola, ¿qué tal? En esta ocasión les contaré cómo convencí a mi esposa de dejarse tocar por otro hombre.

Para que se den una idea de lo que es mi esposa: es joven, 28 años, estatura promedio de 160 cm, unas tetas increíbles, grandes y en su lugar, con un buen trasero, ya que va al gym casi diario.

Todo empezó una noche casual en la que estábamos viendo una peli porno sobre cornudos y esposas putas, a la cual ella estaba muy atenta. Cuando empecé a tocar su vagina, me di cuenta de que estaba súper mojada. A lo cual le pregunté si le excitaba la idea de que se la cogiera otro hombre y ella respondió que sí. Esto me hizo ponerme celoso al principio, pero había algo que me excitaba de todo esto: el ver a mi mujer tan mojada y tan complaciente en la hora del sexo.

Después de esa peli me sembró la intriga y cada vez que teníamos sexo le hacía comentarios de este tipo, a lo cual ella se prendía más y solita se cambiaba de posición. Mientras más le decía este tipo de comentarios, más se excitaba, a tal grado que a veces, por la excitación, se metía mi verga en su culo mientras me decía que así quería que se la cogieran.

En una ocasión, regresando de un evento con amigos donde ya veníamos tomados, ella traía un vestido negro entallado, cortito y algo escotado. Me armé de valor y le dije que si tanto quería, hoy era su oportunidad de hacerme un cornudo. Le dije que al primer hombre que viéramos en la carretera me acercaría con el auto para hacerle unas preguntas y ella tenía que bajarse el vestido y mostrarle sus tetas. Ella aceptó y así fue.

Al primer hombre que vimos caminando me le acerqué y empecé a pedir dirección como si estuviéramos perdidos. Me estaba dando instrucciones cuando vi que clavó la mirada hacia los pechos de mi mujer. Aún no se bajaba el vestido, pero sus tetas se veían tan bien que incluso sin que las tuviera al aire llamaban la atención. En eso, mientras daba instrucciones, mi mujer empezó a bajar poco a poco su vestido de la parte de las tetas y fue cuando lo vi: quedó perdido en aquellas bellezas. Mi esposa las empezó a menear y fue cuando ella dijo:
—¿Te gusta lo que ves?
A lo cual él, con asombro, solo alcanzó a mover la cabeza. Mi esposa le dijo:
—No sea tímido, puedes tocar.

Y él no perdió tiempo: empezó a apretar sus tetas con una desesperación. Poco a poco mi mujer se fue calentando y empezó a abrir sus piernas. La sorpresa fue más al ver que la tanga que llevaba puesta en la tarde ya no estaba. Él empezó a tocar su vagina y a meterle dedo. Cuando mi esposa estaba a punto de sacarle la verga para empezar a mamar, nos percatamos de que venía otra persona, a lo cual el primer hombre se puso algo nervioso y empezó a alejarse.

Fue una experiencia muy excitante. Esperemos que uno de estos días ella pueda coger con otro delante de mí.