Álvaro llevaba tiempo fantaseando con algo distinto. No buscaba amor, ni una aventura al uso. Quería cruzar esa línea que nunca se había atrevido a pisar: estar con una pareja… como tercero, como invitado, como parte de un juego que no se olvidara.
Ella toma el control, me la chupa, me mete un dildo y me folla mientras juega con las velocidades.
Nos quedamos un rato en la cama, abrazados. Mi polla no se desinflaba del todo, seguía dura, medio latente. Ella se tocaba, con la respiración agitada, y me jadeaba al oído. Yo jugaba con el dildo que seguía metido en su culo, moviéndolo lento, disfrutando del momento.
Mi entrada al mundo de los tríos y lo prohibido.