Era una vez cuando empecé a ayudar en el campo a mis hermanos en la siembra de arroz y otros productos. Recuerdo que una noche salieron todos de mi casa al centro del pueblo y me quedé sola en la casa. Ya eran como las 8 de la noche. Estaba muy aburrida en lo silencioso que se sentía el ambiente, hasta que llegó el perro callejero de mi vecino.

Lo acaricié y le di de comer mientras pasaba tiempo con el perrito. Noté que su miembro se salía, lo cual me terminó excitando. Recordé los vídeos zoo que había visto alguna vez. La curiosidad me ganó y terminé follando con el perrito.

Me puse unas faldas cómodas, me arreglé un poco, me puse lubricante en el ano y la vagina. Luego empecé a masturbarlo hasta dejar que me montara en cuatro. Sentía sus embestidas muy suaves, no tan rápidas como esperaba, pero lo bueno es que llegó a abotonarme. Sentí demasiado el placer canino, los chorros de sus semillas calientes. Me volví su perra en celo; quería que me la metiera más y más al fondo de mi útero y vaya que lo logró, dejándome satisfecha.

Lo disfruté mucho. Jamás volví a sentir una cogida igual con nadie de mis ex.

Eso fue todo por ahora. Espero que les guste. Bye…