Zeks II
¿Acaso pensaba que se quedaría a vivir conmigo o que? Igual estaba confundido, como yo. Pero no me lo creí. Él no estaba confuso, Santi era mayor que yo y yo ni siquiera tenía los 18. ¿Porqué tendría que quedarse conmigo?
Relatos eróticos sobre manos
¿Acaso pensaba que se quedaría a vivir conmigo o que? Igual estaba confundido, como yo. Pero no me lo creí. Él no estaba confuso, Santi era mayor que yo y yo ni siquiera tenía los 18. ¿Porqué tendría que quedarse conmigo?
Fue en uno de esos tantos viajes a la zona de baile cuando motivada por una canción muy sensual llevo uno de sus dedos a mis labios apenas me dio tiempo a reaccionar ya que cuando la conciencia me volvía a mi apenas no me dio tiempo a disfrutarla porque me sumergí en los jugos de su boca que alimentaban la sed que todo el calor de la sala, sus movimientos y todo aquello se veía acumulada en mi cuerpo sudoroso.
Vuelvo a ver aquel hombre y me enseña su lengua moviéndola rápidamente, me cambio de silla de modo que quede a la vista de el, lo miro y abro mis piernas y el abre los ojos y los clava en el movimiento que estoy haciendo, volteo a ver a Clara y Luis si no me ven, ellos están metidos bailando, busco a Pepe y no se ve, dirijo nuevamente la mirada al regordete, me sigue viendo, me toco mi chocho y dirijo mis dedos a mi boca, el regordete cierra los ojos y se chupa los labios
Tras quitarme el abrigo retiró de mis hombros las frágiles cintas que sostenían mi vestido, dejando al descubierto mis tetas, ya que no llevaba corpiño puesto, las que listas y anhelantes por sentir el roce de sus manos, se erguían en su punta haciendo innegable mi extremo estado de deseo.
Juan Carlos que era todo un experto en estas lides, puso rápidamente su abrigo tapando todo de tal manera que nadie podría percatarse de nada. Así fue que a partir de ese momento, la mano de Nora, guiada por la de él comenzó con las caricias a través del pantalón.
El aula en que da clases es en la parte posterior del colegio y en un segundo piso, aislada del resto. La profesora no suele bajar a la sala de profesores, porque generalmente los 20 minutos que separaban una clase de otra se los pasaría bajando y subiendo.
El aceleraba y aceleraba hasta que noté como si algo estallara adentro y se extendiera por todo mi cuerpo. En ese momento me metió un dedo en el culo y le agradecí a viva voz el haberme el hecho de hacerme gozar así y tener dos orgasmos seguidos tan intensos.
Yo estaba como una loca y lo único que quería era hacerle una mamada, empecé a tocársela por encima del pantalón, pero mi ansia me hizo bajarle la cremallera meter la mano y sacársela, tenia una polla enorme, estaba caliente y su punta muy mojada, me la metí en la boca y empecé a chupársela mientras me tocaba por encima del tanga.
Mi verga ya completamente hinchada quería reventar, seguí disfrutando del panorama y vi que los botones de la parte de arriba del vestido se habían abierto y dejaba ver parte de su pecho izquierdo asomándose una parte de su aureola rosita, solo liberada un poco por el brasier que se resistía a dejarlo solo, libre... vi su cara, un ángel, solo un ángel podría estar como ella hermosa.
Este otro también escogió mi culo para penetrarme. Sentí que se esculpió en el, para lubricarme. Y después lo tenia dentro de mi, entrando y saliendo, como poseso. El si me lastimo. Entraba y salía completamente, sentía sus huevos golpearme en cada ensartada. Me sentí morir, su vaivén me estaba matando. Al cabo de unos segundos, termino, llenándome de leche nuevamente mis entrañas.
Me metí entre sus piernas, se las subí un poco por las rodillas, par que que cogí la polla y se la comencé a frotar en la entrada de su coño, suavemente, se la frotaba, le metía la cabeza, se la volvía a frotar, hasta que comenzó a mover las caderas, muestra de que estaba a punto de llegar de nuevo al clímax.
Yo mientras tanto seguí con mi tarea, que la verdad no me disgustaba. Le daba vueltas con mi lengua alrededor del glande, me detenía en la corona, en el frenillo y trataba de introducírmela toda en mi boca lo que no era posible debido a sus dimensiones. Le acaricié los testículos con mi mano y él empezó a estremecerse.
Luego de sacar la tapa de adelante volví a pasar al otro lado con el pretexto de revisar los enchufes, advirtiéndole que no soltara el cable ya que iba a revisar las conexiones, esta vez al pasar hice una mayor presión en su trasero, sintiendo en mi pico la partidura de sus nalgas, deduciendo que si venía saliendo de la ducha y estaba sin sostén también estaría sin calzones.
Ellos están adentro de las albercas, Clara dice que nos pondrán protector solar, Luis se lo esta poniendo, veo de vez en cuando como se lo aplica para lo me lo aplique a mi también, ha llegado mi turno, Clara quedo boca abajo con el sombrero puesto en la cara, Luis dice que esta dormida, por lo visto duerme mucho en el trayecto también lo hizo.
Mi esposa se mordía el puño moviendo la cabeza a uno y otro lado tratando de no gritar; las tetas subían y bajaban con la agitada respiración, hasta que no pudo aguantar más y en medio de contorsiones y gemidos llegó al orgasmo, tapándose la boca con ambas manos.
La razón para ir así era muy fácil, tenía nombre se llamaba Oscar, Oscar era un chico deportista de mi edad al que mas que a ninguno le encantaba ir en chándal cosa que por cierto a nosotras nos venía de perlas, ya que solía llevar unos pantalones de chándal de los que parecen un pijama
De vez en cuando la espiaba en el baño abriendo la puerta sin que se diera cuenta, la veía enjabonarse y ahí mismo me volaba la paja utilizando una crema lubricante especial que un amigo me había regalado y que había robado a su padre que es proctólogo, la untaba en mi mano derecha y me acariciaba la verga suavemente y despacio, luego esperaba el preciso instante cuando se agachaba a enjabonarse los pies para acelerar el ritmo, cerrar los ojos imaginado metiéndosela por ese enorme culo
Cuando el agua cubrió por completo mis tetas, tuve que darme la vuelta porque me arriesgaba a ahogarme si me quedaba en esa posición, aunque lo resentí pues estaba gozando como nunca.
Te siento tan dentro de mí. Mi cuerpo se convulsiona cada vez que embistes, no me importa, al diablo con que me escuchen; no puedo contenerme más y comienzo a gemir cada vez que empujas tu cuerpo contra el mío. Te excita el escucharme. Lo adivino por tu rostro y porque continuas tu acción con mucha mas intensidad.
Cuando la tuvo toda dentro, la volvió a sacar y esta vez de un solo golpe se la clavó hasta el fondo. Teresa lanzó un grito, el volvió a hacer lo mismo, ella volvió a gritar. Eduardo repitió otra vez pero ahora a mas velocidad, los gritos de ella se transformaron en jadeos mientras se retorcía debajo de el.