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Víctor, mi amante

Víctor, mi amante

Después de tres amores, muchos «novios» e incontables acostones, mi personalidad femenina exigía una relación mas constante, mas seria.

Desde luego que ya no soy una jovencita, todo lo contrario: soy algo mas que madura, vieja dirían algunos.

Y si a eso sumamos que como travestí homosexual que siempre asume el papel pasivo y además muy sensual, pues no es fácil exigir una pareja que reúna características del hombre ideal.

Mis mejores amigas: Claudia y Devy, de alguna forma han paliado mis necesidades sexuales más urgentes; se los agradezco. Pero queda en mí un vacío de digámoslo así: afecto.

O tal vez sea de compañía, pues no es lo mismo disfrutar ocasionalmente de una sesión de sexo a tener junto a una un compañero con el que charlar, a quien atender, a quien confiar tus secretos más íntimos, y claro, con quien desfogar los ímpetus del apetito sexual (muy frecuente, tal vez demasiado en mi caso.

Después de estas consideraciones entro de lleno con el tema: Víctor. Víctor es un amigo que conocí en el hospital donde trabajo.

Maduro también él, encontramos muchos puntos interés mutuo en cuanto a música, literatura y artes en general.

Aunque en un nivel laboral inferior al mío, para mí es indiferente la categoría profesional, pues lo que vale es lo que lleva la persona dentro.

Así que era frecuente que nos quedáremos charlando largas horas después de nuestro horario de trabajo. Vale aclarar que Víctor no sabía nada acerca de mis preferencias sexo-estéticas, así que no existía ningún interés por parte de él en cuanto a buscar mi compañía.

Por mi parte, no puedo negarlo, después de las primeras charlas empecé a tomar cierto interés en él, pues como dije anteriormente, nuestros gustos artísticos son muy similares, además de que goza de una inteligencia superior a muchos de sus compañeros.

Discretamente indagué sobre su situación familiar y si tenía o había en su pasado algún enredo romántico con alguien del trabajo.

Lo que encontré me alentó bastante a tratar de conquistarlo, pues si bien no es un Adonis, tiene un físico recio y un carácter bien definido.

Abandonado por su esposa, se quedó a cargo de dos de sus hijas, a las cuales atiende como padre y madre.

De relaciones dentro del trabajo no sabía nadie de alguna y en cuanto a vicios, si acaso, de vez en cuando se toma algunas copas pero sin llegar a embriagarse.

Con estos datos en mi poder, busqué la forma de tener alguna charla más íntima para saber si estaba necesitado de compañía en el aspecto sexual.

Favorablemente para mí, a los dos días de haber determinado los planes para la seducción, se requirió una acción multidiciplinaria en el hospital y tanto Víctor como yo fuimos propuestos para participar en ella.

Aún mas favorablemente se requería que se hicieran equipos por parejas para desarrollar los temas, y como es de suponerse, los dos formamos un equipo.

Con el fin de abreviar este relato, diré que al reunirnos para trabajar sobre el tema que nos había tocado, charlábamos más que lo que trabajábamos, pues en verdad era un tema muy sencillo y yo ya lo tenía prácticamente terminado, así que apliqué todo mi intelecto a seducir a Víctor.

La conversación llegó un día a lo que me interesaba saber: sus necesidades sexuales.

Me confesó que desde que su esposa lo había abandonado no había tenido ninguna relación con mujer alguna y en tono de broma le pregunté que si tampoco con algún hombre, y adoptando una cara muy seria me contestó que como le preguntaba eso, que él no era gay.

De ahí derivó entonces una charla en que hábilmente lo fui induciendo a que me preguntara acerca de mi orientación sexual; desde luego le dije sin más rodeos que era homosexual y además que me gustaba vestirme de mujer para asumir completamente el rol femenino.

Se quedó un poco pensativo y no hizo ningún comentario. De ahí continuamos con otro tema como si tal cosa, pero me di cuenta que ya había sembrado en él la semilla de la curiosidad.

El siguiente paso en mi tarea de seducirlo, pues ya estaba segura de que llegaría a caer en mis redes, se presentó el fin de semana, el viernes, en el que habíamos quedado de acuerdo todo el grupo de reunirnos en mi departamento a revisar lo que se levaba avanzado. Preparé unos bocadillos y refrescos, además de unas cervezas y dos botellas de licor.

Llegó el viernes y más que realizar el trabajo nos pusimos a charlar y a tomar, convirtiéndose la reunión en una pequeña fiesta.

Yo no dejaba de llenar el vaso de Víctor y lo animaba a tomar mas que a los demás, pues calculaba que solo tomado podría lograr mi objetivo.

Cuando se despedían todos, a los que tranquilicé diciéndoles que yo me haría cargo de la revisión del trabajo, le pedí a Víctor que se quedara un poco de tiempo para que viéramos nuestra parte del trabajo.

Un poco a regañadientes aceptó pero me pidió que lo dejara descansar un poco pues se sentía un poco tomado. Lo invité a que se recostara en mi cama mientras yo ordenaba la sala y le daba un vistazo a los papeles.

El primer paso estaba dado, me daba cuenta que Víctor me estuvo viendo durante la reunión con cierta curiosidad y como que esperaba alguna seña de mi parte, cosa que desde luego, no hice.

Terminé de arreglar un poco la sala, mas que nada para hacer tiempo y permitir que Víctor se relajara, y tomado una copa la llevé a la recámara.

Lo encontré con la mirada fija en el techo, bien espabilado y algo inquieto. Le pregunté que si se sentía bien o que si necesitaba alguna cosa.

La verdad, me dijo él, es que tengo ciertas dudas respecto a lo que charlamos el otro día, acerca de tu orientación sexual.

¿Cuáles son tus dudas?, ¿No te quedó claro que yo sea homosexual?.

No es tanto eso, sino el hecho de que te gusta vestirte de mujer. No concibo como te puedas ver vestido de esa manera.

No hay problema, le dije, si lo deseas el día que gustes me visto para que tú me veas, si quieres en este momento lo hago.

No sé, no creo que sea el momento adecuado, me dijo; pero si tú lo deseas lo puedes hacer.

Muy bien, le contesté; solo dame unos minutos y te quitaré la curiosidad.

¡Estaba hecho!, sabía que en cuanto me viera transformada en mujer, caería en mis redes.

De inmediato pasé al vestidor y elegí un conjunto de blusa y falda negros que se me ven fabulosos, un brasier y tanga negros, medias largas con encaje en el muslo, una peluca negra, larga, rizada.

Me maquillé dando énfasis a mis ojos con sombras de tono rojizo y me apliqué un rímel que da cuerpo y alarga las pestañas. Mi boca la destaqué con un labial rojo fuego y rubor rojo terracota.

Unos aretes de plata en forma de lágrima y un collar de perlas dieron el toque final a mi atuendo. ¡Ah!, y unas zapatillas negras de tacón de aguja muy altas que resaltaban mis nalgas.

Sin mas ni más, salí del vestidor y me paré frente a él y le pregunté:

¿Qué opinas?

Se quedó con la boca abierta y levantándose de la cama dio una vuelta alrededor de mí sin decir palabra. Tomó el vaso con licor que le había llevado y se tomó de un trago.

Se sentó en la cama y sin palabras me hizo la seña de que me sentara junto a él.

Sentándome, crucé las piernas y la falda se me subió hasta los muslos y de inmediato la mirada de Víctor se posó en ellos.

Noté que al llevar el vaso a la boca, le temblaba un poco la mano, y su mirada no dejaba de recorrer mi cuerpo, deteniéndose mas tiempo en mis piernas.

No pudo contenerse más y colocando una mano sobre mis muslos, con la otra me abrazó y me acercó hacia sí, besando mi cuello y mis mejillas. Yo no quise hacer ningún movimiento de acercamiento, pues calculaba que si él notaba mi ansiedad, lo tomaría como una agresión.

Así que lo dejé que él llevara la iniciativa.

Sus manos, tornándose más atrevidas, ya me estaban acariciando los senos y recorriendo mis muslos acercándose a mi entrepierna.

Mantenía mis manos en el regazo hasta que él me tomó una y la colocó en su paquete, que ya estaba completamente erecto.

Actuando tímidamente, solo se lo apretaba y aflojaba, pues esta esperando que me pidiera que se lo sobara, pero al parecer Víctor no se iba a conformar con esas tímidas caricias pues en unos instantes se abrió el pantalón y sacó su verga, que parecía reventar de lo excitado que estaba. Rezumando liquido preeyaculatorio, su glande brillaba como faro que orientaba mi boca para darle placer.

Así lo hice, besé ese bálano succionando el rico licor que me ofrecía a gotas para después irlo succionando poco a poco hasta tener todo su miembro dentro de mi boca.

Lo chupaba y lamía como si fuera un rico caramelo, dándole mas atención al glande del que continuaba brotando ese néctar delicioso que cada momento aumentaba su cantidad y su viscosidad.

Pero Víctor no pudo o no quiso contener su orgasmo, y sin intentar sacar su verga de mi boca, eyaculó de una forma tumultuosa saturando mi boca de semen, el cual se desbordó de mis labios y escurrió por mi barbilla goteando sobre mis pechos.

Exhalando un ¡aaah! de satisfacción, Víctor se recostó en la cama cubriéndose los ojos con su antebrazo y tratando de ocultar su verga en el pantalón. Mientras yo me retiraba el semen de mi cara y de mis pechos, me acosté junto a él y retirándole el brazo de sus ojos lo obligué a que me viera y le pregunté:

-¿Te gustó?, ¿lo disfrutaste?.

Él, avergonzado, desvió su mirada al tiempo que musitaba un si apenas perceptible.

No quise insistir y me levanté de la cama para terminar de asearme en el baño, dejando a Víctor a solas para que recapacitara en lo sucedido.

Al regresar encuentro que Víctor se estaba terminando de acomodar su ropa, evitando mirarme o hablarme.

No me extrañó pues es algo que normalmente ocurre cuando se tiene por primera vez una experiencia tan inusual como la que acababa de tener; así que no intenté acercármele o hablar con él.

Me senté en la cama y buscándole la cara le dirigí una mirada de interrogación a la vez que le hacía la seña de que se sentara junto a mí, un poco a regañadientes aceptó hacerlo pero sin darme cara. Sin tocarlo, le pregunté:

-¿Estas arrepentido de lo que sucedió?.

En silencio, hizo un movimiento afirmativo; continué:

-¿Crees que lo que hicimos es malo?

Vuelta a afirmar con la cabeza.

-¿Me podrías decir que fue lo que no te agradó?

Tras pensarlo un momento, me dice:

-Es que tú eres hombre y yo también.

-Mírame bien Víctor, ¿parezco hombre?, ¿son estos senos de hombre?, ¿estas piernas que tanto mirabas, son de hombre?, le dije señalando cada una de esas partes de mi anatomía. Él las veía y negaba con movimientos de su cabeza.

-¿Entonces cual es el problema?. No me digas que no disfrutaste la mamada que te di, pues tu respuesta fue bastante… abundante.

-No puedo decirte que me pasa, creo que no estoy preparado aun para saber si lo que hice, lo que hicimos, es correcto, me contestó.

-¿Y que necesitas para definirlo?, ¿qué sería lo correcto para ti?, le pregunté.

Sin mediar más palabras, tomándome de sorpresa, me abrazó y me besó dulce y tiernamente, y me tendió en la cama.

Yo me quedé estática pues no sabía como reaccionar.

Sus tiernas caricias y sus dulces besos hicieron renacer en mí ese sentimiento adormecido, ese sentimiento que tanta falta me estaba haciendo: el afecto.

No quise adelantar vísperas y sin dejar de corresponder a sus besos, no intenté estimularlo sexualmente; lo dejé que él tomara la iniciativa.

Pronto, sus suaves caricias fueron cambiando de tono, sus manos descendieron hacia mi baja espalda, pero sin llegar a mis regordetas nalgas.

Sus besos se hicieron mas osados, su lengua ya penetraba mi boca y se enroscaba con la mía. Su cuerpo se aproximó más al mío y sentía su calor.

Levantó mi blusa y sus manos buscaron mis senos acariciándolos casi sin tocarlos, al fin me atreví a abrazarlo y responder a sus caricias.

Para ese momento yo estaba bastante excitada, me urgía sentir su cuerpo desnudo pero no quería asustarlo.

Él, obedeciendo sus instintos, ya había hecho saltar mis senos del brasier que los oprimía y sin poder contenerse, pegó sus labios a mis pezones succionándolos con verdadera fruición provocando que se erectaran.

Sus manos ya apretaban mis obscenas nalgas deleitándose en su carnosa consistencia.

¡Ya no podía contenerme!, como pude me separé un poco de él y a jalones le quité la camisa, le desabroché los pantalones y se los quité.

Arranqué mi blusa y mi falda y pegándome a su cuerpo, sentí su miembro erecto, duro, vibrante, rezumando ese divino néctar que es el liquido preseminal.

Su boca no cesaba de chupar mis erectos pezones, aumentando mi deseo, mientras sus manos me abrían mis dos globos de carne y sus dedos jugueteaban con mi ansioso culo, que pedía a gritos que lo penetraran.

Separándome un poco de sí, me tomó de los hombros y mirándome lujuriosamente, me hizo una seña muy fácil de entender.

Obedeciéndolo, descendí hasta su parte media y con mi lasciva lengua lamí su ombligo y fui bajando hasta su pubis, donde me extasié besando y lamiendo su hirsuta pelambrera.

Tomándome de los cabellos, me colocó directamente frente a su falo que ya se encontraba en total turgencia y empujando su pelvis, me lo acercó de tal manera que no pude rehusar la invitación.

Abrí completamente mis golosos labios y acepté su grueso bálano entre ellos. Besándolo y succionándolo, fui devorando la totalidad de ese pene rico que ya imaginaba horadando una cavidad mas apretada, más deseosa de recibirlo.

Víctor, adivinando mis deseos, retiró su rica verga de mi lujuriosa boca y un poco violentamente me colocó boca abajo en la cama, acomodándose rápidamente tras de mí.

Esperaba yo la embestida de su verga, preparándome para recibirla brutalmente, pero cual no sería mi sorpresa cuando sentí una tibia y húmeda caricia en mi ansioso culo. ¡Me estaba besando!, su lengua penetraba en mi orificio sexual llenándolo de rica saliva, y sus manos abrían todo lo que podían mis generosos glúteos.

No me pude contener y me vine en un orgasmo delirante. Pero Víctor no se dio por enterado y continuaba con su delicioso trabajo oral. Ahora era constante su penetración lingual y me estaba conduciendo hacia otro orgasmo. Pero yo quería algo más sólido y le pedí que me hiciera suya.

Desprendiéndose de mi culo, se arrodilló entre mis piernas y clavó sin compasión su dura herramienta en ese receptáculo tan anatómicamente construido para aceptar esos hermosos instrumentos, esas ricas, duras y redondas vergas. Emití un ligero grito, no tanto de dolor, sino de placer.

Su verga, sin ser un aparato monstruoso, es lo suficientemente grande para originar verdaderos tumultos tanto en la boca como en otra cavidad; sin embargo, por la posición en que estábamos no me la metía completamente, así que retirándola de mi orificio, me colocó en la exquisita posición de perrita, y tomando impulso a la vez que se afianzaba de mis caderas, de una sola estocada me clavó su rica verga.

La sentía clavada en lo más profundo de mis entrañas sin embargo, no me dolía en absoluto, pues era tanta mi ansiedad y necesidad de verga que en ese momento hubiera aceptado hasta el pene de un caballo.

¡Que rica sensación es tener metida en el culo la verga del amante!, sobre todo cuando éste es el hombre que se ha ansiado, esperado, deseado. Y además que sabe que una lo ha buscado. Bien afianzado en mi goloso culo, sus movimientos eran potentes.

Tal parecía que quería traspasar mis entrañas, saquear mis entresijos. Yo estaba delirante a pesar de mis múltiples orgasmos, deseaba que esa rica cogida no terminara nunca, que su verga me penetrara mas y más. Sentía como sus testículos chocaban con los míos y sus vellos cosquilleaban mis trepidantes nalgas, sus manos acariciaban mis senos y pellizcaban mis pezones.

Besaba mi cuello y mordía mis orejas, sentía su aliento quemándome y eso me excitaba aun más. Mi culo no estaba ocioso pues mi esfínter apretaba y aflojaba su durísima verga a la cadencia que sus movimientos de mete-y-saca me imponía.

En un momento dado, sentí que su tremenda verga aumentaba de volumen y sus movimientos se aceleraban. Su orgasmo era inminente y me preparé a recibirlo. Incliné mas mi cuerpo para que la penetración fuera más profunda.

Él me tomó de las caderas y empujó todo su cuerpo contra el mío; sentí su verga como palpitaba y sus venas engrosaban dándome la sensación de que iban a reventar.

Aflojé todo lo que pude mis músculos anales y entonces Víctor dando una tremenda arremetida, se desbordó en un torrente de semen.

¡Cielos!, que cantidad tan exagerada de esperma me inyectó. Parecía que su potente eyaculación no tenía fin. Sentía como los chorros de rica leche se proyectaban en mis intestinos como si fuera una manguera de alta presión. Víctor emitió un grito, un rugido de satisfacción como de león macho que al fin abatía a su víctima.

Se quedó quieto con su verga aun a su máxima extensión, saboreando y disfrutando la hermosa cogida que me había dado. Yo estaba casi inconsciente pues había tenido orgasmo tras orgasmo y cuando sentí sus chorros de semen tuve uno mas que quedé seca.

Su divina verga, casi sin perder su dureza, aun estaba bien clavada entre mis nalgas. Recobrando un poco la conciencia me di cuenta que Víctor masajeaba mis glúteos, como si quisiera no perder su posesión. Por instinto apreté mi esfínter pues sentía que la tremenda cantidad de semen que había depositado en el interior, buscaba la salida.

Víctor interpretó esto como una señal para que siguiera cogiéndome y retomó la marcha; yo no podía creer tanta belleza, pues a pesar de que estaba verdaderamente exhausta, sentir esa rica verga moviéndose en mi interior me hizo reaccionar. Con la exagerada lubricación y la relajación de mi culo, la verga entraba y salía completamente de mi orificio.

Esto producía un sonido por demás erótico a la vez que bombeaba aire a mi interior. No podía apretar pues estaba completamente dilatado mi esfínter, así que dejé que Víctor hiciera todo el trabajo. Sus manos en mis caderas no permitían que yo hiciera ningún movimiento, así que él llevaba completamente el ritmo. Una vez más, me la clavó totalmente, a la vez que se venía en otro orgasmo ya no tan abundante. Su verga perdió rápidamente su turgencia y se salió de mi devastado culo, el que expulsó torrentes de semen acompañados de aire que los movimientos de bombeo habían alojado en mis intestinos.

Nos recostamos en la cama frente a frente. Su cara mostraba un gesto de satisfacción y alegría que hizo que lo besara tiernamente y musitara un «gracias» en su oído.

-No, dijo él -gracias a ti que me haz abierto los ojos y la mente a esta forma de amar. Nunca pensé que pudiera sentir tal satisfacción como esta. Ninguna mujer me había provocado tanto placer, tanto deleite.

Demás esta decir que pasamos una noche y parte del día en una ininterrumpida relación, pues su potencia sexual es inusitada.

Terminamos prácticamente secos de tanto orgasmo y mi seductor culo rezumando semen como fuente.

Todo parece indicar que he encontrado al amante perfecto, pues además de su inacabable deseo por mí, es sumamente atento y me trata como a una verdadera dama; y yo le correspondo cumpliéndole todos sus caprichos, tanto sexuales como cualquier otro. Ahora soy feliz y me siento una mujer cabal.

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