Encuentro a una amiga
Un reencuentro con una amiga que se convirtio en una experiencia maravillosa de sexo lleno de caricias, besos, pasión y bellos recuerdos.
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Relatos eróticos sobre caricias
Un reencuentro con una amiga que se convirtio en una experiencia maravillosa de sexo lleno de caricias, besos, pasión y bellos recuerdos.
Besaba su cuello a la vez que acariciaba sus pechos y ella movía su culito, buscando el roce de mi polla. Mis manos subían y bajaban por su cuerpo, redondeando sus pechos. Mi mano izquierda se detuvo entre sus piernas, noté su humedad, a la vez que notaba como mi polla crecía entre sus nalgas.
Apenas pienso, apenas me planteo lo que voy a hacer.
No estaba seca de ganas de vivir, se sentía a gusto con su amante con el cual recorría el ahora curso lleno de aguas blancas , al mirarlo la metáfora de su vida con el río le llevaban a recordar a Mariela su amiga de noches de caricias y orgasmos yermos, las rocas defendían el avance de las rocas, como sus pruritos lo hicieron la primer vez con ella, infructuosamente , sus goces y deseos se parecían a esa roca ahora un canto rodado que río abajo descansaría en el lecho.
Ese día algo paso en mi cuerpo y en mi mente, diecisiete años, con un cuerpo que frente al espejo y el de otras chicas totalmente desnudo se siente atrayente, (para algunas), es de imaginar que para los hombres debe ser presa a batir, nos terminamos de bañar en el vestuario después de la clase de gimnasia
Me besó en los labios y poco a poco quito la mini bata que traía puesta yo, quitó el sujetador y empezó a lamerme los pezones una y otra vez diciéndome entre palabras lo mucho que yo significaba para él.
Un hombre virgen tiene la maravillosa oportunidad de tener una experiencia amorosa con uno de sus amigos.
Apenas y hemos podido hablar en estos últimos días...
Me acuesto boca abajo en la camilla, que estaba totalmente cubierta por una larga toalla negra, sintiendo muchos nervios y mucho cosquilleo, sensaciones que se intensifican cuando Susi comienza a pasar suavemente sus manos por mis piernas, muslos, nalgas y espalda, erizándome la piel, como si estuviera haciendo un reconocimiento del cuerpo con el que va a trabajar.
Aprovechábamos cualquier momento, con mi madre ausente, para que él me acariciara, y yo respondía profundamente llevándome, y llevándolo siempre al goce feliz, a la cúspide del placer sexual sin dejar fuera ninguna de las caricias nacidas el primer día y otra más inventadas sobre la marcha del placer. Cientos de sublimes orgasmo me conmovieron, y me hicieron convulsionar no pocas veces de tanto placer; lo mismo a él.
Ahora el que sudaba a mares era yo, el placer intenso que Begoña me proporcionaba apenas puede ser expresado con palabras, por momentos la totalidad de mi sexo descansaba en el interior de su boca, captando el calor de su lengua y de su paladar, era como disfrutar del vértigo de una montaña rusa, como la caída libre de un paracaidista, como rozar las nubes con las yemas de los dedos...
A veces sentada en mi habitación, muchas veces pensé, como sería, que diría, que sentiría, tantas cosas que me pasaban por la mente, trataba de imaginar un rostro, una mirada, una sonrisa, cuantas noches pasé en vela pensando si nunca podría conocer alguien así, me tocaba imaginándome tantas cosas, pero al día siguiente la luz del nuevo día
Esa noche habíamos quedado encontrarnos en el departamento que me alquila, eran las 20 horas aproximadamente temprano, siempre era así porque el se iba a su casa, llego cansado, problemas, complicaciones, con olor a cigarrillo en su ropa, me beso en la boca y me pidió un café, puse la cafetera a trabajar y me senté con él en living, me extraño su postura, porque anteriormente siempre íbamos directo a la cama
Recuerdo con las mas atrevidas caricias y el sueño me encuentra entregada a un recuerdo que aunque pasional y agradable tiene la crueldad de una ausencia que nunca deseé.
La que debutó mas tarde fui yo, que lo hice casi al cumplir quince años, manteniendo relaciones desde ese entonces sin caer en la ninfomanía pero con el gusto de probar de todas las maneras posibles esas vergas de todos los tamaños, de jefes, cadetes, profesores, novios, cuñados...
Explicó que para hacerlo debía ponerse en un estado de calentura que igualara, por lo menos, el que él sentía y que para ello debía darse la vuelta y dejar que la inspeccionara por detrás para aconsejarle los movimientos a seguir.
Cada roce de sus hinchados pezones transmite a mi cerebro millones de estímulos que se agolpan en mi cerebro, llevándome a besarla y abrazarla con mayor intensidad, casi cortando su respiración.
Yo seguía como una leoncita y comencé a besarlo de nuevo, luego el pecho hasta su pene para chupárselo de nuevo. sentía como iba creciendo de nuevo en mi boca y como mi abuelo gemía de placer, eso me excitaba aun más.
Este escrito es una guía para aquella pareja que quiera intentar un menage a trois, basado en los libros sobre sexualidad escrito por el Dr. Walther Slovinsky.
Nuestra protagonista y su vecino, su nuevo y excitante amigo, están comiendo juntos en casa de ella. Y llega el momento en que él intenta besarla y acariciar su cuerpo. Los acontecimientos se precipitan y toman un giro inesperado.