Sabrina es mi hermanita mayor... Y de un tiempo a esta parte me ha despertado en la cabeza fantasías sexuales que en más de una oportunidad me han hecho masturbarme, pensando en sus piernas que me ha mostrado involuntariamente cuando se acomoda en el sofá del salón a descansar.
Cuando lo hacía con su amante tenía miedo ha ser descubierta por su prometido, pero el morbo del peligro y la posibilidad de ser descubierta, la excitaba aun más.
Esa tarde todo fueron de Paseo al Parque y yo les dije a mis papás que no tenía ganas de ir, y que mejor yo me quedaría en la casa viendo tele, pues tenía un sistema de parabólica y había mucho que ver.
Cuando escucho el correr del agua, me doy cuenta que estaba en lo cierto. Al volver, retoma el masaje ya no por mi espalda, sino por mis muslos. Recorre cada centímetro con una extraña dureza gentil en su tacto. "Este hombre es un dios" pienso, mientras mi excitación ya rayaba en el éxtasis más desenfrenado. Pensé que si él supiera lo caliente que me tenía, me haría el amor ahí mismo, sin dudarlo.
Me quedé cavilando en lo que había hecho mi hermanita y mientras más pensaba en ello más a gusto me sentía con lo sucedido. El recuerdo de mi instrumento raspando el calzón de Sofía mientras se metía en su grieta me excitó y me vi de pronto tomándome la verga y masajeándola hasta lograr una total eyaculación.
Un día me contó de su fantasía de una doble penetración, así que le traje mi funda para que hiciera de segundo hombre, de modo que no me la puse en la polla sino que la coloqué sobre un tubo plástico para darle firmeza y se la metí en el coño mientras yo gozaba de su culo.
La primera experiencia de sexo en público la tuvimos en un campamento de verano, habíamos ido a trabajar en el campo y dormiamos en literas mixtas.
Mis más íntimos y secretos deseos se empezaron a cumplir un Viernes caluroso por la noche: llama Susana a casa y le pide a mi madre que yo la acompañe a su casa quinta puesto que estaba en venta y necesitaba sacar un par de cosas con las cuales quería quedarse... el sábado me pasa a buscar a media mañana y en el camino rumbo a su casa quinta hablamos de casi todo (obviamente excepto el tema: sexo).
Me duché, y aunque antes me gustaba acariciarme en la ducha esta vez fue una autentica tortura notar la monstruosa deformidad de mi cuerpo. El culo seguía sin cerrarse y el coño me colgaba asquerosamente, luciendo las calvas que me había hecho aquel animal al arrancarme varios mechones de pelos.
Todos mis compañeros se echaron a reír al ver las contorsiones que yo hacía al venirme y de cómo el Rolo se tragaba todo mi semen como una puta barata... Entonces todos mis compañeros (éramos 10, incluido yo), hicieron lo mismo y en cuestión de media hora, Javier (el Rolo) ya se había tragado todas nuestras corridas...
Un joven tiene un espectacular encuentro con un cadete militar que pedia un aventón.
Durante un rato seguí oliendo y acariciando suavemente con mis manos, metí mis dedos entre sus nalgas y con las yemas toque ligeramente sus labios mayores y la rajita de su bollo adolescente.
Ella me dijo que fuéramos a su habitación. Se desnudó totalmente, dejándose solamente unas preciosa medias de lycra en su cuerpo. Dios mío, nunca había visto un cuerpo así, tan precioso y con ganas de ser lujurioso.
No creo que eso le guste pero no puede hacer nada. Renuevo mis caricias y la beso por todo el cuerpo buscando ciertas partes. Un dedo comienza a penetrarla por su mojada vagina y después le sigue otro más. Mientras tanto el dedo pulgar retoma las caricias a su clítoris. Después de unos minutos ya no puede más y tiene otro orgasmo.
Mía es actualmente mi compañera de trabajo, tiene cuarenta años, es rubia, de pelo ondulado, tiene la piel muy blanca y un hermoso rostro de ojos verde miel, usa espejuelos pues tiene una ligera miopía, su boca es grande y tiene unos labios sensuales y muy bien delineados.
Que le metí mi dedo en su culo enorme, luego le pasé mi lengua en su monte de Venus suavemente al contorno de su monte le pasaba mi lengua suavemente, hasta que la hice suspirar tanto que iniciaron sus gemidos cada vez más fuertes, mi pene se hinchaba, cada segundo lentamente ella me lo pedía, dame tu verga rica métemelo hasta el fondo se la metí hasta el fondo como ella me lo ordenó, le gusto tanto y a mí también la puse arriba de su escritorio en una posición incómoda que me dolían las piernas.
Más tarde vuelve a bajar su boca por mis testículos mientras me agarra firme la polla y me da pequeñas mordidas en el escroto y me mete la lengua y hasta un dedo en el culo que previamente moja en su boca o en la mía.
Dianet y yo coincidimos en un curso en el mismo hospital, ella era ya una especialista formada y estaba haciendo un diplomado, yo estaba apenas en el último año de mi especialización.
A mis treinta y seis años tenía dos amantes además de mi esposa, Liz. Me quería comer el mundo y pasaba todo el tiempo pensando en follarme a mis tres mujeres.
Una pareja atraviesa por una crisis lo que provoca una separación. Pero la distancia ayuda a reflexionar y superar antiguos problemas.