Seduciendo a mi propio hijo
No soy ninguna enferma y gozo de mi sexualidad; así que si eres una persona mojigata, síguete de largo y no leas esto; pero si te encanta el sexo, mi historia te va hacer vibrar.
Relatos eróticos sobre vergas
No soy ninguna enferma y gozo de mi sexualidad; así que si eres una persona mojigata, síguete de largo y no leas esto; pero si te encanta el sexo, mi historia te va hacer vibrar.
Esta historia fue creada sobre la base de una idea que me daba vueltas en la cabeza desde que vi como Seiya se enamoró de su dulce Bombón y se quedo solo sin poder cumplir su sueño de hacerla suya. Bueno este relato es como la reivindicación de ese amor imposible.
Originalmente el viaje no me incluía, pero mi compañero y amigo me animó a ir con él... me convenció cuando me habló de un regalo durante el viaje... Y vaya que fue un regalazo.
Yo estaba en el cuarto y bajé porque escuché que habían entrado; yo estaba vestida con una camiseta de él, sin brasier y un short. Bajé descalza y le reclamé por el estado en que venía, empezó a insultarme y les decía a sus amigos que yo estaba bien buena pero que no me atrevía a mostrarlo a los demás.
El arquitecto en cuestión es un hombrón de 52 años, alto, moreno, muy velludo y de cabello ensortijado, boca grande, nariz recta, ancha espalda y piernas largas, usa un bigote que invita a besarlo, un poco por este perfil decidí acercarme a tratar mi asunto.
Todo comienza porque tengo una hermana menor la cual tiene 20 años pero muchos dice que se ve más grande por lo que llegan a pensar que es mayor que yo, además de que físicamente así lo demuestra.
Cierto día a decir verdad en mi cumpleaños 17 mi mama me organizo una fiesta en mi casa, para esto yo ya tenia bastantes amigos y amigas lo que antes nada de nada, en fin, en esas fiesta también había familiares tíos, tías, primos, etc.
Yo había llegado hacia buen rato a un sauna con amanecida que al en el sur de Cali y estaba en el patio de atrás en el jardín pegándole una mamada a un negro lindo cundo en esas llegan allí al jardín dos pelaos bien sardinos que después me dijeron que venían de Manizales
Andrés se tiro al suelo sentándose debajo del culo y las guevas del pelao y comenzó con la punta de la lengua a darle estocaditas en el culo del que clavaba al pollito dejando de ves en cuando subir la lengua hasta las guevas.
Como andaba rayado, y como lo caliente no mira ni distingue orientaciones, le pagué la cuota y le pedí que reprodujera una película de orgías privadas. Me pidió que me metiera a la sala uno mientras reproducía la video y cerraba la tienda.
El baño estaba afuera de la casa, pero había varias personas esperando para entrar, por lo que decidí ir a orinar detrás de unos árboles bastante alejados de la casa.
El sábado pasado me levanté temprano, sali a dejar a mis papas a la oficina por que saldrían de viaje ese día y regresarían el domingo en la tarde, yo ya tenia todo planeado, para estar con mi pareja (Gustavo), ya que el saldría de trabajar a las 2:00 pm
Jamás imaginé que en una sala de cine de barriada encontraría una excelente oportunidad para dar rienda suelta a mi libido... fue una experiencia fenomenal que deseo compartir con los lectores...
Y si a eso sumamos que como travestí homosexual que siempre asume el papel pasivo y además muy sensual, pues no es fácil exigir una pareja que reúna características del hombre ideal.
Encuentro fortuito en un restaurante, deviene en un "ligue" que deja grandes satisfacciones a Andrea y a Gustavo.
Un hombre apuesto y educado, hombre de recia figura; me llamaba para invitarme a cenar con mi cuñada, pues yo sabía de antemano que ella estaba cumpliendo años ese día, y mi esposo estaba en el trabajo; así que decidí acompañarlo.
Como buen machito le hacía guardia a mi virginidad, hasta que unos días antes de casarnos se la entregué completita en la sala de mi casa. Hasta la fecha queda una manchita de sangre en un cojín.
Dominada al fin. Acostumbrada a ser la dominante, se encuentra con la horma de su zapato. Y ahora es ella la dominada.
Ella se llamaba Patricia, y tenia la misma edad que yo, 16 años, media 1,68 era morena pelo largo, delgada con un culito guapísimo y una cadera que té hacia perder los papeles y dos pechos bien formados.
Los siguientes días fueron un tormento para Teresa, se sentía inquieta, nerviosa, más cuando su mirada se cruzaba con la de Beto, entonces su nerviosismo contagiaba su cuerpo.