relatos eróticos juego

12 relatos

Mi vida sexual III: La madre de Susy

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Tuve que aguantar mis gemidos para que no sospechara nada, rato después me dijo que montara ya su caballo, tuvo que levantar su vergota pues esta reposaba en su pierna, la fue metiendo poco a poco hasta que me lleno todita sin poder evitarlo cerré mis ojos el disfrute era delicioso, me pregunto si me gustaba, le tuve que mentir nuevamente, siento que entro algo tan rico que me dan ganas de gritar, me dijo que no reprimiera mis gritos, que me haría sentir tan delicioso que no iba a poder evitarlo, empezó a moverse, el condenado viejo me tenia sujeta de cadera y me jalaba hacia abajo la penetración era mas de lo normal

Verdad… consecuencia

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Con el segundo, el joven de 30, se entretuvo más tiempo (la muy pícara se dio cuenta lo que tenía entre manos, mejor dicho en la boca, y supongo que por las dimensiones se dio cuenta que yo no era, pero se la chupó por un buen rato ante la mirada molesta de su joven esposa y los celos que me estaban atacando por la situación). También respondió negativamente.

El alumno

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Todo cambió en un instante ante una pregunta mía que el sin dudas contesto equivocadamente, saco su remera mostrando su torso desnudo, el tímido desinhibido parecía transformado en un hombre viril, apuesto y con intenciones non sancta, esto último por su mirada.

Gracias Rebecca

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Más hacia la tarde yo seguía avergonzado y metido en mi pieza sin mucho ánimo de salir, iba de vez en cuando a la cocina a buscar alguna que otra porquería para comer, tipo 6 de la tarde voy a buscar no sé qué cosa y me encuentro con mi hermana y las amigas; me puse a charlas con ellas de estupideces y Rebbe no dejaba de mirarme y de charlar cerca de mí.

Buenos amigos

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La risa y las burlas empezaron a meterse en el juego. Luis preguntó si ya que estábamos todos desnudos el juego había terminado. De inmediato dije que sólo los cobardes abandonaban un juego. Y José preguntó entonces, cómo seguir. Yo, me animé a instarlos a más.

La regla del juego I

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Lo cierto es que le debo esta fantasía a Sandra. Compañera, confidente y amante. Bisexual, como yo. Divorciada, como yo. Treintañera, como yo. Ninfómana, como yo. Y muy imaginativa en el sexo, igual que yo.

Mi esposa I: El inicio

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Lo que comenzó a levantar mis sospechas, de que algo estaba cambiando en ella, fue un día que estábamos en una cala de Cadaqués, ella se puso a tomar el sol desnuda y como a mí no me gusta tomar el sol me fui de excursión por las rocas del cabo de Creus.