Gigolo III: El desvirgamiento prematrimonial de Marta

Serie: Gigoló

Gigolo III: El desvirgamiento prematrimonial de Marta

Bueno para las que no me conozcan o no hayan leído mis relatos anteriores les paso a realizar mi presentación:

Por mi actividad laboral y de negocios suelo viajar con cierta frecuencia, ello me ha convertido en un gigoló por afición, por morbo y por dar un poco de satisfacción a tantas y tantas señoras insatisfechas que abundan por esos mundos de dios.

En una ocasión se me ocurrió poner un anuncio en un periódico de Madrid, la capital es una de las zonas preferidas por mí, para mi nueva actividad de gigoló (no soy un profesional del sexo, aunque he tenido algunos contactos cobrando, por satisfacer a alguna chica, cuando lo hubiese hecho gratis), pues, es el lugar donde suelo pernoctar un par de noches y te da tiempo a poder quedar con alguna señora, señorita, casada, soltera, divorciada, separada, viuda, etc…, sin problema de que no puedas cumplir a conciencia con el trato realizado, con motivo de las prisas.

Físicamente no estoy nada mal, sin ser un adonis, ni un Apolo. Mis 1,77 centímetros y 85 kilos, adornados con una musculatura bastante marcada, me hace ser deseado por alguna que otra chica o señora a la que le gustan los hombres fuertes.

A mis 40 años me encuentro en un buen momento para enseñar prácticas de sexo a quién no sabe muy bien lo que es gozar de unos momentos de placer y buen sexo; aunque todo sea dicho, también para aprender.

A veces se disfruta, se hace disfrutar, se enseña y se aprende mucho. Es una de las cosas que me ha provocado el interés por convertirme en una especie de gigoló del sexo y placer, el poder disfrutar, hacer disfrutar, enseñar y aprender.

Hay muchas mujeres, señoras casadas y chicas jóvenes, que no tienen ni idea de lo que es disfrutar de unas buenas sesiones de sexo, de sentir como su cuerpo se estremece, se convulsiona de placer y siente el gozo en los las hondo de sus entrañas.

Lo más que han conocido o conocen es un polvo a la carrera o el fin de semana, un aquí te pillo, aquí me corro y ahí te quedas, insatisfecha y sin llegar a sentir ningún tipo de placer, a la vez que perdiendo el deseo cada día más, pues al no sentir, tampoco hay interés, lo que lleva a una situación de insatisfacción constante y a creerse en ocasiones que no se es una mujer normal con el derecho y el deber de disfrutar de ese hermoso y gran cuerpo con que las ha dotado dios.

Según cuentan algunas llevan una vida de sexo insatisfecho, sus maridos les echan un polvo cuando les apetece a ellos, ni siquiera se preocupan si gozan o no, solo les interesa correrse ellos y si no lo ha hecho ella es porque no tiene o no pone interés, pues el es un buen follador.

Cuando ellas lo desean o lo buscan, están cansados, tienen cosas que hacer, o tienen sueño y ellas a satisfacerse bajo la ducha o en el bidet, típico y tópico de los españoles tan machos, del macho español que
es capaz de correrse tantas veces quiera, pero él solo, pues, su mujer se corre una vez cada dos meses.

Este tipo de comentarios y muchas de las conversaciones que realizas con amigas, algunas personales y otras conocidas a través de los chat de Internet, me ha llevado a meterme en este mundillo y a explorar muy a fondo este tipo de situaciones a las que normalmente siempre le procuro sacar provecho.

He llagado a tener algunas experiencias de las que a continuación paso a relatar una de ellas, una de las que me ha hecho apostar de forma decidida, por seguir haciéndolo; hay tanta necesidad en este mundo.

Una tarde recibí una llamada de una joven, nunca había tenido relaciones sexuales, sólo pequeños escarceos con su novio, pero sin llegar a más, por una parte querían reservarse para la noche de bodas y por otra que ella tenía terror a la ruptura del himen.

Algunas de sus amigas le habían dicho que dolía mucho y que a veces te queda la impresión para bastante tiempo, vamos, que según le habían contado si se lo hacían mal o de forma violenta podía quedar traumatizada.

Pues una amiga que se había casado hacía poco tiempo, no había podido volver a tener relaciones con su marido después de la noche de bodas, pues, como él no tenía ninguna experiencia, se lo hizo en plan bestia, ni preliminares, ni nada y la dejo destrozada, no sólo por el dolor, sino más bien psicológicamente y claro, ella quería mucho a su novio, como para que luego le fuera a odiar o no desear estar con él, si no sabía como hacérselo la primera vez.

Estuvimos charlando un buen rato, pues, intentaba convencerla de que no era tan traumática la experiencia, siempre y cuando se lo hiciera la persona adecuada, supiese usar los preliminares, y sólo penetrar en el momento justo. Total que al final la convencí y nos citamos en un lugar cercano al hotel donde me hospedaba.

Era una chica joven, unos 25 años, de muy buen ver, a esa edad la mayoría están de buen ver pero está, no era sólo por la edad, realmente lo estaba.

Rubia natural, ojos azules, una cara agraciada, bastante guapa, y un cuerpo de esos que llaman la atención, alta, delgada, pero con muchas curvas, pechos generosos y un trasero, que invitaba a meterle mano, entre otras cosas. Realizada un poco la descripción de cómo era la chica, paso a contar lo que paso entre los dos esa tarde.

Estuvimos tomando una copa en la cafetería, mientras charlábamos sobre lo que ella buscaba y cuales eran sus deseos, estaba muy enamorada, pero sabía que su novio no tenía ninguna experiencia con chicas y no deseaba tener una mala experiencia la noche de bodas y arruinar su vida.

Por eso estaba dispuesta a engañarle con otra persona, pura y simplemente para ser desvirgada, sin ánimo de otra cosa, ni gozar, ni pasarlo bien, ni nada de nada, solo quería ser desvirgada sin sentir dolor o molestias que le impidiesen luego tener una vida amorosa normal y corriente junto a su marido. Según ella le quedaban unos quince días para casarse y ese era el único motivo de su interés en llamarme.

Yo intentaba convencerla que había que realizar unos preliminares y que tenía que participar de la relación, pues sino, era muy difícil llegar al punto que ella quería, si quería un desvirgamiento sin participar y sin disfrutar de los preliminares y del propio acto, que buscase otro, pues yo no estaba dispuesto, pues sabía que saldría mal y no quería que me dijese al final que estaba arrepentida y todo había estado mal.

Al final la convencí de que tenía que participar del acto, pero sobre todo del preámbulo y de los momentos anteriores y del mismo desvirgamiento, que ya luego lo haría solo por placer, pero en el momento anterior, tenía que participar, colaborar y sentir el deseo de que le hiciese el amor y desear hacerlo conmigo, vamos que si no colaboraba y participaba yo no me hacía responsable del resultado, pues, seguramente, no sería el que ella buscaba y, que, tenía que comprender que no era fácil lo que buscaba, pues su intención era poco menos ser desvirgada, pero no amada o gozada, ni gozar del acto y que eso era impensable, para eso debería ir a un médico o algo por el estilo, pero nunca a la ayuda de un hombre, pues, seguro que, fuese quien fuese, saldría mal.

Cuando estuvo bastante convencida y dispuesta a participar del momento subimos al hotel.

Nada más entrar comencé a acariciarla, a besar su cuello, su cara, acariciar sus nalgas, su espalda, sus pechos, mi trabajo en ese momento consistía en hacerla participar, en comenzar a encenderla y a ello me dediqué en cuerpo y alma.

Tras un rato de caricias externas a su espalda, sus nalgas, sus pechos,… comencé por desabrochar su blusa, tras quitar los dos primeros botones, dirigí mi boca a la canal que se formaba en el interior de sus pecho, comencé a besarle la canal de los pechos, mientras le seguía quitando botones, terminé por quitarle la blusa y comencé a besar sus hombros su cuello y también, ahora, ya me dediqué a su boca, al principio no reaccionaba, pero luego fue devolviendo los besos, ya sus manos estaban en mi espalda en mi cuello, ya comenzaba a participar.

Acaricie sus pechos, se los bese, mordí sus pezones, pero todo ello sin quitar el sujetador, todo a través de la finísima tela del mismo.

Regresé a su boca, su cuello, su cara, su boca, la besaba por todos lados mientras le iba bajando la falda. Llevaba una falda de esas que se pegan a la piel, las que marcan las formas, se la fui bajando mientras le iba besando por el ombligo, el vientre, todo aquello que iba quedando a la altura de mi cara, hasta que mis manos llegaron al suelo con la falda, la aparte a un lado y comencé a subir acariciando su piernas, sus muslos, mientras mi boca pasaba de su vientre, a su ombligo, la canal de sus pechos y seguí subiendo hasta el cuello, los hombros, la cara, la boca, mientras había llegado con mis manos a sus nalgas, tenía un culo redondo, unas nalgas apretadas, adornadas con un pequeño tanga que se le metía en ellas.

Mientras acariciaba sus nalgas y besaba su boca una de mis manos fue quitar el broche del sujetador, lo destrabe y pase mis manos bajo la tela del mismo, acariciando sus pechos, los tenía duros, grandes, pero duros, los pezones como balas, agradecían las caricias que les hacía con las manos, pues, cada vez estaban más duros, terminé por quitarle el sujetador y comencé a castigar sus pezones con mi lengua, a chuparlos, primero uno, luego el otro.

En este momento comencé a desabrocharme la camisa, mientras la besaba, la boca, el cuello, los pechos, me fui quitando la camisa, tras quitármela pegué mi pecho al suyo y la abracé con fuerza, mis manos se iban a su espalda, sus nalgas, su espalda, mi boca buscaba la suya, a la vez que ella también buscaba la mía, nos besábamos mutuamente, el cuello, la boca, la cara, ya era un intercambio de besos sin ningún pudor, cada cual besaba lo que pillaba más cerca.

Tras unos minutos de caricias mutuas decidí quitarme el pantalón me lo desabroché y lo deje caer, lo aparte a un lado con los pies, mientras le pegaba mi polla a su vientre, desde hacía rato ya la tenía más que dura, estaba goteando de deseo y aún a través del slip se la pegaba al vientre, una de mis manos se fue a su entrepierna, comencé a acariciarla sobre de la fina tela del tanga, estaba toda empapada, ya se notaba gozando y a punto para recibir su primera polla, para ser desvirgada.

No obstante, decidí seguir con las caricias, hacerla sentir el deseo un poco más, desplace un poco la tela del tenga y mis dedos se encontraron con su chochito, tenía la vulva recrecida, los labios abiertos, todo empapado de jugos, y preparado para el combate que se avecinaba, mis dedos buscaron su clítoris, ese pequeño botoncito de placer que tan bien guarda la entrada del coñito de las mujeres, se lo froté varias veces a la vez que la besaba en la boca.

No tardo mucho en comenzar a jadear, a susurrar palabras entrecortadas, a gemir, estaba gozando y a punto de correrse, seguí acariciando su clítoris mientras le abría los labios con los dedos, que se acostumbrase a tener algo en la entrada, que sintiese como los dedos entraban en ella, solo un poco, lo necesario para conseguir que tuviese su primer orgasmo, no tardo mucho en hacerse realidad mi pensamiento, comenzó a apretar su coño contra mi mano a cerrar sus muslos y a morderme la boca, se estaba corriendo.

Primer paso para seguir con el proceso de desvirgamiento, tras unos minutos de besos en su cuello, el lóbulo de la oreja y caricias a sus nalgas y su espalda, la cogí en peso y la tendí en la cama, me fui sobre de ella y comencé a frotar mi polla, siempre a través del slip, sobre su vientre, en su entrepierna, mientras mis manos intentaban quitarle el tanguita, para dejar libre y sin obstáculos su coñito.

Según le fui bajando el tanguita me baje tras él, besando su cuello, sus pechos, su vientre, hasta que llegué a su pubis, tenía una mata de pelo rubio pequeñito y recortado, seguramente se lo afeitaba o recortaba para evitar que con los tangas le saliese al exterior, la verdad es que un coñito recortado y con poco pelo, da gusto de comérselo y a eso me dediqué, le di unos primeros lengüetazos a su clítoris, a sus labios y luego me dediqué a comerle el clítoris, se lo rodeaba con los labios, se lo chupaba, apretaba con ellos, mientras con una mano le acariciaba las nalgas y el ojete, ahora ya estaba toda completamente mojada y a punto para la penetración, cuando comenzó a apretar mi cabeza contra de su vientre y a tirarme de los pelos, pensé ahora es el momento.

Me quité el slip y fui subiendo lentamente hasta quedar en posición.

Me metí entre sus piernas, se las subí un poco por las rodillas, par que que cogí la polla y se la comencé a frotar en la entrada de su coño, suavemente, se la frotaba, le metía la cabeza, se la volvía a frotar, hasta que comenzó a mover las caderas, muestra de que estaba a punto de llegar de nuevo al clímax.

Ahora o nunca, dije y me dejé ir en su interior lentamente, noté un poco de resistencia, pero presione un poco y la resistencia se acabo, en su cara se dibujo un rictus de dolor, pero sólo un instante, luego suspiró y esbozó una ligera sonrisa, como diciendo, no era tan traumático.

La besé en la boca y le dije. ¿Te sientes bien? Siiiii, fue su respuesta, a partir de ahí comencé a bombear en su interior, mientras le acariciaba el clítoris, no tardo mucho en volver a reanudar sus movimientos de caderas, ahora empujaba y la quería toda dentro, quería sentirla muy dentro, todo lo más posible, ahora su pelvis se movía buscando la mía, chocando con fuerza a la búsqueda del máximo placer, del máximo contacto, del máximo disfrute.

No tardo mucho en entrar en trance, se quedó quieta, casi sin respirar cogiendo con fuerza mi mano, para que no le frotase más el clítoris, por ahora era suficiente, se quedo unos segundo quizá minutos en trance, hasta que al final respiro hondo y me dio un beso en la boca.

He gozado mucho, ha estado fantástico, casi ni me enteré, sólo un pequeño pinchazo, pero unas décimas de segundo solamente.

Bueno, me alegro de haber estado a la altura, pero no hemos terminado. ¿no? No todavía hay que gozar más, ya puestos no te vas a ir a medias, le dije mientras comenzaba a moverme en su interior, no tarde mucho en notar que estaba a punto de correrme y saliéndome de su interior (no me había puesto preservativo, al ser virgen no lo consideré conveniente, pero como no sabía si tomaba algo, no me arriesgue a terminar en su interior) me corrí sobre de su vientre, bueno, hasta sus pechos llegaron algunos de los chorros de leche que le regalé, tras la corrida me tendí sobre de ella, pringándonos los dos se semen y sudor, nos besamos y acariciamos, frotamos nuestros cuerpos hasta que me levanté y cogiéndola de la mano la llevé a la ducha.

Nos metimos en la ducha y comenzamos a jugar con el agua, con el jabón, mientras nos acariciábamos y besábamos nos pusimos de nuevo a tono y tras secarnos un poco nos fuimos a la cama, me tendía boca arriba con el palo mirando al techo y le dije.

Soy todo tuyo, cómeme enterito, comenzó a chuparme el pecho, los pectorales, los pezones, hasta que se fue bajando y mi vientre, paso por el ombligo, y siguió hasta que se encontró con mi polla, comenzó a chuparla con deleite, me pasaba la lengua por el capullo, se la metía en la boca, la succionaba, sabía lo que hacía, según me contó luego llevaba varios años con su novio que hacían sexo oral y manual, eran sus únicos contactos, de ahí no se permitían pasar.

Yo me alegro de eso, pues, la chica era una experta mamadora, seguramente como no hacía otra cosa, se había especializado en la mamada, la mamaba con gusto, con placer, se deleitaba con ella, la sacaba de la boca, le pasaba la lengua por el prepucio, chupaba el presemen que salía, te rodeaba la gorra con la lengua de una forma que parecía una serpiente que se enroscaba en tu polla.

Para devolverle el favor tiré de ella y la puse en posición 69, comencé a chupar su coñito, le chupaba el clítoris mientras le metía los dedos, con la saliva y los jugos de su coño fui suavizando su culito hasta que logré meterle un dedo, estuve bombeando con el dedo un rato, luego dos, hasta que consideré que estaba lo suficiente lubricada le di la vuelta y poniéndome sobre de ella se la metí en el coño, mientras la bombeaba mis dedos aprovechaban sus jugos para suavizar su entrada trasera.

Le di la vuelta poniéndola a cuatro patas y se la volví a meter en el coño, le estaba gustando se movía cada vez con más ganas, se apretaba contra de mi, intentando que cada vez le llegase más adentro, más hondo. Se la saqué del coño y poniéndola en su ojete le dije. Para que el desvirgue sea completo, ahora la segunda cadena.

Con cuidado, fueron sus palabras. Comencé a empujar, lentamente, muy lentamente y sin mucho esfuerzo logré que la cabeza pasará su esfínter, ahora ya no había resistencia, se la dejé ir despacio, pero con firmeza hasta que mis pubis se pego a sus nalgas, comencé a bombearla lentamente, mientras ella se acoplaba a mis movimientos, estaba gozando, una de mis manos acariciaba sus pechos, mientras la otra lo hacia con su coñito, su clítoris, le metía los dedos.

Mientras la bombeaba lentamente, para que la sintiese en toda su extensión, que disfrutase del momento, no tardó mucho en acelerar sus movimientos, aprendía rápido, pues, movía el culo que daba verdadero placer, estaba preparada para gozar y hacer gozar, sabía moverse y como disfrutar de una polla, aún siendo primeriza, sabía lo que quería y lo que tenía que hacer, fui acelerando mis embestidas a la vez que ella lo hacía también, no tardamos mucho en comenzar a llegar al clímax, tras unas fuertes culeadas, se quedó quieta sintiendo como el placer le subía desde la planta de los pies a la cabeza (eso me lo dijo luego), era la sensación que sentía al correrse, que el placer le comenzaba por los dedos de los pies y terminaba en su cabeza.

Esperé unos segundos hasta que se relajo y tras darle dos embestidas, comencé a llenar su culo con mi leche, uno, dos, tres, cuatro,…. le deje el culo lleno de leche, leche caliente y jugosa que le lubricó el ojete, tras la corrida me moví un par de veces con fuerza dentro de ella y me dijo. Ahora está mucho más suave, mejor que antes.

Me fui sobre de ella que se quedó tendida boca abajo en la cama, hasta que mi polla comenzó a perder dureza y se salió de su interior, me tendí a su lado y tras besarla ligeramente en los labios le pregunté ¿Qué tal? MUY bien, tenía yo mucho miedo a esto y no es tan malo, noté un poco al romper el virgo, lo mismo que por atrás al entrar la cabeza, pero luego sensacional, lo he pasado divino y me alegro de haberlo hecho, ahora ya iré tranquila a mi noche de bodas, intentaré apretar un poco las piernas para que mi novio piense que me ha desvirgado él y sin más problemas.

Tras charlar un rato me fui a duchar y ella tras de mi, nos duchamos juntos, nos enjabonamos, besamos, acariciamos, terminando por secarnos mutuamente, salió del baño y regresó con sólo el tanguita puesto, comenzó a pintarse ante el espejo.

La visión del hermoso culo que tenía y de lo bien enmarcado que quedaba en su tanguita me la hizo poner morcillona y acercándome por detrás, se la pasé por las nalgas, le rodé un poco el tanga ella se apoyo en el lavabo retrasando un poco el culete colaborando para que se la metiese y se la volví a clavar, se la metí hasta el fondo, mientras mis manos se apoderaban de sus tetas, se las acariciaba estrujaba, mientras la bombeaba con fuerza, con ganas de que la sintiese en toda su longitud, la estuve bombeando un buen rato hasta que sentí que me llegaba de nuevo el orgasmo, me salí de su interior y se la acerqué a su cara comenzó a chuparla hasta que me la dejó seca, me sacó toda la leche, se la tragó toda, y me dejó la polla limpia y reluciente.

Para devolverle el favor la senté sobre el lavabo y apartando el tanguita le dediqué una chupada de coño y de clítoris hasta que logre que se volviese a correr.

Total que terminamos de nuevo en la ducha, aunque ahora no salí de la misma hasta que no se pinto y se marcho a vestirse, por un lado estaba agotado y por el otro que se tenía que marchar y si comenzábamos de nuevo, seguro que sería muy trabajoso, pues, más corridas ya era complicado.

Nos despedimos y quedamos en que algún día volveríamos a vernos, yo lo espero ardientemente, aunque ella después de su boda y de tener a su marido todos los días, no se si lo deseará tanto, espero que pueda gozar mucho con él, pues, me gustaría poder sentirme participé de su gozó, ya que fui el primero.

También espero volverla a gozar.

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