Se follaron a mi mujer

Se follaron a mi mujer

Me llamo Francisco y llevo cinco años casado con mi mujer a quien llamaremos Sylvia.

Ella es morena y delgada, de piernas largas, sonrisa cautivadora, culito prieto y respingón, tetitas pequeñas pero firmes y tersas.

Le gusta vestir bastante recatada aunque de vez en cuando luce sus incomparables piernas y los hombres se vuelven a mirarla cuando lleva minifalda.

En el sexo éramos bastante tradicionales, follábamos una vez a la semana como mucho ya que llegábamos cansados del trabajo y lo hacíamos de forma rutinaria, ella de espaldas a mi, con su culito levantado y yo entrándole desde atrás en la típica postura del misionero.

Yo la sujetaba por su cadera y terminaba corriéndome fuera en un pañuelo ya que no queríamos tener niños tan pronto.

Así durante cinco años, ya que Sylvia llego virgen al matrimonio y no me había dejado ni comerle el coño ni follármela, ni quiso chupármela nunca ni siquiera después de casados ya que le parecía una guarrada y ya ni me atrevía a proponérselo y eso que por mi la hubiera sodomizado a diario y le hubiera bañado con mi esperma que es lo que mas nos gusta a los tíos.

Sin embargo eso cambio. Un día vino del trabajo diciendo que habían llegado dos chicos nuevos a la oficina y que desde el principio la habían estado haciendo insinuaciones diciéndole que era muy guapa, que tenia un culito lindo y cosas así, que en principio la ruborizaron y luego la habían ofendido y pensaba hablar con su directora de departamento.

Me puso cachondo solo de oírla hablar, ya que es como muy mimosa, muy niña de papa, muy niña pija y le dije que no se preocupara que si yo tuviera una compañera tan guapa y excitante estaría pajeándome todo el tiempo.

Luego la eche un polvo de campeonato, si, no la hice el amor, me la folle y por primera vez me la tire variando la postura en medio de la follada.

A ella le gusto y creo que se corrió ya que el hablar de esos dos chicos la había calentado.

Al poco tiempo me dijo que iba a haber una fiesta de la empresa pero que ella no quería ir ya que estos dos iban a estar dándole la plasta como en las ultimas semanas.

Le dije que fuera y la lleve a comprar ropa, quise ponerla provocativa y le compre una minifalda diminuta con una abertura en el lateral, le puse un bra de esos que levantan las tetas, para que parecieran mas grandes, la compre un tanga fino de hilo dental que se dicen y una camiseta ajustada de tirantitos, parecía un putón y no me la folle en el salón de casa de puro milagro.

Yo me quede fuera sin que ella lo supiera, pero podía ver desde la valla lo que pasaba en el restaurante. Vi como los tíos se le acercaban y le echaban lindezas, vi a dos chicos altos que no se apartaban de ella y que en la mesa se colocaron uno a cada lado de ella.

Ella sonreía complacida con su cara de niña bien y mimosona, no parecía la misma recatada que en casa, la muy pendón estaba flirteando con los dos chicos, poniéndoles calientes, sonriéndoles como una putita cachonda.

Mi mujer me estaba poniendo a cien mientras la veía poner cachondos a esos dos.

Sylvia estaba rodeada y ellos intentaban rozarse con ella, acariciarla y hablarla al oído hasta el punto de que en un par de ocasiones le metieron mano por debajo de la mesa (supongo que tratando de sobarle el coño que no tenia depilado) y vi como ella, despacio, las sacaba las manos sonriendo como diciendo «no seáis chicos malos» pero sin estar ofendida.

Se la notaba caliente.

Al final de la cena, se la llevaron a un lado de la pista que estaba mas oscuro.

Seguía rodeada, uno por delante y otro por detrás haciendo que bailaba mientras la acariciaba la cintura, las tetas desde atrás, el culo por encima de la minifalda, los muslos por la cara interior, cerca del chocho, incluso llegaron a subirle la minifalda hasta la cintura y sobarle los dos cachetes del culo que se veían sin impedimento puesto que el tanga era solo la fina tira que tenia metida en el culo.

Llegaron incluso a sacarle la tira de la raja del culo mientras la sobaban el coño y ella se volvía a bajar la minifalda lentamente, siguiendo el ritmo, y sin colocarse de nuevo en su sitio la tira del tanga.

Sylvia parecía medio ofendida, medio cachonda y no protestaba demasiado.

La cogieron de la mano tras morrearle la boca y cogerle las tetitas y se la llevaron a un coche.

Arrancaron y les seguí de cerca. Llegaron a un descampado, salieron del coche y vi como Sylvia estaba sin tanga y con la minifalda levantada por lo que se veía como uno de ellos le metía los dedos en su coño mojado y en su culo perfecto.

La camiseta y el bra habían desaparecido por lo que Sylvia tenia sus tetas fuera.

Parecía una zorra y oí como ellos se decían: oye, donde nos follamos a esta guarra, aquí en el suelo le respondía el otro.

Ya te decia que era muy fácil tirarse a Sylvia la putona, es tan zorra que no lo puede evitar, mira que cara de vicio tiene la muy guarra, y realmente tenia una pinta de pendón desorejado que me saque la polla y me pajee.

Lo cierto es que siempre he pensado que no conozco una tía que tenga una cara tan de puta como Sylvia, mi mujer, en serio, tiene una cara que dices: Vaya putón!!!

La pusieron a cuatro patas y se la follaron por todos los agujeros, por el coño, la boca, el culo, de uno en uno y los dos a la vez.

Cambiaron en varias ocasiones pero siempre tenia algún agujero lleno, de polla o de dedos ya que cuando se corrían en vez de dejarla tranquila la seguían manoseando y pajeando su coño o su culito metiéndole un par de dedos, la dieron bien por su culito en forma de corazón y a Sylvia la encanto ser follada de esa forma.

Las corridas iban siempre a su cara y la muy zorra que nunca me dejo hacerlo a mi se relamía de gusto con los chorros de esperma caliente que le soltaban.

La dejaron toda pringada de lefa, con goterones tremendos que caían por su pelo negro como si fuera campo, los ojos y las mejillas llenos de lechada pringosa y pegajosa, con largos goterones que bailoteaban en su barbilla, restos de lechada caliente en sus labios finos hechos para mamar pollas y al abrir la boca se la veía leche que aun no había tragado y eso que esa noche trago cuajada caliente como la mas zorra de las putas; si, a Sylvia la dejaron bien regada y yo me corrí como unas cuatro veces viendo como se follaron a mi mujer.

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