relatos eróticos sensación

15 relatos

Tren nocturno

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De pronto dio una embestida y el glande se coló en mis entrañas, produciéndome un dolor insoportable, con lo que intenté zafarme de esa penetración pero me tenía muy cogida y lo único que conseguí es que se metiera un poco más, por lo que intenté quedarme quieta y esperar que cediera el dolor.

Mi depiladora

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Como mujer, y mujer preocupada por mi estética, como supongo que son la mayoría de las mujeres, me fijo en el aspecto físico de otras mujeres, pero nunca me han atraído sexualmente.

Patricia

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Siempre cortaba cuando la conversación se dirigía hacia el terreno de lo concreto, cuando me pedían una cita, el número de teléfono, la dirección de correo electrónico, pero segura de que había conseguido mi objetivo: convencer a mi interlocutor y, no sólo convencer, sino también asegurarme que excitaba su deseo, y eso tan sólo utilizando la palabra.

Mi amigo el Chuy

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Pero como el Chuy siempre muy atento y amistoso conmigo, pues no había habido interés entre nosotros, hasta que un día las dos de mis amigas que andaba picando este hombre le dijeron que ese tipo de pitos habían sido hechos como para mí. Porque a mí me gustan mas gordas que largas, y especialmente cabezonas.

Mi primer orgasmo

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Entonces comenzó a moverse lentamente y su pene comenzó a "masturbarse" por entre mis nalgas, lo cuál a mí me hizo ver las estrellas y sentía una sensación tan extraña como erótica en mi plexo solar, hasta que de repente su pene, sin querer, tocó la entrada de mi ano; le pedí que ahora sí me penetrara, entonces D se detuvo y comenzó a presionar un poquito, pero no pasaba nada, pugnó por entrar, y sentí un dolorcito chiquito.

Mi amiga Laura

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Un día habíamos salido a hacer ejercicio corriendo por la playa yo la miraba, ella estaba divina con sus pantaloncitos y su tanguita por encima y uffff me tenia loquita, yo me puse unos short pequeñitos y una camiseta que dejaba ver mi ombligo pienso que estábamos muy sexy, después de terminar de hacer ejercicio llegamos a casa.

La calle del alcazaba

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Sebastián la empujó suavemente por entre el agua y los nenúfares del estanque jugando con su cuerpo, que ahora se dejaba deslizar hacia abajo y luego hacía arriba formando un remolino que a la vez que le producía cosquilleo le daba, entre las piernas, una sensación de quemazón que cada vez le estaba gustando más y más.

Algo especial II

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Se tumbó de espaldas y la besé y la acaricié con la lengua todo el cuerpo, (me encanta el sabor de su piel y su suavidad, no se imaginan lo suave que es), cuando llegué al clítoris, se dio la vuelta y empezó a chuparme a mi también, hasta que llegamos al orgasmo.

Masturbación

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Me arrastraba suplicante por el suelo pidiendo a gritos un hombre. Me gustaba mucho el sexo pero más aún sabiendo que es algo prohibido. Me ponía mucho más cachonda.

Secuestro y seducción

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Al salir de aquel trance en los espejos, como cuando se entra al laberinto de éstos en una feria y encuentras la salida, me encontré nuevamente contemplando aquella casona por entre aquel tamizado verde de hierbas cuando un amigo me saluda a gritos y me vuelvo a él.

Elena II

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Siguió cabalgándome, sus tetas se movían al compás de sus movimientos, ella no dejaba de besarme, le pasé las manos, por detrás y conseguí colocar un dedo en su entrada trasera, que aún permanecía húmeda, ella disminuyo los movimientos y se fue calmando mientras yo conseguía ir introduciendo un dedo, ella se abrazó fuerte cuando entro el segundo.

Los viajes de Elizabeth II

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Lamía incansablemente los pliegues rojizos de nuestra morenaza, que se proyectaban por encima de un vello negrísimo con forma angular. La misma forma que tenía su clítoris, éste era pellizcado o mordido incansablemente por Liz.