Mi comadre IV

La última aventura que me he vivido con mi caliente comadre fue en ¡mi propia casa!, aquí los detalles.

Como siempre ya me andaba por pararle las patas a la mama de mi ahijado y fui donde su trabajo.

No se encontraba, pues había salido al banco, así que salí a encontrarla en la calle y me encaminé hacia el banco. Todavía la encontré en la fila y platicamos un rato como si hubiera sido una casualidad. Luego salimos del lugar y caminamos rumbo a su trabajo.

Inmediatamente pasó de ser una asistente de contabilidad respetada a una mujer caliente urgida de ser penetrada, pues me dijo: «ay mi amor, no sabes cuánto te extraño y mis entrañas requieren de tu plátano que cuelga entre tus piernas» y río con malicia, pues sabía que me excitaba de por sí, pero con sus palabras potenciaba mis ganas.

Luego compró una paleta de dulce y la lamía con avidez y dijo: «¿no se te antoja que sea tu verga la que yo estuviera chupando?». Total que le dije que si por la tarde podía verla, pero me contesto que ya eran tres visitas a su casa y que hasta su hijo se podría dar cuenta. Además de las vecinas que son tan chismosas, y para mala suerte no podía dejar mucho tiempo a su hijo por la tarde para que fuéramos a un hotel.

Entonces recordé que para el siguiente sábado me habían invitado a una fiesta infantil y llevaríamos a mis hijos, así que le propuse: «ve a casa el sábado a eso de las doce del día pues estaré solo» y ya esperaba escuchar que mi esposa su comadre donde estaría y que si no nos sorprendería, etc. pero ni media palabra habló al respecto, pues intuyó que todo lo tendría yo arreglado.

Y así fue, pues planee hacerme el enfermo o desganado y quedarme en casas a revisar algo del trabajo. Ese día era miércoles y los dos días restantes se me hicieron eternos, pero por fin llego el bendito sábado.

A mi esposa le dije un día antes que prefería quedarme en casa y no hubo mayor problema, hasta me dijo que, como la fiesta estaba programada de doce a tres de la tarde, tal vez iría de tiendas con sus hermanas. Pero yo le pedí que me telefoneara para saber. Al fin se marchó y me dijo: «ojalá que no te aburras» y yo estaba seguro que no.

Mi comadre llegó puntual y le dije a mi ahijado que por desgracia mis chicos habían salido con su mama, pero que la habitación de ellos y los videojuegos eran de él hasta que llegaran y se divirtieran juntos. Lo llevamos a dicha habitación y mi comadrita y yo nos instalamos en la estancia. Le dije el tiempo e itinerario de mi esposa para que se sintiera segura.

Ella vestía una falda gris y una blusa de algodón negra de manga corta y cuello redondo, zapatos tipo sandalia que he dicho casi siempre usa y me excitan tanto. Es decir discreta. Yo estaba en pants pero sin short. Así que apenas llegamos a la estancia le comencé a besar la boca y sobarle sus tetas descomunales y ella respondía sacando la lengua y pasando su mano sobre mi chorizo que lógicamente ya estaba parado, jadeaba y respiraba entre cortado, no sé si real o para calentarme más. Dejé sus tetas para bajar a su falda que fui subiendo poco a poco y a ese mismo ritmo, mi comadre abría sus piernotas. Llegue a su entrepierna y le restregaba mi mano sobre sus calzones, luego introduje mi mano por sobre el elástico y ella cerro las piernas para que bajara sus calzones, pero me posicione de su vagina y volvió a abrir sus columnas para que la dedeara a mi antojo. La masturbe metiendo mis dedos a su agujero, pellizcando su botoncito parado y caliente, y pasando la palma de mi mano por toda la panocha, desde los pelos, hasta casi llegar a su hermoso ojete anal. Mi comadre se convulsionaba y se movía tanto que yo no atinaba a acariciarla bien por miedo de lastimarle el coño que me empapaba toda la mano y despedía un aroma a hembra que me estaba haciendo venirme.

Ella no pudo más y se quitó sus panties sin dejar de besarme la boca y casi sin dejar de sobarme la verga. Luego me pidió: «sácate tu instrumento, por favor». Yo obedecí y libere mi verga solo jalando el elástico de mi pants y ella al verme el pito así parado puso una mirada como diciendo me lo quiero comer todo. Así que se fue sobre mi miembro y lo comenzó a mamar con delicadeza, lamiendo como si fuera un helado y luego lo sumergía todo en su pequeña boca, pero que casi llegaba a su campanilla. Yo la hice acomodar de tal manera que se tirara boca abajo en el sillón(que es largo) y yo me puse en un extremo, para que me mamara el pito y yo acariciara sus nalgas grandes y abultadas. En esa posición mi caliente comadrita seguía mamando mi verga y comenzó a hacerme la paja. Yo estaba por correrme pues el efecto de la boca de mi comadre y el estarle viendo y acariciando tamañas nalgas y piernotas, así como metiéndole el dedo índice en su pepa y en el ano, hizo que le descargara la leche en su cara, pues cuando me estaba viniendo, ella lo saco de su boca y le volaron hasta la frente, cejas y la nariz. Sacaba la lengua para alcanzar el semen que se había regado por su cara y que no deseaba desperdiciar.

Ella paró sus nalgas, o sea, se hinco, pero con el pecho abajo y siguió sorbiendo de tal suerte que mi verga esta vez no requirió de mucho tiempo para templarse otra vez. Pero nos llegar ruidos de mi ahijado. El ya no quería jugar y nos llamó desde la habitación. Así que nos incorporamos y en un santiamén caminamos al cuarto y lo patético era que mi comadre limpió con su calzón el poco semen que no se comió y lo llevaba en la mano hecho un ovillo. Y al llegar a la habitación mi ahijado lo notó y pregunto qué era eso a lo que mi comadre respondió: «en un pañuelo que me ofreció tu padrino porque estornudé y me limpié los mocos».

Persuadimos a su hijo que siguiera jugando pero el pidió que nos quedáramos con él. Así que se volvió a sentar frente al televisor y oprimir los botones del control. Su mama y yo nos paramos atrás del pequeño y cuando observé que centraba toda su atención en derribar a los malos del video juego, yo le metí la mano a su mama e inmediatamente ella se recargo en el respaldo y abrió las piernas dejándome todas las nalgas para disfrutar; ya nos dimos cuenta que de esa manera nos encanta hacer el amor y que yo la toque, además, con mi ahijado a medio metro, no podíamos desnudarnos.

Me puse exactamente detrás de mi comadre y como ya dije no tenía calzones, pues solo baje mi pants y levante su falda; pero por la posición mi comadre me quedaba abajo y no podía levantarla como en su casa, así que hice un esfuerzo por acoplarme a su vagina y penetrarla, a la vez que no se diera cuenta su hijo. Se lo metí como pude y ella se movía poco para no mover el sillón, pero las convulsiones y movimientos eran intensos y ella empezó a decirle a su hijo: «dale para adelante, no pares hasta que descargues toda tu arma, que al fin ya recargaste baterías» obviamente me lo decía a mí. Y yo contestaba con los ojos medio cerrados por el placer de estármela follando: «ábrete más para que pueda proseguir»

Se lo saque y le dijimos al pequeño que beberíamos café en la estancia y él se quedó conforme, Es más casi no nos hizo caso y volvimos a la estancia; me senté en la alfombra recargado en el sillón y ella se me monto con las piernas flexionadas, o sea sus nalgas descansaban en sus talones, de tal manera que cabalgaba a su ritmo y a su calentura. Hasta entonces subí su blusa y bajé las copas de su sostén para mamar esas toronjas con pezones guindas. Parecía que yo decía «si» con la cabeza, pues mi boca no se despegaba de sus pezones y ella cabalgaba frenéticamente. Luego giró y me dio la espalda, pero igualmente cabalgando, aunque en esa posición me lastimaba un poco el pene. Entonces le pase las piernas para atrás y ahora sus talones estaban en mis nalgas y para que no se fuera de frente, yo la sostenía de sus tremendas tetas que estrujaba y pellizcaba al igual que sus pezones.

Ya estábamos calientísimos y le dije: «¿ya quieres tu leche mi vida?, ¿quieres que te los eche en tu pepota caliente?. Y ella en el paroxismo me contestó: » vacíate en tu conchita, pues te pertenece, es tuya, ándale mi rey échame tus mocos que me estoy viniendo yo también» «quiero esa crema que te sale tan caliente, inúndame de semen» entonces la solté de sus tetas y se recostó en mis rodillas solo para recibir el semen ardiente que parecía succionar entre suspiros y lamentos, yo le metí mi dedo medio en el ano que ya había ensalivado e hice círculos grandes que hicieron estremecer más a mi comadre.

Se incorporo y solo decía a media voz: «ay compadrito, ay compadrito que cogida nos hemos dado y cerró los ojos buscando con su boca mi verga que ya se retractaba pero que ella mamo con mucha intensidad y lamiendo el semen sobrante y sus propios líquidos. A mí ya me dolía el palo por esa fricción preciosas y para no romper el encanto, me fui a sus pezones una vez más y los lamí con la punta de mi lengua, pues eran nuestras señales de decirnos: esto debe volver a ocurrir muy pronto.

Se fue al baño a acicalarse y yo me dirigí donde mi ahijado. Ella nos alcanzó con una cara como si hubiera visto un ángel y le indicó a su hijo que era hora de marcharse.

Al despedirnos, esta vez en mi puerta, me dijo que el siguiente lunes no trabajaría, pues era día del empleado administrativo y les habían dado libre el día. Comento con la sonrisa de adolescente maliciosa: «solo voy a llevar a este niño a la escuela a las 8:45 y ahí voy a estar toda la mañana» haciendo mucho énfasis en: «toda la mañana.» A lo que conteste: » entonces a las nueve ya estás de vuelta» y ella me dijo: «si, pienso tomar un buen baño y disfrutar mi día de asueto, ¿tu gustas?»

Era la clave de lo pasó el lunes.

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