Eloísa, esa muchacha que cambió mi vida
CHARLINES
Ese día había amanecido con un sol radiante. El mar estaba totalmente en calma y la gente andaba por la playa y los paseos cercanos a esta, aprovechando la mañana. Yo como todos los días salí para hacer mi hora de caminata diaria. Volví y me di una ducha. Me extendí una buena cantidad de crema para el sol por el cuerpo. Recogí mi libro electrónico, la silla de la playa, la sombrilla y bajé a la playa. Ahí estaba tan tranquilo con mi libro bajo la sombrilla, cuando ella se me acercó.
- Hola, buenos días, ¿podría ayudarme?
Ante mí apareció una mujer de unos treinta años, en sujetador y braga. Una mujer aparentemente normal, pechos más bien pequeños, una cara bonita y un cuerpo muy delgado. La verdad que su aspecto no era nada lujurioso, pero quizás con un buen baño, podría cambiar.
- ¿En qué podría ayudarte?
- Verá, no he comido desde hace dos días y no tengo dinero para nada.
Miré mi reloj, eran ya las doce del mediodía, un poco pronto para el vermut, pero bueno, siempre se puede hacer un esfuerzo.
- Darte dinero, no te voy a dar, pero te puedo invitar a comer.
- Muchas gracias, no sabe cómo se lo agradezco.
- Entonces, vístete y vamos a comer algo.
Se puso una camisola muy amplia que le llegaba a media pierna y me dijo que no tenía más. Yo la miré y vi una mujer abatida y prácticamente destruida. Llegamos al bar de Manolo y nos sentamos en una mesa. Le pasé una carta y le dije que eli