Víctor se giró hacia sus invitados con esa sonrisa confiada y depredadora, su polla aún semierecta colgando pesada entre sus muslos, brillante de los jugos de Lucía y su propio semen. Ella yacía en la cama desplegada, el cuerpo temblando de placer residual, tetas grandes subiendo y bajando con respiración agitada, semen goteando de su coño hinchado y su ano abierto, los labios vaginales rosados e inflamados como evidencia de la follada brutal que acababa de recibir. Los invitados —el italiano alto y moreno llamado Marco, con ojos azules que devoraban cada curva de Lucía; la asiática exótica llamada Mei, con piel porcelana suave y curvas sutiles pero letales, tetas firmes bajo el vestido rojo y un culo apretado que prometía delicias; y el africano musculoso llamado Kwame, su cuerpo como un dios de ébano,polla ya endureciéndose visiblemente bajo los pantalones, gruesa y larga como un brazo— entraron completamente, cerrando la puerta detrás de ellos con un clic definitivo.

—Caballeros, dama… esta es Lucía, nuestra candidata estrella —dijo Víctor con voz calmada, como si estuviera en una junta de negocios y no en una orgía improvisada—. Ya la probé en todos los agujeros, y es exquisita: aprieta como una virgen, se corre como una fuente y traga todo lo que le das. Pero solo falta la prueba de resistencia para confirmarla como una de nuestras milfs premium.

 

Marco se lamió los labios, desabotonándose la camisa para revelar un torso definido y velludo. —Parece resistente… mira ese culo, rojo y listo para más. ¿Podemos unirnos, Víctor?

Mei sonrió con picardía, sus ojos negros brillando mientras se quitaba el vestido rojo de un tirón, revelando un cuerpo esbelto pero con tetas perky y pezones oscuros erectos, vulva depilada y ya húmeda. —Yo traigo algo especial para ella —dijo, caminando hacia un gabinete oculto en la pared y sacando un strap-on grueso de silicona púrpura, vibrante, con un dildo de 20 cm curvado para golpear el punto G.

Kwame ya se había bajado los pantalones, liberando su polla monstruosa: 28 cm de ébano venoso, gruesa como una lata de refresco, bolas pesadas colgando como frutos maduros. —Dale, Víctor… déjanos follarla a gusto. Quiero ver si aguanta mi rabo entero.

Víctor rio bajito, asintiendo. —Adelante, todos. Fóllenla como quieran, prueben su resistencia. Nadie se corre hasta que yo diga… hagámosla gritar por horas.

Lucía, aún jadeante pero con los ojos brillando de lujuria pura, se incorporó en la cama, abriendo las piernas instintivamente, sus jugos y semen mezclados goteando sobre las sábanas. —Sí… úsenme… quiero más pollas, más todo… háganme correrme hasta que no pueda más —suplicó, su voz ronca y desesperada.

La orgía empezó con furia. Marco fue el primero: la tomó por la cintura y la puso a cuatro patas en la cama, embistiendo su coño empapado de una sola estocada profunda, su polla de 22 cm