Eloísa, esa muchacha que cambió mi vida II

Esa mañana me llamó Ramón.

  • Pablo, te dejo las llaves en el bar de Manolo, si quieres acompaña a Eloísa en la tienda.
  • Vale, no te preocupes, ¿a qué hora cierras al medio día?
  • A las dos y abro a las cinco.
  • Vale, pásate luego por la tienda.

Eloísa y yo desayunamos tranquilamente y después la acompañé a la tienda. La dejé en la tienda y fui a dar mi paseo, a la vuelta pasé por la tienda y todo iba fenomenal. Fui a casa y recogí mis cosas para bajar a la playa. Sobre la una dejé todo en casa, me duché y me vestí.

Esa mañana había sido espectacular para Eloísa, pues había hecho una buena caja. Fuimos a celebrarlo comiendo una buena mariscada a la orilla del mar en un chiringuito de un conocido. Eloísa estaba exultante, radiante y feliz.

  • Si no me diera vergüenza, te comería la polla aquí mismo. Joder, muchas gracias me has dado la vida.
  • No exage