PARTE 1 – La luz que parecía real
Viernes 12 de julio, 9:30 de la noche.
El departamento de Luna olía a chocolate caliente y vainilla. La luz era baja y dorada: solo dos lámparas de pie con pantallas de tela crema y una guirnalda de luces pequeñas que Luna había colgado esa misma tarde “para que se sienta menos como una guerra y más como un hogar”. En el sofá grande había mantas suaves tiradas, cojines desparramados y una bandeja con galletas de mantequilla y tazas humeantes. El aire se sentía cálido, casi protector, como si las paredes mismas quisieran abrazar a las cuatro chicas que ocupaban la sala.
Valeria estaba sentada en el centro del sofá, con las piernas recogidas bajo una manta de lana. Llevaba una sudadera oversized de Luna que le llegaba a medio muslo y el cabello corto todavía húmedo de la ducha que se había dado después del turno en La Grieta. Por primera vez en semanas parecía… casi tranquila.
Luna entró desde la cocina con una jarra de chocolate recién hecho. Llevaba un pijama de seda color crema que se le pegaba suavemente al cuerpo, el cabello suelto cayéndole en ondas perfectas sobre los hombros. Sonrió al ver a las cuatro juntas y se sentó al lado de Valeria, pegando su muslo contra el de ella.
—Bueno… —dijo Luna con esa voz suave y segura que siempre lograba calmar el aire—. Acabo de salir de la reunión con los abogados. Y les tengo noticias buenas. Muy buenas.
Sofía, que estaba sentada en el piso con la espalda apoyada en las rodillas de Valeria, levantó la vista de golpe. Sus ojos marrones brillaron de esperanza.
—¿En serio? Cuéntanos todo, por favor.
Carla, desde el sillón individual, se inclinó hacia adelante con los codos en las rodillas. Su expresión era de pura determinación, como si estuviera lista para pelear.
Luna tomó la mano de Valeria y entrelazó sus dedos con los de ella antes de continuar.
—Los abogados son del bufete más prestigioso del país: Arriaga & Castellanos. Llevan décadas trabajando con la familia Vega, pero… también son leales a mí. Les mostré todo: el contrato original, el papel que firmaste con Daniela, los videos de seguridad del salón del consejo estudiantil donde Liam me golpeó y me obligó… —Luna tragó saliva, pero su voz no flaqueó—. Ellos ya tienen copia de todo.
Mariana, que estaba acurrucada al otro lado de Valeria con la cabeza apoyada en su hombro, apretó un poco más el abrazo.
—¿Y qué dijeron? —preguntó casi en un susurro.
Luna sonrió, esa sonrisa tranquila y confiada que siempre parecía iluminar la habitación.
—Que tenemos una posición muy fuerte. El video del salón es una bomba. Muestra claramente coerción, violencia y abuso de poder. Con eso en la mesa, Liam no puede negociar como si nada. Los abogados ya están redactando un nuevo contrato. Uno extremadamente favorable para ti, Valeria. Límites claros, duración máxima de seis meses, compensación económica alta, cláusulas de confidencialidad absoluta y, sobre todo… una salida limpia cuando termine. Si Liam lo viola aunque sea una vez, el contrato se anula y nosotros podemos demandarlo públicamente.
Valeria parpadeó. Por un segundo su boca tembló.
—¿De verdad? —su voz salió pequeña, casi incrédula.
Luna le apretó la mano y le besó los nudillos con ternura.
—De verdad, mi amor. Ellos confían plenamente. Y yo confío en ellos. Conozco a estos abogados desde que era niña. Son buenos. Muy buenos.
Sofía soltó un suspiro largo y emocionado. Sus ojos se llenaron de lágrimas de alivio.
—Dios… por fin algo bueno. Vale, ¿escuchaste eso? Vas a salir de esto. Vamos a sacarte de esto.
Carla sonrió con esa sonrisa feroz que siempre tenía cuando sentía que la batalla se podía ganar.
—Ese hijo de puta va a tener que aceptar. No le va a quedar de otra. Con los videos y los abogados de su propio círculo… va a firmar lo que le pongamos delante.
Mariana levantó la cabeza del hombro de Valeria y le acarició la mejilla con el dorso de los dedos.
—Vas a estar bien —le dijo bajito, con esa voz suave que siempre parecía un abrazo—. Ya no estás sola. Mira… todas estamos aquí. Y Luna está moviendo todo por ti.
V
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