Mientras Manu entregaba a su hermana en la tienda al pervertido de su jefe, Gertrudis estaba en el restaurante ajena por completo a lo que la ocurría con su hija, preparaba en la cocina los menús para la comida para después ir con Clarita al Centro y ayudar a todos los necesitados.

Como todos los días, se encontraba muy atareada, eran muchas las personas que acudían allí por lo bien que cocinaba, sobre todo camioneros, gente de la obra y otras personas de paso que sabían lo bien que guisaba.

Los parroquianos del pueblo iban a beber pero no comían nada, lo cierto es que algunos iban tan solo por ver a la buena de Gertrudis, que aunque estaba en la cocina, cuando salía con los platos de la comida les alegraba la vista, tenía un culazo y unas tetas enormes que hacía que todos ellos se giraran para verla.

Esa mañana apareció por allí por primera vez un pobre, uno de los desarrapados que pasaban todo el día por la calle y se refugiaban para comer en el Centro de Ayuda.

Algunos clientes del pueblo le miraron con enfado. ¿Qué coño hacía éste tío en el bar?

Con sus impuestos y limosnas pagaban los gastos para mantener el Centro abierto y éste venía a gastar su dinero a tomar cañas en el bar.

Ese hombre se sentó en un taburete junto a la barra, mirando todo el rato en dirección a la cocina, esperaba que apareciera en cualquier momento la mujer que había ido al Centro y que a él le había gustado tanto.

Llegó el camarero y le pidió una caña, dio dos tragos y miró impaciente, la mujer no salía de la cocina y se estaba poniendo nervioso.

  • ¡Eh! Tú. – exclamó dirigiéndose al camarero de la barra –

Éste, se dio la vuelta y le miró con cara seria.

  • ¿Qué quieres?
  • ¿Dónde está la voluntaria del Centro?
  • ¿De quién coño hablas? – contestó el camarero con cara de muy pocos amigos –
  • La tía de las tetas gordas. ¡Joder! – respondió el desarrapado enseguida –

Todos los que estaban tomando cañas o esperando para comer, soltaron una carcajada al unisono.

  • Jajaja. En la cocina está la dama por la que preguntas. – contestó el camarero riendo -

El desarrapado se bebió la caña de un trago, fue al servicio y al salir comprobó que nadie miraba y se metió a hurtadillas en la cocina.

Vio que Gertrudis estaba la