Jessica despertó alrededor de las 9 de la mañana, con el cuerpo descansado y una sonrisa perezosa. Se estiró desnuda sobre las sábanas blancas, sus tetas redondas rebotando suavecito, pezones gordos endureciéndose con el aire fresco. Se levantó y caminó descalza hasta el baño privado. Abrió la ducha de lluvia y dejó que el agua caliente cayera sobre su piel morena, resbalando por sus curvas. Se enjabonó despacio, pasando las manos por sus tetas pesadas, bajando por su cinturita, y dedicando tiempo extra a su coñito y culo, limpiando cada pliegue con dedos suaves.
Salió de la ducha chorreando. Se paró frente al espejo grande y comenzó a secarse de forma erótica y sensual. Primero pasó la toalla mullida por su cuello, bajando lentamente entre sus tetas, levantándolas una por una para secar debajo, rozando los pezones que se pusieron duros al instante. Giró de espaldas al espejo, abrió las piernas y se agachó un poco para secar su culo gordo, separando los cachetes con las manos y pasando la toalla entre ellos, rozando su ano rosado. Luego se giró de frente, abrió las piernas y secó su coñito hinchado con movimientos circulares lentos, presionando la toalla contra su clítoris sensible.
Se puso crema hidratante con aroma a vainilla por todo el cuerpo, masajeando sus tetas con ambas manos hasta que brillaban, bajando por sus muslos torneados y aplicando extra en su coño y ano para que quedaran suaves y listos.
Finalmente se vistió. El uniforme blanco de novata era puro pecado: un corpiño abierto en forma de corsé que empujaba sus tetas hacia arriba sin cubrir los pezones, dejándolos completamente expuestos. La microfaldita era tan corta que apenas cubría la mitad de su culo. Debajo llevaba una tanga blanca de encaje completamente abierta en la entrepierna (crotchless), dejando su coño y ano al descubierto. Un liguero blanco con tiras finas sujetaba medias transparentes hasta los muslos. Tacones blancos de aguja de 12 cm completaban el look. Se miró al espejo y casi no se reconoció: ya no era l