Jessica abrió los ojos lentamente. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la suave luz de emergencia. Se sentía descansada como nunca, el cuerpo pesado pero satisfecho después de la intensa noche anterior. Recordaba vagamente las manos, las lenguas, los strap-ons entrando y saliendo de ella, los orgasmos que la habían dejado sin fuerzas. Sonrió para sí misma, sonrojada.

Estaba completamente desnuda bajo la sábana ligera. Sus tetas grandes descansaban pesadas sobre su pecho, los pezones gordos y oscuros relajados. Se estiró con pereza, sintiendo cómo su coño aún un poco hinchado rozaba las sábanas suaves. Eran apenas las 4 de la mañana.

No tenía sueño. Se levantó desnuda y decidió caminar así por los pasillos. Tomó solo una toalla blanca y la cargó sobre el hombro. Cada vez se sentía más libre, más dueña de su cuerpo. Ya no había vergüenza. Salió de su habitación y caminó descalza por el pasillo iluminado tenuemente.

Sus tetas rebotaban suavemente con cada paso, los pezones endureciéndose por el aire fresco. Sentía el culo gordo moverse con naturalidad, los cachetes redondos rozándose. Entre sus muslos torneados, su coñito aún sensible se humedecía ligeramente con el roce y la excitación de caminar expuesta. Pasó frente a varias puertas entreabiertas; algunas chicas dormían desnudas, otras abrazadas. Nadie la juzgaba. Se sentía poderosa, deseada, viva.

Llegó al baño compartido. Estaba vacío, como esperaba. Se acercó a la gran tina de aguas termales. Dejó caer la toalla y se metió despacio. El agua caliente la abrazó como un amante cariñoso: primero los tobillos, luego las pantorrillas, los muslos gruesos, y finalmente su coño y ano. Soltó un gemido largo y profundo cuando el calor penetró en su interior. Se hundió hasta el cuello, apoyó la cabeza en el borde y cerró los ojos.

El agua masajeaba cada curva de su cuerpo: sus tetas flotaban suaves, los pezones duros rozando la superficie, su culo gordo descansando sobre el asiento sumergido. Se sentía limpia, renovada, segura. Pasó las manos por su piel, acariciándose los pechos, bajando por su vientre hasta su coño, tocándose con ternura, sin prisa. No se masturbaba para correrse… solo disfrutaba de su propio cuerpo, algo que antes era imposible.

Después de un rato salió, se duchó rápidamente en las regaderas abiertas, enjabonando sus tetas, su culo y su coño con movimientos lentos y sensuales. Nadie apareció. Se secó y regresó a su habitación.

Sobre la mesa había comida de la fiesta anterior: arepas, pollo, frutas, quesillo. Se sentó desnuda en la cama y comió con gusto, saboreando cada bocado. Luego prendió la televisión.

Curiosa, navegó por el menú y encontró algo que la dejó perpleja: “Pantalla Status – Jessica”.

Entró. Había decenas de fotos suyas tomadas en la mansión: ella bañándose, riendo con las chicas, caminando desnuda por los pasillos, incluso algunas de la noche anterior d