Golpes sordos se escuchan lejos, del exterior. Son vibraciones. Hace una hora que los dos hermanos están sentados en la sala sin poder moverse.

—Llevan golpeando toda la noche —dice Lars.

Astrid se para y camina como una leona enjaulada, pensando: —Krona, ¿podemos saber quién o qué está golpeando en la superficie?

—Los constructores de este búnker instalaron varias cámaras en las adyacencias del lugar —responde la IA.

—¿Y por qué nunca nos avisaste? —pregunta Lars indignado.

—¿Podemos verlas? —tercia Astrid.

—En el panel de control, menú tablero de comando, sub-menú vigilancia, tienen acceso a las cámaras.

—Maldita máquina de mierda —dice Lars enojado.

El chico se mete en la terminal y sigue la ruta que le marcó la IA. Pronto aparecen seis imágenes de la superficie. Astrid se lleva la mano a la boca. Allí donde antes había un bosque ahora sólo se ve un paisaje desolado, lleno de cenizas y carbón. El cielo tiene un tono rojizo antinatural. Lars amplía una de las cámaras que ahora ocupa toda la pantalla. Sobre la superficie de concreto por la que entraron al búnker