Capítulo 6: Madre e hijo
La cera se había desprendido de su piel como la corteza de un árbol enfermo. Las marcas de las correas eran ahora moretones violáceos en sus muñecas y tobillos, mapas de nuestra última batalla. Mi mamá se sentaba en el borde de la cama, envuelta en una sábana, mirando al vacío a través de la ventana. La noche anterior la había dejado no solo físicamente agotada, sino emocionalmente translúcida. Como si todas las capas de defensa, todas las máscaras, se hubieran derretido junto con la cera, dejando solo la carne cruda y temblorosa de lo que era.
Yo la observaba desde la puerta, una taza de café frío en la mano. El silencio entre nosotros ya no era incómodo; era el silencio de dos cómplices después de un crimen perfecto. No había nada más que decir que no supiéramos ya. Y sin embargo, algo pedía ser nombrado. Algo pedía un cierre, o al menos un reconocimiento de lo que habíamos construido sobre las ruinas de lo que éramos.
—¿Duele? —pregunté, refiriéndome a los moretones.
Ella se tocó una muñeca con los dedos, con suavidad. —Sí. Pero es un dolor que elegí. O que al menos permití.
—Esa es la diferencia —dije, acercándome y sentándome a su lado en la cama. —Antes solo permitías. Ahora elijes.
Ella giró la cabeza para mirarme. Sus ojos, esos ojos cansados que habían visto tantos hombres, tantos techos de habitaciones de hotel, ahora solo me veían a mí. Y en ellos no había reproche. Había una tristeza profunda, sí, pero también una claridad despiadada.
—¿Qué somos, Lucas? —Su voz era ronca, como si hubiera gritado toda la noche (y lo había hecho). —Ya no soy tu madre. No de la manera que importa. Y no soy tu amante, porque eso implicaría algo sano, algo entre iguales. ¿Qué mierda somos?
Tomé su mano, la que tenía el moretón, y la llevé a mis labios. Besé la piel magullada. —Somos esto. Un hijo y su madre que se cogen. Que se han cogido hasta no quedar nada de lo que eran. Somos el secreto que se pudre en el centro de este apartamento. Somos adictos. Tú a la sumisión. Yo al poder. Y ambos a esto. —Hice un gesto vago con la mano, abarcando la cama deshecha, el olor a sexo y c