Capítulo 4: La puta de los tres

El sol se había metido hacía rato cuando los cuatro nos sentamos en el patio, bajo el guamúchil, con las cervezas y el mezcal en la mesa. Era la misma escena de aquella noche, la noche de las fantasías, pero esta vez yo sabía que no iba a terminar con cada quien yéndose a su cuarto a masturbarse en silencio. Esta vez iba a terminar diferente. Esta vez iba a terminar con mi hija desnuda y con mis hijos dentro de ella.

Bebimos. El mezcal hizo su trabajo, como siempre. Soltó las lenguas, aflojó las barreras, nos puso en ese punto donde todo se siente posible. Fer estaba más callado que de costumbre, lo que significaba que algo presentía. Ivan estaba igual de ruidoso que siempre, pero le notaba una tensión debajo de las bromas, una corriente que no era normal.

Pati no había salido todavía. Se había quedado en su cuarto, esperando mi señal. Yo le había dicho que saliera cuando yo la llamara, que no antes. Quería hablar con los muchachos primero, preparar el terreno, dejar claro lo que iba a pasar.

"Oigan", dije, después del tercer trago. "Necesito hablar con ustedes de algo."

Ivan me miró con curiosidad. Fer me miró con esa cara suya, seria, profunda, como si ya supiera lo que iba a decir.

"¿Qué pasó, viejo?", preguntó Ivan.

"Nada malo. Algo bueno, creo. Pero necesito que escuchen, que no me interrumpan, y que después piensen antes de contestar."

"Ya, ¿qué onda?", dijo Ivan, ya un poco impaciente.

"Voy a ser directo con ustedes, ya son adultos y siempre hemos hablado las cosas abiertamente en esta casa. Su hermana y yo nos estamos cogiendo."

Silencio. Un silencio pesado, denso, que se podía morder. Ivan me miró con los ojos abiertos, la cerveza a medio camino de la boca. Fer no se movió, no parpadeó, no dijo nada. Solo me miró.

"Desde hace semanas", continué. "Una noche, cuando ustedes salieron, nos quedamos solos, bebimos, y pasó. Y desde entonces no hemos parado. Nos cogemos cada vez que podemos, a escondidas de ustedes."

Ivan abrió la boca, la cerró, la abrió otra vez. "¿Tú y la Pati? ¿Tú y mi hermana? ¿Tú, mi padre, te estás cogiendo a mi hermana?, ¿a tu hija?"

"Sí."

"¿Y no te da... no sé, no te da cosa?"

"Al principio sí. Pero ya no. Ahora me da otra cosa. Me da placer. Me da satisfacción. Me da algo que no había sentido en años."

Ivan se quedó callado un momento, procesando. Después, lentamente, una sonrisa le fue creciendo en la cara. "Pinche viejo", dijo. "Aquí resultó que eres un cabrón."

Fer seguía sin hablar. Lo miré. "¿Y tú, Fer? ¿Qué piensas?"

Fer s