Este sitio contiene relatos eróticos explícitos de ficción. Todos los personajes son mayores de 18 años. Debes ser mayor de edad en tu país de residencia para continuar.
Cada vez que hacíamos el amor, Sonia sabía que tenía terminantemente prohibido quitarse los pantis. Se colocara a cuatro patas, cabalgara sobre mí o lo hiciéramos de lado, tenía que lucir sus esculpidas piernas con unos sensuales pantis de color verde o rojo.
Uno de los norteamericanos se posiciona en frente de Jaime y le ofrece su rabo largo y grueso en su boca. Jaime intenta poner en práctica el número del tragasables, de esos que solía ver de pequeño en el circo, y comienza a manducar aquella caña de chocolate. Obviamente solo le cabía la mitad.
Pero tu mano derecha sigue impertérrita, agarrada a mi mástil como si de un naufragio se tratara. Siente que mis palpitaciones suben en intensidad,
que están a punto de llegar los siete u ocho disparos de esperma y no quiere perder el control de la polla, para saber a dónde dirigirlos.
Antes de comenzar este relato quisiera aclarar que aunque lo escribo en primera persona porque me parece más adecuado, no es autobiográfico. Pero sí es la vivencia de un amigo que abriéndome su corazón y confiando en mi discreción, me la contó.
Se metieron en el jacuzzi y la salsa estaba servida. La bacanal de lengüetazos por aquí y por allá; las caricias y besos por todas partes y en todas direcciones; y las frases y expresiones subidas de tono, los pusieron como motos.
Toca el timbre sobre las ocho de la mañana. Raquel le abre la puerta y nada más entrar, le pone a modo de mascarilla una compresa ensangrentada. Raquel tiene todo un cesto lleno de compresas usadas. Cuando quiere ser benévola con su esclavo de turno, le coloca una más limpia.
Paseando por la calle, Luis no desmerecía tampoco a su lado, a pesar de la diferencia de edad. Es un hombre clásico a lo que a moda se refiere, pero juvenil y esbelto en el aspecto. Ya en el interior del apartamento, mientras Jennifer preparaba los vermús, Luis hojeaba algunos libros.
-Gabriela. -Gracias SEÑOR, ahora mismo…
Salió sonriente y aun temblando. Ya tocaba trabajar, pero antes le escribí a Gema…
Así terminó el último capítulo…
Sigo bajando por tu cuerpo de escándalo. ¡Esos hombros! Más abajo me encuentro con tus turgentes pechos. Unas deliciosas peras con sus delicados pezones. La Ley de la Gravedad no impera en estas majestuosas tetas. Las masajeo, beso y chupeteo.
Elizabeth iba muy sexy. Llevaba unos tenis blancos altos a juego con unos calcetines del mismo color. Un pantaloncito corto ajustado de color azul y una camiseta rosa, que de lo sudada que estaba, dejaba entrever un sujetador muy sensual.
...como le abrí las piernas todo lo que daban de sí, llevando mi mano a un empapado coño, que empecé a masturbar con fuerza… -Puedes correrte cuando quieras PERRA. Así terminó el último capítulo…
Una tarde de verano mi señor y yo estábamos en una playa abarrotada de gente, tenia puesto un bikini que por supuesto, mi señor había elegido con anterioridad
-Elo. -Ahora mismo AMO. Sabiendo que era arriesgado, porque el baño era pequeño, la metí en el servicio de mujeres que no estaba muy limpio…
-Súbete la falda GUARRA y siéntate en la taza… Así terminó el último capítulo…
Alejandro es un vecino muy ruidoso, con un problema de adicción al sexo. Esto trae de cabeza a Jaime, haciendo que su matrimonio sea un martirio. Una llamada a la Policía desencadena múltiples cambios en la vida de todos los personajes de esta historia.
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